¿Quién mató a los Cleveland Browns?

El detective-jefe Highfield contemplaba la escena con ojos profesionales, cansados. La llamada del comisario en plena madrugada no le había despertado. No recordaba la última vez que había podido dormir con tranquilidad. De hecho, agradeció tener algo que hacer, en vez de dar inútiles vueltas en la cama o apurar hasta la última gota de alcohol del mini-bar de la pensión barata. Llevaba alojado ya demasiados meses, desde que su casa se consumiese en llamas víctima de la venganza de un jefe mafioso a quien había mandado a prisión.

A sus pies, sobre un extenso charco de sangre parduzca, yacía inerte el cadáver de la temporada 2017 de los Cleveland Browns. Pese a los muchos años en el oficio, al detective Highfield le seguía estremeciendo contemplar una muerte joven, con la vida apenas iniciada, conservada aún en el rostro esa ingenua sonrisa de ilusión. Aplastó su cigarrillo contra la acera, todavía húmeda por la lluvia caída unas horas antes. Con aire profesional sacó del bolsillo interior de su raída gabardina un pequeño bloc y un bolígrafo. Empezó a anotar sus primeras impresiones sobre el crimen. Escribir le permitía alejarse del drama, no por repetido menos doloroso. Evadirse de una situación que cada año que pasaba le producía mayor hastío y desesperación.

No tan elemental, Cleveland… (Imagen de Dynamosquito)

Sospechoso #1: Hue Jackson

El 13 de enero de 2016 Hue Jackson se convertía, para sorpresa de muchos, en el entrenador en jefe de los Cleveland Browns. Era el técnico más cotizado en aquella offseason y la noticia de su aterrizaje en la derrotista franquicia del norte de Ohio causó estupor en la NFL. ¿Qué razones le convencieron para recalar aquí, con ofertas a priori más interesantes como Giants o 49ers?

Obviamente el dinero era un factor, pero el detective sospechaba que el principal fue el poder. Y es que Haslam le otorgó una libertad ilimitada en la faceta deportiva del equipo. Un caramelo muy difícil de rechazar y que ansiaba desde su salida de Oakland. No sólo reorganizó el staff técnico a su voluntad, sino que se reservó para sí mismo la función ofensiva más apetecible. Él ordenaría las jugadas de ataque; sería “de facto” el coordinador ofensivo.

Cuando un head coach no hace de head coach:

Dice el refrán que quien mucho abarca, poco aprieta. Las misiones del HC son muy diversas y absorbentes. Tratar con la prensa, los servicios médicos, el seguimiento de jugadores que incorporar a la plantilla… Delegar toda la parte defensiva en Williams no es suficiente. Jackson debería haberse situado en un plano superior, como estratega general del equipo. Sin embargo, la impresión es que no sólo no ha cumplido esta misión, sino que tampoco se ha erigido en coordinador ofensivo. Más bien en entrenador de quarterbacks. El excesivo celo empleado en esta función hace que falle en todo lo demás. Cuando el ataque sale del campo en un habitual «3 y fuera», no le vemos discutir con el grupo qué ha podido salir mal. O dónde hacer hincapié en el siguiente drive. Se dedica a conversar con el QB, ignorando al resto de la ofensiva.

Y para colmo ni siquiera eso lo está haciendo bien. Apoyo su decisión de convertir a Kizer, sin duda el QB más talentoso de la plantilla, en titular desde el primer día. Mas su gestión deja mucho que desear. Tratando de explotar cuanto antes las evidentes virtudes de su joven signal-caller, Jackson le ha expuesto a un gameplan que era imposible de llevar a buen puerto por su bisoñez. Proliferación de pases largos en coberturas complicadas. Rutas necesitadas de tiempo suficiente para su desarrollo que ninguna OL, ni la mejor (y la nuestra lo es), puede proporcionar.

Total, un máster en NFL aplicado a un novicio. Jackson se saltó las reglas establecidas de ir formando lentamente a los quarterbacks rookies. En su vanidad llegó nuestro fracaso.

Sospechoso #2: Deshone Kizer

Al principio fueron las migrañas. Después, la necesidad de “salvaguardar su crecimiento” (¡a buenas horas!). Por último, la peregrina idea de que viendo desde la banda cómo otro cometía sus mismos errores podría aprender de ellos. El caso es que Jackson ha ido sentando a Kizer hasta que por fin dio la titularidad a Hogan en Houston. Probablemente, intentando invertir la tendencia negativa (Kizer completaba apenas el 51% de pases), Jackson pensase que el de Stanford le daba más opciones de ganar.

