El caso Burrow

  • ¡Vamos, espabila de una vez! –ordenó el inspector Williams zarandeando el cuerpo inmóvil que yacía semidesnudo y apestando a alcohol en el revuelto camastro-.

Highfield abrió lentamente los ojos. Los rayos del sol que costosamente atravesaban los sucios cristales del cuartucho indicaban que la mañana se encontraba ya bien avanzada. Como puñales, las luces del día se clavaron en su resacoso cerebro. No era una pesadilla. El inspector en persona estaba frente a él.

  • ¿Cómo ha entrado aquí?
  • Es lo bueno de ser policía. Sólo tuve que mostrarle la placa a la administradora del edificio, y encantada me proporcionó la llave. Deseosa, imagino, de que le quite de encima a un inquilino como tú.
  • Lo de los derechos civiles, y las órdenes judiciales, ya si acaso los dejamos para otro día, ¿no? –comentó Highfield poniéndose pesadamente en pie, a punto de resbalar tras pisar una botella vacía de bourbon-.
  • ¡Anda, date una ducha, que apestas! –ordenó el inspector haciendo caso omiso al comentario-. Tienes que venir conmigo.

Highfield apenas farfulló un gruñido mientras se dirigía a la ducha. El agua fría cayendo sobre su cabeza empezó a despertarle. Tenía la boca pastosa. Necesitaba un café. Y varias aspirinas. La presencia de Williams en su apartamento no presagiaba nada bueno. A medio secar, y con una toalla alrededor de su cintura, se dirigió a la cocina a prepararse un café. El inspector se interpuso en la puerta.

  • No hay tiempo para delicatessen –ironizó el inspector viendo la mugrosa cafetera-. Ya desayunarás cuando lleguemos. No tenemos todo el día, y no me apetece permanecer en este cuchitril más tiempo del necesario.
  • Es lo único que puedo permitirme ahora. Gracias a usted, inspector. ¿No piensa decirme de que se trata?

 

 

Un caso complicado

  • Ha habido un nuevo crimen. En tu zona, en el FedExField. Me están presionando de arriba para obtener resultados. Si por mi fuera, seguirías suspendido –confesó el inspector entregando de mala gana al detective Highfield su placa y su arma-.
  • ¿Otra vez ahí? –oscuros recuerdos venían a la mente del detective-. Robert Griffin, Alex Smith,… ¿quién ha sido la víctima ahora?
  • Joe Burrow, el quarterback de los Bengals.

 

Ya en la morgue, Highfield se alegró de no llevar nada en el estómago. Lo hubiera vomitado. Nunca llegó a acostumbrarse a la contemplación de un cadáver yacente sobre la fría losa de mármol del depósito municipal. Y menos, en el caso de alguien tan joven como Burrow. En cambio, al doctor Chung, un avispado forense de ojillos inteligentes tras los gruesos cristales de sus gafas, la situación parecía encantarle.

  • La causa de la muerte está clara –sentenció con su curioso acento oriental-. Rotura del ligamento cruzado anterior, del ligamento lateral interno, posibles complicaciones en el menisco…. Unos daños incompatibles con su continuidad esta temporada. El pobre no tuvo ninguna oportunidad. Lo peor es que falleció entre terribles sufrimientos.
  • Otra vez la rodilla. Como los casos Griffin y Smith. Es lo que tiene gastar en runningbacks en vez de en línea ofensiva. Mismo escenario, mismo “modus operandi” … ¿podríamos estar ante un asesino en serie? –preguntó Williams-.
  • Lo único que estamos es ante un idiota en serie –contestó Highfield en un tono tan bajo que sólo Chung pudo escucharle, escapándosele una risilla al forense-.
  • ¿Decías algo, Highfield?
  • No es posible establecer un patrón en este tipo de casos, inspector. Obviamente, cuanto peor es una línea ofensiva, y más sacks concede, más probabilidades existen de que ocurra una tragedia así. Pero para ocasionar un daño semejante no hace falta más que una oportunidad. Hasta la mejor unidad puede cometer un desliz, y no conozco a ningún quarterback que no haya sufrido alguno. Prescott, Garoppolo, Brees… ninguno tenía una mala unidad y recuerde cómo están ahora. Y en cuanto a la relación con invertir mucho capital en un runningback, es totalmente ridícula. A los buenos jugadores hay que pagarlos, independientemente de dónde jueguen. Y si una OL no es mejor, casi nunca tiene nada que ver con el capital empleado en ella, sino con los aciertos o errores en el draft.
  • ¿Tan pronto descartas a la línea ofensiva como sospechosa?
  • Por supuesto que no, hay que seguir todas las líneas de investigación. Iré a ver al entrenador de la unidad.

