Perded toda esperanza

Perded toda esperanza”. Con estas palabras, Dante Alighieri advertía en su Divina Comedia a los pecadores que atravesaban la puerta del infierno que aquel era un viaje sin retorno. De igual forma, los pasos que encaminan a Joe Burrow, la prominente estrella del football colegial, hacia la franquicia de Cincinnati, parecen no tener marcha atrás. No diré que recalar en los Bengals sea como acabar en el infierno, sino que me centraré en el mensaje de aviso del ilustre poeta florentino.

Perded toda esperanza de que Bengals traspase su elección

Durante las últimas semanas, han aparecido rumores de que varios clubes estaban negociando con Cincinnati un traspaso por su elección nº1 del próximo draft. En algunos casos por mareantes, y otros por ridículas, ninguna de las propuestas filtradas tenía visos de realidad. Supongo que la obligación de los managers generales de estas franquicias en necesidad de quarterback es la de intentarlo; así como la de la directiva de Bengals escucharlas. Sin embargo, más allá de la cortesía corporativa entre colegas, no hay esperanza de que estas negociaciones fructifiquen.

Se argumenta, no sin razón, que a Cincinnati, como equipo peor clasificado la campaña anterior, le vendría mejor cambiar su pick#1 por una buena cantidad de elecciones para recomponer su plantilla. Obviamente, a nadie le viene mal reforzar cuantas más posiciones de roster mejor, con jóvenes de optimista proyección en quienes depositar la esperanza de reconstrucción. No obstante, no es la falta de buenos jugadores el principal problema de Bengals.

El cuerpo de receptores es completo (sobre todo si mantienen a Green), Mixon es un excelente runningback, el año pasado invirtieron una elección de primera ronda en un left-tackle (Jonah Williams), y el tight-end Eifert (si renueva) parece haberse olvidado de las lesiones. Quizá sería la defensa la sección más necesitada. Aparte de Dunlap y Atkins, ningún otro nombre emerge en la memoria de los aficionados que no sigan habitualmente al equipo, pese a contar con dos primeras rondas de draft como cornerbacks titulares (Kirkpatrick y Jackson).

Ciertamente, la plantilla atigrada adolece de calidad y profundidad en determinadas posiciones, pero podría solucionar estas carencias por otros medios (agencia libre o traspasos).

 

La afición bengalí, tras años penando en el desierto, tiene la esperanza de que sus sacrificios se vean recompensados convirtiéndose Burrow en su esperado mesías.

 

Un buen quarterback no tiene precio

La finalidad de todas las franquicias es conjuntar un equipo potente en todas sus líneas. Sin embargo, las restricciones salariales convierten este objetivo en imposible. Lo máximo que se puede llegar a conseguir es tener la esperanza de obtener un delgado equilibrio entre todas las unidades. Conscientes de esta limitación, la solución más factible es contar con una figura rutilante cuyo resplandor ilumine las zonas más oscuras del resto de la alineación. Y ninguna estrella brilla más que un quarterback.

Todas las carencias se pueden minimizar con un buen QB. Si el juego de carrera se atasca, empezar a pasar. Cuando la línea ofensiva se caiga, saber ganar terreno con sus piernas. Si la defensa es un coladero, activar la ofensiva para compensarlo. Por descontado, el football es mucho más que un quarterback, pero la presencia de un crack dirigiendo las operaciones es el perfecto trampantojo para compensar las lagunas de otras unidades.

Por esta razón, para Bengals es más importante un quarterback en cuya calidad pueda descansar el peso del equipo (algo que no es Dalton) que el hecho de obtener un left-tackle, un linebacker o un cornerback en su lugar. Esto sin entrar en otras consideraciones, como el hecho de la lotería que supone el draft (con más selecciones se tiene mayor esperanza de acierto, pero también aumenta la probabilidad de fracaso) para pasar de un jugador como Burrow cuya capacidad para trascender en la liga parece prácticamente asegurada. Y ya no hablemos en términos de longevidad en la posición, flexibilidad económica que permite un QB en contrato rookie, etc.

Si Burrow es tan buen jugador como para estar valorado en tantas elecciones de draft, ¿por qué no deberían draftearle los Bengals? (foto KPLC)

 

Perded toda esperanza de que Bengals elija otro jugador

Hasta que el próximo 23 de Abril comience en Las Vegas la ceremonia del draft, todavía pueden voltearse muchas situaciones. Sin embargo, ningún giro de acontecimientos apunta a que los Bengals se dirijan en otra dirección. Y no por falta de alternativas.