La «alternativa Hogan»:

Sin embargo, Hogan sólo había aparecido en escena en partidos decididos. Contra defensas suplentes rivales, por lo que hubiera sido sensato poner sus estadísticas en cuarentena. Contra Jets, el mérito se debe atribuir a las increíbles atrapadas de Njoku, Louis y al talento de Johnson. ¡Qué bien le hubiese venido a Kizer esta ayuda y no las manos de mantequilla de Crowell! Y también que González hubiese hecho su trabajo para irse con ventaja al descanso.

Lo lógico contra Texans, si el objetivo era tratar de conseguir una victoria que devolviese la confianza a la plantilla, hubiera sido adaptar el plan de juego a las características de Hogan, un QB claramente menos dotado que Kizer. Jugadas menos complejas. Pases más sencillos, cortos, rápidos y seguros. Mayor apoyo en los corredores. Reducción del riesgo. Ya vimos que no fue así, y el funesto resultado. Cuando un planteamiento fracasa con dos quarterbacks diferentes habría que plantearse que el problema no sean los jugadores, sino el propio sistema.

Cuando ocurre una muerte violenta con esta clase de ensañamiento las miradas suelen recaer sobre el sospechoso habitual, el QB. Eso lo sabe bien el detective. Pero no creo que Kizer sea esta vez el problema. Es más, creo que es la solución, pero trabajando con sentido común y paciencia. A veces, menos es más. Querer adelantar plazos artificialmente sólo ha conducido a estar todavía más atrás.

Sospechoso #3: La defensa

Cada vez que el detective Highfield se enfrentaba a un caso tan complicado como éste, solía retroceder hasta el inicio de los hechos. Cuando se comenzó la temporada 2017, nadie confiaba en el ataque. El plan era aguantar en los partidos gracias a la defensa, y esperar que un ramalazo de genialidad final decantase el encuentro a nuestro favor. Sin embargo, los hechos no se han desarrollado como esperábamos. La defensa, pese a una evidente mejoría contra la carrera, no ha supuesto el factor diferencial que tire del carro. Desde muy pronto nos hemos encontrado por debajo en el marcador, y esto ha marcado el devenir de los partidos. Personalmente, esperaba mucho más de este grupo de jugadores.

Quizá fuese demasiado ingenuo pensar que un cambio drástico del esquema frontal defensivo se iba a resolver de forma inmediata. O que la presencia de un rookie estrella sería el pilar definitivo (¿es que no hemos aprendido nada en todos estos años?). Por supuesto las lesiones han influido, pero si había un grupo con fondo de banquillo suficiente como para sobrellevar este contratiempo, sin duda era el front-seven.

Por sus años de experiencia asistiendo a juicios, el detective Highfield podía imaginar la argumentación del abogado. “En defensa de la defensa, valga la redundancia, debo proclamar, señoría, que mi defendido ha permanecido en el campo más tiempo del habitual dada la ineficacia del ataque. Miembros del jurado, ¿qué culpabilidad van a hacer recaer sobre unos hombres exhaustos y abatidos?” La típica retórica de los picapleitos que tanto odiaba. Al football se viene llorado de casa. Cada uno debe hacer su trabajo, y la estrategia de Williams, en exceso agresiva por la profusión de blitzes, no hace sino facilitar a los ataques contrarios encontrar abiertos a sus receptores. No es suficiente mejorar las prestaciones de 2016 (el listón no estaba nada alto, la verdad). Hay que componer una unidad rocosa, infranqueable. Y hasta el momento no se ha conseguido.

Sospechoso #4: Los “Harvard Boys”

El detective Highfield siempre había sido receloso con los señoritingos de clase alta. De los acaudalados estudiantes en lujosos colegios privados. Educado en la depauperada escuela pública, acostumbrado a tener que sobrevivir por sí mismo en el peligroso mundo real, desconfiaba de quienes llegaban con aires de superioridad. Como quienes conocen un misterioso secreto que el resto, pobres mortales, nunca alcanzarían a comprender. Pero el SPARQ no funciona en el football. Ni tampoco las estadísticas avanzadas ni la madre que las parió.