 

Foto Getty Images

 

Sospechoso 1: Jim Turner, entrenador de línea ofensiva

Jim Turner residía en una lujosa mansión de diseño francés en el lujoso barrio de Georgetown. Su turbia reputación era bien conocida en toda la ciudad. Durante el camino de la verja de entrada a la residencia, flanqueado por vehículos de alta gama a ambos lados del sendero, estuvo en todo momento controlado por vigilantes hispanos, seguramente sin regularizar. El despacho de Turner estaba decorado con maderas nobles. Sus paredes, colmadas de trofeos de caza. Recostado sobre un sillón de cuero rojo, Turner le esperaba vistiendo un chándal blanco de una prestigiosa firma parisina, fumando un habano. A Highfield no le podía causar más asco el personaje.

  • ¿Qué tuvo usted que ver en el crimen de Burrow? –le soltó a bocajarro-.
  • ¡Oh, vaya! No se anda con rodeos, ¿eh, detective? Claro, soy el malvado Jim Turner, por lo tanto, debo ser culpable de todo lo que se me acuse.
  • No le veo muy afectado por la pérdida de su quarterback.
  • Escúcheme polizonte, yo apreciaba al chico, ¿sabe? –el rostro de Turner se enrojecía mientras se levantaba del sillón apuntando a Highfield con su habano-. Mi misión era protegerlo, y he fracasado. ¿Acaso sabe cómo me siento?
  • Si tanto interés tenía en que no sufriera daño, bien podría haber mejorado la línea ofensiva en vez de tratar de convencer a todo el mundo que tenia una unidad estupenda. En 2019 fue la 24ª de la liga en concesión de sacks, con una media de 3 por encuentro. Y para 2020, no sólo perdió a su LT y RG titulares, Glenn y Miller, sino que los sustituyó con el LT Williams, primera ronda de 2019 pero que se había perdido el año por lesión, es decir, prácticamente un rookie; y con el LG Su’a-Filo, un suplente en esta fase de su carrera. ¡Ah, y un OG, Adeniji, nada menos que en 6ª ronda del draft! –ironizó-. No se puede decir que el esfuerzo por mejorarla fuese descomunal.
  • ¡Usted lo ha dicho! Pero yo no hago los fichajes. Si no han reforzado la línea no es culpa mía. Bastante tengo con procurar que mis chicos no hagan demasiado el ridículo.
  • No, por supuesto, que las contrataciones no son cosa suya. Pero ¿realmente cree que está haciendo un buen trabajo? Este año, los Bengals son el 2º equipo de la NFL que ha encajado más sacks. Burrow tenía el récord de golpes recibidos por un rookie, empatado con Daniel Jones, con 72. La protección de pase la sitúan entre la 26 y la 28 de la liga según las webs más prestigiosas. ¡El pobre Burrow sólo tuvo más de 2,5 segundos para lanzar en apenas la mitad de sus pases! ¿En serio quiere hacerme creer que no ha tenido nada que ver en esta muerte?
  • ¡Ah, ya veo! Es usted uno de esos fanáticos que sólo miran los números y jamás han visto ninguno de nuestros partidos. Si lo hubiera hecho, sabría lo mucho que hemos mejorado. En los últimos encuentros, la cantidad de sacks y presiones había descendido considerablemente. De hecho, hasta el instante de la lesión de Burrow, no habíamos concedido ningún sack en el partido. ¡Pero si ni siquiera fue sack la jugada donde cayó!
  • Se equivoca, me he documentado y, efectivamente, la mejoría de la línea ofensiva en los últimos partidos ha sido evidente. Sin embargo, ¿no es cierto que, como consecuencia de las lesiones, se ha visto obligado a poner a suplentes, o contratados de última hora, como Spain? ¿acaso me negará que, desde que no juegan “sus chicos”, la unidad rinde más?
  • ¡Cómo se atreve, miserable! ¿Qué sabrá usted lo que significa pelear en las trincheras? Ahí no vale la técnica, ni los bailecitos de manos y pies. Sólo la testiculina, ¿me entiende? –escupió echándose las manos a los genitales-. Llevo muchos años en la liga para saber a quién debo alinear y a quién no. Si quiere buscar un culpable, hable con los responsables de ordenar las jugadas. No es culpa mía que le hiciesen pasar más que a ningún otro quarterback en la liga, con un absurdo porcentaje de más de 40 pases por partido. ¡A un rookie! Ellos deberían responder a su interrogatorio.
  • Lo harán, no se preocupe. Pero le recomiendo que vaya buscando un buen abogado. Su argumento no se sostiene.

