Recapitulando en Foxboro

Plantear un partido incómodo a nada menos que Tom Brady y sus Patriots (posteriormente vencedores de la Super Bowl) en New England, hasta el punto de recuperar dos balones en la red zone, contener a su ataque durante buena parte del partido… Y acabar anotando 16 puntos para salir por la puerta de atrás del Gillette Stadium con la sensación de que, con alguna -o una- pieza distinta, podríamos haber competido por el partido. Quizás no ganarlo, porque soy de los que cree que la experiencia juega un papel fundamental y a experiencia no se puede ganar en Massachusetts, pero sí competirlo.

Si el de la Ronda Divisional en New England fue el primer partido de Houston que visteis en la temporada podéis sentiros afortunados, no sólo por el hecho de que aquello no lo volveréis a ver sino también porque los Texans tuvieron a bien resumirnos en tan sólo 48 minutos cómo habían sido los 17 partidos anteriores (16 de temporada regular más la victoria en wild-card contra Oakland):

– Una defensa de élite: un tal JJ Watt, de largo el mejor defensor de la liga a pleno rendimiento, decía adiós a la temporada precisamente en Foxboro (en temporada regular) habiendo jugado tres partidos tras una horrenda gestión de su recuperación de la operación a la que se sometió en la postemporada, acelerando los plazos y poniéndolo a jugar desde la Week 1 sin necesidad alguna. Con esa noticia, muchos daban por perdida la temporada en Houston, y quizás razón no les faltaba: quita al mejor jugador de un equipo y dime en qué casos sus posibilidades de cumplir los objetivos no se reducen, al menos, a la mitad. Y si hablamos del que, para muchos -yo me incluyo-, es el mejor y más determinante jugador de toda la liga, ni hablamos. Aun sin ser plenamente conscientes de la calamidad -de la que hablaré a continuación- que sería el ataque, el hecho de limitar de esa manera nuestra principal unidad parecía aniquilar por completo a esta y, con ella, nuestra temporada. Nada más lejos de la realidad: la de los Texans ha sido una de las mejores defensas de la liga esta temporada y muy probablemente la mejor de entre todos los equipos que jugaron la Ronda Divisional. El talento por metro cuadrado que Houston tiene en esa unidad es brutal: Clowney, demostrando por qué fue elegido donde lo fue, ha formado junto a Mercilus uno de los mejores dúos de la liga en el arte de atravesar OLs (destrozaron a los Patriots por el centro hasta que éstos ajustaron); Wilfork, en el que parece que será su último año, ha vivido una segunda juventud (y viene DJ Reader pisando fuerte desde atrás); y McKinney, a pesar de que sufrió en la Divisional, se ha postulado como un gran jugador como socio de un Brian Cushing al que año tras año la gasolina se le agota con mayor estrépito pero que parece tener las espaldas bien cubiertas con Simon. En la secundaria tanto Joseph como Jackson siguen rindiendo a buen nivel y Johnson tiene un futuro muy prometedor que, esperemos, no se verá afectado por el año en el dique seco que ha pasado. Pero el auténtico descubrimiento no ha sido otro que AJ Bouye, quien se volvió a ganar los millones que se llevará este verano (esperemos que desde Houston) con una buena actuación en el feudo Patriot culminada con una nueva intercepción. A falta de un cuerpo de safeties más fiable (Demps, quien faltó en este último partido, ha hecho una gran segunda parte de la temporada pero no parece la opción del equipo a largo plazo), los Texans tienen defensa para rato. Esperemos que el sorprendente paso de Crennel a entrenador asistente con el consiguiente ascenso de Mike Vrabel a coordinador defensivo no haga sino mejorarla. Y sí, Watt volverá a estar, esta vez al 100%, desde el minuto 1 de la próxima temporada.