Su ascenso a la cúpula directiva llegó envuelto en promesas de renovación, de nuevas ideas. Se desprendieron de todo lo viejo e inútil (que era bastante) y empezaron a aplicar novedosas técnicas de contratación. Nada que objetar a la parte monetaria y estratégica. El equipo goza de una saneada economía y buenas selecciones de draft. Sin embargo, en el área deportiva, los éxitos no terminan de llegar.

Que 2016 era un año perdido lo asumimos todos. Pero con la condición de que sirviese como base para el futuro. De aquel draft sólo tenemos como titulares en ataque a los Coleman, aprovechable el RT, y sin explotar por las lesiones el WR. En defensa, Ogbah y Nassib están rindiendo por debajo de lo esperado. Mientras, Schobert y Kindred son buenos jugadores de complemento, pero el peso lo llevan lo fichajes (Collins, McCourty). Pobre bagaje.

Receptores nulos:

Aun compartiendo la decisión de no claudicar ante las desorbitadas pretensiones de Pryor, el cuerpo de receptores no se reforzó lo suficiente. Britt es un WR mediocre que realmente sólo ha tenido un buen año en toda su carrera. Coates ni siquiera eso. Se prescindió de los veteranos Hawkins y Barnidge, quienes aún en la recta final de su vida deportiva hubieran podido aportar algo de experiencia al grupo. ¿Y qué ha sido de los Higgins, Louis, DeValve, Payton…? Entrando y saliendo del equipo, y de la alineación, al igual que los undrafted que empezaban a destacar (Leslie, Williams). Jackson ha descuidado aquí, como en otros apartados, sus deberes de Coordinador Ofensivo. Recordemos: fue entrenador de WRs de Ochocinco, Houshmandzadeh y Henry en Cincinnati. Se esperaba más por su parte en esta área, aunque es cierto que tampoco ha tenido un buen material sobre el que trabajar.

Corredores decepcionantes:

De la misma manera, al haber sido entrenador de RBs en Redskins, también esperaba por parte de Jackson una mayor aportación del juego terrestre. Pero sistemáticamente se ha ido relegando esta faceta, dejándola en manos de un Crowell que piensa más en sí mismo que en el juego, y un Johnson cuyo techo es ser corredor de 3er down (muy bueno, pero secundario). Carecemos de un RB cuyo físico sea capaz de aguantar el castigo de ser el corredor principal (Dayes tampoco lo es). Ocupamos el tercio bajo de la liga en las principales categorías terrestres, y si hay algo que un QB rookie necesita tanto como la protección de su OL es poder delegar responsabilidad en el juego de carrera. Desde las oficinas, apuntaba también el detective, no se han aportado soluciones.

DBs insuficientes:

Por otra parte, no se me ocurren adjetivos para calificar la gestión de la secundaria. Aun estando de acuerdo en que Haden era un lastre, dejarla carente de efectivos es una locura. Ya no es falta de calidad, sino también de cantidad. No quiero pensar qué pasará cuando lleguen las lesiones (que llegarán, esto es la NFL). Para sostener una defensa tan presionante es necesario que atrás se mantengan firmes las marcas. Ser muy físicos desde las primeras yardas. Si no, se cae el castillo. Si ponemos 5 DBs en el campo, no queda nadie fresco para rotaciones.

Triste consuelo tener el mayor espacio salarial de la liga a costa de racanear en posiciones de necesidad.


El detective y la viuda

Highfield cerró su bloc de notas justo en el momento en el que apareció en escena la viuda. Esa afición todavía en estado de shock, incrédula ante lo que acababa de suceder. Incapaz de aceptar esta nueva jugarreta del destino. Highfield detestaba esta parte de su trabajo. Tratar de convencerla de que la vida sigue, de que ninguna desgracia es eterna. De que de todo túnel, por oscuro que parezca, se sale. Intentar consolarla con la promesa de que algún día el universo le recompensará tanto sufrimiento, aunque ni él mismo se creyese sus propias palabras. El detective se dirigió hacia ella con paso cansino mascullando entre dientes una maldición. “¡Perra vida!

 

Antonio Magón

Un comentario sobre “¿Quién mató a los Cleveland Browns?

  1. Qué genialidad de artículo. Enorme Magón.

    Una pena que los Browns sigan sin levantar cabeza… sólo porque el proyecto coja algo de vuelo se merecerían ganar 4-5 partidos en esta inestable y sorprendente temporada,… pero ni por esas rascan algo.

    Gracias por el artículo y vuestro enorme trabajo.

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