 

La línea ofensiva bengalí no fue capaz de proteger adecuadamente a su quarterback (foto gamepass)

 

 

Sospechoso 2: Zac Taylor, entrenador principal

En la sala de interrogatorios de la comisaria, el entrenador Taylor sudaba copiosamente bajo la potente luz de la única lámpara que colgaba del techo. Claramente nervioso, se movía inquieto en la incómoda silla, y tamborileaba con sus dedos sobre la mesa de metal.

  • Esto… debe ser un malentendido, detective –tartamudeaba el head-coach-. Yo soy precisamente el principal afectado por la baja de Burrow. Era el estandarte de mi proyecto. Sin él, estoy en serio peligro de perder mi puesto de trabajo.
  • No se preocupe por eso –le tranquilizó Highfield, echándole a la cara el humo de su cigarrillo-. Mike Brown no es de los que despiden a los entrenadores con facilidad. Recuerde a su predecesor, Marvin Lewis. Está claro que su muerte no le beneficia, pero ¿hasta qué punto su negligencia es la auténtica responsable del crimen?
  • Debe creerme, yo sólo quería lo mejor para él, convertirle en una estrella de la NFL, como así estaba sucediendo. Estaba en lo más alto de las estadísticas en yardas y porcentaje de pases completos –finas lágrimas empezaron a resbalar de sus ojos llorosos-. No nos importó quedar últimos el año pasado. No dudamos en draftearle en lo más alto del draft, pese a las suculentas ofertas que recibimos por el pick. Era el QB que queríamos, y simplemente diseñamos el plan de juego que mejor se adaptaba a sus características: múltiples receptores, abiertos por todo el campo, con libertad para correr él mismo o pasar en movimiento. Tuvimos que elegir entre darle armas para atacar o escudos para defenderse. Hicimos lo primero. No sabe cómo me arrepiento ahora –Taylor se derrumbó entre sollozos sobre la mesa, cubriéndose la cabeza con sus brazos-.
  • Ha dicho “diseñamos”. ¿Con el Coordinador Ofensivo? ¿Es Callahan su cómplice?
  • Sí. ¡Nooo! No es mi cómplice, es mi ayudante. Nosotros le dimos una serie de jugadas, con varias alternativas. Incluso alguna de ellas incorporada del gameplan de LSU, su equipo universitario. Pero eran tantas sus ganas de agradar, que muchas ocasiones prolongaba en exceso las acciones, provocando que le llegase la presión.
  • ¿Me está queriendo decir que estamos delante de un caso de suicidio? ¿Esa será su defensa ante el tribunal?
  • No, no. Sólo digo que la autoprotección también forma parte del proceso de aprendizaje de un quarterback. Debe entender que, en ocasiones, es mejor tirar el balón fuera, o aceptar un sack, que sufrir un duro golpe en la búsqueda del pase imposible. Era tan valiente…
  • Pero eso ya lo sabían cuando le draftearon. Y sin embargo, en ningún momento intentaron balancear la ofensiva con la carrera, a pesar de su inexperiencia. Se desentendieron de sus obligaciones para traspasar toda la responsabilidad al muchacho. ¿No le sirvió de escarmiento que casi se lesionara de gravedad contra Steelers? ¿Acaso su máxima prioridad no era proteger la joya más valiosa de la franquicia bengalí? Acláreme una duda que no deja de darme vueltas. En la jugada de la lesión, tercera y 2 desde la propia yarda 10, ¿no hubiese sido más inteligente buscar el primer down corriendo, en vez de arriesgarse a pasar en una situación tan comprometida?
  • Creo… creo que no contestaré mas preguntas sin la presencia de un abogado.