Chase Young puede ser el mejor jugador de esta promoción. Nunca sobran pass-rushers en la liga. Cualquier equipo estaría encantado con alguien de su nivel. Pero cuando drafteas un jugador también se debe considerar lo que se deja de adquirir. Los puestos de defensive-end en Bengals están razonablemente cubiertos con Dunlap y Hubbard, con Lawson para situaciones de mayor presión. No es la posición más necesitada de refuerzos. Desde luego, no al precio de dejar pasar un quarterback de élite. Sobre todo, cuando no lo tienes.

Como quarterback también existen las alternativas de Herbert o Tagovailoa. Sin embargo, el primero de ellos ha sufrido un bajón de juego la pasada campaña, mientras que el segundo una lesión tan devastadora que es comprensible que genere dudas para convertirle en el pick#1. Resultaría difícilmente comprensible que Bengals se decidiera por cualquiera de estos dos por delante del mariscal que ha destrozado las marcas universitarias esta temporada.

Ciertamente, Bengals necesita un quarterback, pero más que eso, necesita a Burrow. Ya expuse las razones, no solamente deportivas, por las que Cincinnati no tiene otro remedio que draftear al “chico de Ohio”. Ahora me gustaría dar la vuelta a ese argumento, y explicar las razones por las que Burrow debería vestir de atigrado. Defender lo contrario no tiene más base que las ganas de notoriedad por parte de algunos periodistas o el resentimiento de ex-jugadores.

 

Lo que no consiga el amor…

Pese a haber nacido en Iowa, Burrow creció en Ohio, un estado de enorme tradición “footballísitica”. Mientras su padre era Coordinador Defensivo para la Universidad de Ohio, él llevaba a su instituto de Athens a conseguir las primeras victorias en playoffs de su historia. Posteriormente, pasó sus 3 primeros años universitarios con los Ohio State Buckeyes. De hecho, el propio Burrow ha reconocido que “sería divertido volver a jugar en Ohio”. En cualquier caso, como reconocido seguidor de Saints (como bien corresponde por su implicación con el estado de Louisiana), tampoco le costará mucho pasar del “Who Dat” al “Who Dey”.

Su propio entorno ha negado la veracidad de las informaciones sobre la negativa de Burrow para jugar en Cincinnati. Sus padres afirman que para ellos sería genial ver jugar como local a su hijo apenas a poco más de tres horas de carretera desde su hogar. Por otra parte, está la vinculación con Nebraska. Jamie y Dan, los hermanos mayores de Joe, jugaron en esta universidad, donde también entrenó su padre. Dan incluso llegó a coincidir durante un breve tiempo en los Cornhuskers con Zac Taylor, entonces QB y ahora entrenador de Bengals.

Pero si todo lo anterior no fuese suficiente, queda el argumento definitivo: el amor. Su novia, Olivia Holzmacher, es natural de Cincinnati. Pareja desde sus tiempos juntos en Ohio State, Olivia, gran aficionada a los Cincinnati Reds de béisbol, siempre le ha acompañado en sus momentos estelares. Sin querer tirar de tópicos, le resultaría complicado convencerla de su oposición a jugar para el equipo de su ciudad.

 

Joe y Olivia, pareja desde 2017, posan en el Ohio Stadium (Foto: twitter Olivia Holzmacher)

 

Desmontando la falsa narrativa de equipo perdedor

Uno de los principales motivos que argumentan los partidarios del veto de Burrow a Bengals es la pésima temporada que realizaron. Como el propio Jim Burrow, padre de la criatura, reconoció en una entrevista, cualquier equipo que elija el primero en el draft no viene de hacer una buena marca. Por tanto, este razonamiento se cae por sí solo.

Tal como está establecido el draft, no puedes pretender salir elegido muy alto e ir a parar a un gran equipo. La última vez que ocurrió algo así fue nada menos que en 2004, con Eli Manning negándose a ir a San Diego. Desde entonces, la NFL ha cambiado mucho, y hoy en día sería prácticamente impensable que la organización permita repetir un caso que pervirtiese su objetivo de igualar competitivamente a todas las franquicias.

Por otro lado, nadie tiene una bola de cristal para adivinar qué equipos dominarán o serán sometidos durante la próxima década. En el apartado deportivo, Bengals tiene sobrados elementos atractivos para Burrow. Un wide-receiver de élite (Green, si renueva), un runningback con futuro como Mixon, una interesante colección de receptores (Boyd, Ross, Tate, quizá Eifert)… Pero sobre todo, un entrenador joven como Taylor, con clara vocación ofensiva, especializado en quarterbacks, quien sin duda le convertiría en el eje del ataque. Pocos novatos podrían aspirar a caer en un equipo con mejores perspectivas.