Clowney y Bouye, las dos grandes noticias de la temporada / Getty Images

– Un ataque para llorar: en 1950 Vince Lombardi, según mis fuentes de confianza, triunfaba como entrenador de la línea ofensiva en West Point y todavía le faltaba prácticamente una década para llegar a Green Bay. En 1950 un quarterback tuvo la poca consideración de lanzar más de 40 pases y no llegar a 200 yardas en más de un partido en una temporada (dos partidos, concretamente). No volvió a pasar hasta que Brock Osweiler ha tenido a bien hacerlo cuatro veces en su primera temporada en Houston. Y sí, una vez fue en la Divisional. El hasta el año pasado QB suplente de Denver tuvo muy probablemente en su mano el poder eliminar a New England como visitantes en lo que hubiera sido uno de los mayores upsets hasta la fecha en el mundo del football, igual que muy probablemente ha tenido en su mano conseguir un récord -y por ende un destino en Playoffs- mejor que el 9-7, considerando lo antes comentado de la defensa. Y fue precisamente su mano la que en gran parte de las ocasiones originó las 19 intercepciones acumuladas en la temporada, la incapacidad para hacer mover el balón y hacer llegar el mismo a la estrella de esa unidad, la posición tan difícil en la que dejó al cuerpo de running backs, ante los obvios ajustes «pasando» hasta cierto punto de él, limitando así las posibilidades de que esa unidad brillara (aunque, a mi modo de ver, Lamar Miller, el otro gran fichaje, no ha estado nada mal) y la que, por último, originó la intercepción en un pase en dirección a Hopkins en el tercer cuarto y a una anotación de los Patriots que rompió un partido que, sin hacer nada espectacular en ataque (como así ha sido en toda la temporada), todavía parecía estar vivo. Precisamente en torno a la figura de Hopkins podemos explicar los problemas del ataque en general y de Osweiler en particular: se le ha buscado poco (33 recepciones menos que la temporada pasada) y mal (11(!) de las 19 intercepciones iban en su dirección). No ha estado tan inspirado como en 2015, donde a nadie le temblaba el pulso para incluirlo entre los 3-5 mejores WR de la liga, pero el mal uso que se ha hecho de él ha sido flagrante. Y el gran problema surge cuando sus compañeros tampoco acompañan: Fuller empezó como un tiro pero su principal déficit, sus manos «blandas», han hecho acto de presencia con demasiada frecuencia (tiene el peor porcentaje de recepciones en una temporada en toda la historia en cuanto a pases profundos de entre los que recibieron más de 35, con un 25% (10/40), y por supuesto tuvo el drop letal del partido en New England), tanto Strong como Braxton Miller han estado más fuera que dentro y Keith Mumphery ha dejado buenos detalles pero no deja de ser un rookie sin apenas tiempo de juego. La única buena noticia en el juego aéreo ha sido el resurgimiento de la posición de TE, en estado crítico desde la marcha de Owen Daniels, en las figuras de Griffin y, sobre todo, Fiedorowicz, con quien, parece, tenemos cubierta la posición a corto plazo. Como podréis comprobar, -muchas- más sombras que luces en el lado ofensivo del balón que, si no se empiezan a arreglar desde la posición de QB cuanto antes, hipotecarán el potencial de la defensa tan maravillosa con la que contamos. In Bill «brand new offensive coordinator» O´Brien we -have to- trust.

Hopkins – Osweiler, la conexión que nunca se dio/ Getty Images

 

– Unos special teams… Especiales: Tyler Ervin era, con diferencia, la elección que menos me gustó del draft de 2016. Un servidor no sigue la NCAA pero por lo que había leído y porque simple y llanamente no entendía la elección de un RB en tercera ronda, no estaba conforme. Velocidad por velocidad. Me reconforta acertar de vez en cuando. Efectivamente, el corredor californiano (actuando como retornador) ha sido poco menos que un drama. Cero criterio. En New England hizo entre poco y nada pero ni mucho menos fue su peor actuación. Sumemos esto a que, por segundo año consecutivo, el partido de nuestra eliminación incluyó un touchdown de retorno del rival. Este año el afortunado fue Dion Lewis (fue el primer TD de retorno de los Patriots en la temporada; lo mismo ocurrió con el de los Chiefs el pasado año). Mucho que ajustar en esa unidad.

Special teams, eternamente insolventes / Houston Chronicle

Con Clowney, Osweiler y Ervin podríamos resumir la temporada de las tres unidades: dominante por una parte, horrorosa por otra, y nada fiable para acabar. Por muy buena que sea una de tus unidades no puedes esperar ganar a un equipo que explota tanto las debilidades rivales como New England con las otras dos unidades tan pobres. Y a rivales como New England es a los que tienes que vencer si quieres ganar una Super Bowl, que es al final de lo que trata todo esto.

Se ha avanzado una ronda más con respecto al año pasado, pero el récord en temporada regular ha sido el mismo que el del año pasado y, en global, la sensación es que se ha dado un paso atrás. Mucho trabajo por hacer.

 

 

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