 

El que le provocó la lesión no fue el único golpe recibido por Burrow en Washington (Foto: Fox News)

 

 

Sospechoso 3: Mike Brown, propietario de los Cincinnati Bengals

La doliente afición atigrada abarrotaba el cementerio. Los abatidos seguidores bengalíes, entre llantos desconsolados, despedían a quien, en tan poco tiempo, tanto se había ganado sus corazones. Jim Foster, bajo un ciprés, ahogaba sus penas en cerveza. Captain Obvious abrazaba a su afligida esposa Jess. El féretro estaba cubierto por una enorme corona de flores naranjas y negras enviada por “La Jungla Hispana”.

Presidiendo la fúnebre ceremonia, la familia Brown al completo. El octogenario patriarca, ataviado con un traje negro, y protegido del sol tras unas gafas oscuras, parecía haber envejecido 10 años más. Highfield se dirigió hacia él, pero en su camino se interpuso Troy Blackburn, vicepresidente y yerno del propietario.

  • ¿Tiene que interrogarle ahora? ¿No le parece que ya ha sufrido suficiente, agente?
  • Detective. Y sólo cumplo con mi obligación.
  • Déjale, Troy –le indicó su esposa Katie, vicepresidenta ejecutiva e hija de Mike Brown-. Cuanto antes acabemos con esto, mejor.
  • Gracias, señora, yo también tengo prisa, así que iré directo al grano. ¿Por qué no invirtió más dinero en reforzar la línea ofensiva? –preguntó directamente al propietario-.
  • ¿Otra vez con esto? –respondió en cambio Paul Brown, el hijo de Mike, vicepresidente de personal deportivo-. ¡Cómo se nota que no es su dinero el que está en juego! Los Bengals es el único negocio de la familia, y como comprenderá, nuestro principal objetivo es obtener el máximo rendimiento. Trabajamos para hacer la franquicia más competitiva posible, pero sin despilfarrar ni un centavo. Si mira las tablas, comprobará que nuestro nivel de gasto, y la cuantía de los fichajes que hacemos, están al nivel del resto de franquicias. ¡Basta ya de esa eterna murga de que somos unos rácanos, agente!
  • Detective. Y no le preguntaba a usted, sino a su padre –apuntó Highfield sin inmutarse-.
  • Está bien, Paul, ya le contesto yo –aplacó Mike los ánimos de su hijo con un ligero gesto de la mano sin levantarse de la silla-. Dígame de-tec-ti-ve, ¿acaso usted lo hubiera hecho mejor? Hay 32 franquicias en la NFL, ¿sabe cuántas desearían tener una mejor línea ofensiva? Las 32. ¿Sabe cuántos agentes libres realmente interesantes salen al mercado cada año, es decir, no renuevan por sus equipos? Apenas un puñado. Y sus pretensiones económicas son tan desproporcionadas que resulta imposible adquirirlos sin condicionar la confección del resto de la plantilla. Hay tal competencia que la única solución posible es recurrir al draft.
  • Pero tampoco lo hicieron. Una sexta ronda no me parece…
  • ¿Lo bastante alto? –interrumpió Brown-. En 2015 invertimos la primera y segunda ronda en sendos offensive-tackles. Ambos resultaron un fiasco. El draft es una lotería. Es más importante tener buen ojo que escoger muy arriba. Y si duda de nuestro compromiso con la línea ofensiva, le recuerdo que aparte de fichajes y draft, hicimos un traspaso para conseguir a Finney, un versátil guard-center. ¿Acaso cree que me hace feliz esta situación, perder nuestro más preciado tesoro por ahorrarme unos dólares? Míreme, tengo 85 años. Mi corazón ya me ha dado un par de sustos. Burrow era mi última oportunidad de ver a mi equipo ganar un campeonato.