Otro concepto que airean los detractores de la presencia de Burrow en la “Queen City” es considerar a Bengals un equipo perdedor. Yo les pediría que abandonen la década de los 90, cuando se nos denominaba “bungles”. En los últimos 10 años, los atigrados han cosechado una cantidad de victorias que les sitúan en la zona media de la NFL. Cincinnati ha estado dos veces en la SuperBowl, algo que hay 10 equipos que no pueden decir.

 

 

 

Los Bengals no van a arruinar a nadie

Otro mantra repetido en los medios es la incapacidad de Bengals para extraer el máximo partido a Burrow. Realmente, no entiendo de dónde sale tal afirmación. En los últimos tiempos, Dalton, un quarterback de segunda ronda, fue capaz de llevar a los bengalíes a playoffs durante 5 campañas consecutivas, record en su historia. Anterior a él, Palmer estuvo considerado como uno de los mejores mariscales de la liga. Si nos vamos más hacia atrás en el tiempo, tenemos a Boomer Esiason, o Ken Anderson, injustamente excluido del Hall of Fame, ambos nombrados en su momento MVP de la competición. Obviamente, también tenemos nuestros esqueletos en el armario (Klingler, Akili Smith) pero, ¡qué equipo no los tiene!

 

Boomer Esiason saludó al reciente ganador del Heisman Trophy, Joe Burrow, «de bengal a bengal» (foto: CBSsports)

 

Por tanto, que la legión de seguidores de Burrow no pierda la esperanza de que su ídolo siga progresando. En la parte técnica, tanto head-coach como coordinador ofensivo vienen de ser entrenadores de quarterbacks. En la directiva, la protección hacia el quarterback por parte del propietario siempre ha sido exquisita.

Cincinnati sólo ha acabado dos veces en su historia con un balance de 2-14 (su peor registro). La anterior vez que ocurrió, drafteó al ganador del trofeo Heisman, Carson Palmer, con su pick#1 (las comparaciones son reincidentes). Sin embargo, durante su temporada rookie, Palmer quedó como suplente mientras se adaptaba a la liga y se reforzaba el equipo, quedando la responsabilidad de tutelaje y titularidad para Jon Kitna.

Aunque personalmente no le doy mucha credibilidad, tampoco sería tan descartable que Bengals repitiese la maniobra, conservando a Dalton en la alineación mientras se forma Burrow. Recordemos que en la temporada 2019, hasta 57 quarterbacks iniciaron algún partido como titular. Por tanto, también pensar en la profundidad de la posición es importante.

 

Esperanza en que Burrow suponga un punto de inflexión

Cualquier franquicia con dinámica perdedora lo es… hasta que deja de serlo. Un cambio de ubicación, la llegada de un nuevo entrenador o manager general, algo tan peregrino como un cambio de imagen… Pero sobre todo, el gran catalizador es un quarterback de élite. Que Cincinnati esté en horas bajas no debería verlo Burrow como un impedimento, sino como una motivación. Ser el jugador que cambió el rumbo de la franquicia. Quien consiga su primera victoria en playoffs tras 29 años. Tal vez quien traiga el ansiado anillo de campeón a la ciudad.

Bajo este prisma habría que interpretar sus declaraciones de querer ir a una organización comprometida con ganar. No negándose a recalar en Cincinnati, sino azuzando al propietario a formar un equipo competitivo. Mike Brown hizo a Palmer el QB mejor pagado de la competición. Le fichó jugadores como Antonio Bryant o Terrell Owens. Quizá su escasa ambición desde entonces en la confección de la plantilla se deba a falta de fe en el proyecto. Con una estrella como Burrow a los mandos, esta dinámica podría cambiar.

Igualmente, proclamar abiertamente su deseo de ir a Bengals podría catalogarse incluso como pretencioso. En el fondo, estamos aún en fase pre-draft, y nadie debe dar por sentado su condición de número 1. En este sentido, me parece inteligente que Burrow se centre en su preparación y aparque otras cuestiones que escapan a su control. Por otro lado, tampoco sería buena táctica negociadora para su próximo contrato revelar excesiva afinidad.

Perded toda esperanza de contar con Burrow es lo que la afición bengalí grita a sus rivales. La advertencia a sus adversarios de que se internan en el infierno. No se puede dar la espalda al destino, y el de Burrow y Bengals van de la mano.

 

La “B” de Bengals pronto será la “B” de Burrow (foto de Shaw Sports Turf)

 

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