Impávido ante los sollozos de Brown, Highfield prosiguió su interrogatorio.

  • Este asunto me recuerda a un antiguo caso. En 1969 draftearon al QB Greg Cook. Esa temporada se convirtió en rookie del año, pero una lesión en el hombro, agravada después por forzarle a jugar sin estar totalmente recuperado, provocó que nunca volviese a ser el mismo, obligándole a retirarse pocos años después. Estaba llamado a ser un QB de leyenda. ¿No le parece sospechoso el paralelismo?
  • ¿Qué insinúa, detective? Por entonces yo sólo tenía 34 años. Mi padre dirigía la franquicia. Ni se le ocurra manchar su nombre. Si Greg Cook no le lesiona, el equipo de los años 70 hubiésemos sido nosotros y no los Pittsburgh Steelers.
  • Sin embargo, sí era usted el presidente de los Bengals el 8 de Enero de 2006, cuando el QB Carson Palmer cayó víctima de una rotura de ligamentos cruzado anterior e interior lateral, cartílagos, menisco… ¿le suena de algo este diagnóstico?
  • ¡Basta, ya es suficiente! Si quiere acusarme de algo, hágalo abiertamente. Pero le recuerdo una cosa: aquel año, nuestra línea ofensiva era de las mejores de la competición, lo que echa por tierra sus pesquisas.
  • Tal vez. En todo caso, le recomiendo que no abandone la ciudad mientras no demos por terminada la investigación.
  • Ahora estamos hundidos, detective –gritó el octogenario propietario con sus escasas fuerzas mientras Highfield se alejaba-. Pero nos levantaremos. Los Bengals siempre se levantan.

 

La baja de Burrow deja huérfana de ilusiones, y prácticamente de objetivos para esta temporada, a toda la familia bengalí (foto de Patrick McDermott para Getty Images)

 

 

Resolución del caso

Highfield arrojó el dossier del caso sobre la mesa del inspector. Williams lo abrió y hojeó rápidamente, recostado sobre la silla de su despacho.

  • Hazme un resumen –ordenó sin levantar la vista de los documentos-.
  • El pobre infeliz sufrió las consecuencias de una tormenta perfecta. Un propietario obsoleto, alejado de la realidad y poco ambicioso. Un entrenador principal bisoño y falto de carácter, a quien le vino grande tamaña responsabilidad. Un entrenador de línea vanidoso, cuyo único mérito para el puesto es la amistad con el head-coach. Todo esto aderezado con una gran dosis de mala suerte, al quedársele la pierna trabada entre dos jugadores.
  • ¿Me estas pidiendo que impute del asesinato al infortunio? Mis superiores, la prensa, e incluso las redes sociales exigen que se les entregue la cabeza de alguien.
  • A quién llevar a juicio no es cosa mía, sino del fiscal. Mi trabajo ya está hecho.
  • Precisamente por eso, te pido que me devuelvas tu arma y la placa. Estás suspendido, ¿recuerdas?

Preso de una ira irrefrenable, Highfield arrojó con fuerza arma y placa sobre el pecho de su superior.

  • Métetelos por donde más gusto te dé, Williams, no pienso volver a trabajar para tu departamento. Ahora ya puedes salir a los medios, a colgarte la medalla por haber resuelto el caso, sin haber movido un dedo en la investigación. Eres patético.

Dando un portazo, Highfield salió del despacho, dispuesto a no volver a pisar jamás aquella comisaría y a comenzar una nueva vida. Si algo había aprendido de este caso, es que no se consigue nada lamentándose de las desgracias, y que siempre hay que mirar hacia adelante.

 

Antonio Magón

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