Las señas de identidad de los Arizona Cardinals

Si cualquier aficionado ajeno a la organización de los Cardinals tuviera que nombrar su rasgo más definitorio, probablemente aludiría a su historial perdedor. El peor equipo de la historia, dirían algunos. Y este hecho, si bien cierto, palidece frente a la mayor hazaña de la franquicia: haber sobrevivido durante 119 años y ser el equipo decano de la ahora National Football League.

El equipo más veterano de la liga

El germen de los actuales Cardinals se encuentra un tanto lejos de Arizona, en concreto, en southside de Chicago. En 1898, un empresario de la construcción llamado Chris O’Brien formó junto a su hermano el Morgan Athletic Club en un intento por practicar aquel nuevo deporte. Este grupo de vecinos fue dando tumbos hasta encontrar un hogar cerca de Normal Park, en Racine Avenue, y pasar a llamarse, en un alarde de originalidad, los Racine Normals. No obstante, esto sería un breve trámite hasta adquirir su primera gran y duradera seña de identidad: el nombre.

El Morgan Athletic Club, en sus comienzos

No es un pájaro, es un avión jersey desgastado

Ya con un nuevo hogar, Chris O’Brien decidió comprar unos uniformes de segunda mano a la cercana University of Chicago en un intento por profesionalizar lo que se traía entre manos. Sin embargo, el color granate característico del equipo colegial había perdido intensidad con el uso. El desgaste era tal que, cuando nuestro ilustre fundador los vio en persona, cuenta la leyenda que exclamó:

“That’s not maroon, that’s cardinal red!”

Y así nace el nombre de una franquicia. Durante décadas estuvo vinculado al color, sin más. Más adelante, en 1947, empezarían a coser logos del pájaro en balones. Y ya en 1960, añadirían la primera calcomanía a un casco. Curiosamente, la franquicia empieza a abrazar la asociación entre nombre y pájaro cuando abandona Illinois, cuyo pájaro del estado (sí, pájaro oficial del estado) sí que es el cardenal.

La evolución de los uniformes | Fuente: Fanatics

Chicago: una rivalidad y dos campeonatos olvidados

A partir de 1920 los Cardinals se inscriben en la recién formada NFL. Y a partir de 1922, compartirían ciudad contra el otro equipo de Chicago. Los Bears dominaron el historial de enfrentamientos de manera contundente (56-27-6) y forzaron una eventual reubicación a St. Louis. Sin embargo, esta larga travesía de derrotas dejaría un par de campeonatos —previos a la época Super Bowl— en las vitrinas.

El primer campeonato quizá sea uno de los más polémicos en la historia del deporte. Le fue galardonado en 1925 tras las sospechosa descalificación del primer clasificado, los Pottsville Maroons. Pero esa es otra historia. El segundo, ya de manera más tradicional, llegaría en 1947. 70 años después, los Cardinals aún no han conseguido levantar ningún otro trofeo, lo cual, después de las recientes World Series de los Chicago Cubs, le convierte en la franquicia que ostenta la mayor sequía de las grandes ligas.

En definitiva, es en Chicago donde se forma la identidad central de los Cardinals que hoy conocemos. El nombre, el color, la tradición, las derrotas. Y fue también ahí donde encuentra un vínculo común entre las tres ciudades en las que ha jugado: la familia Bidwill.

Los Bidwill y la Hermandad del Puño Prieto

Bill y Michael Bidwill

Desde 1933, los Cardinals han estado en manos de una de las familias más rácanas del deporte. Los Bidwill y su incapacidad para soltar el dinero se reflejan en una serie de hechos incontestables: ocho apariciones en playoffs, una reubicación a Arizona por falta de financiación privada, una de las nóminas más bajas de la liga de manera previa al salary cap, etc. En definitiva, se podría atribuir gran parte de los fracasos del equipo a ‘Dollar’ Bill.

Sin embargo, en un giro de acontecimientos, cuando la gestión pasa a su hijo Michael, la franquicia da un vuelco. Logra la construcción del estadio que le dará estabilidad en una región por primera vez en toda su historia. Lleva al equipo a su primera Super Bowl. Y, en resumen, trabaja muy duro por instaurar una cultura ganadora en el desierto. De momento, ya ha conseguido más que sus antecesores en un siglo.

 

El University of Phoenix Stadium

Casi 20 años estuvieron los Cardinals jugando bajo el sol abrasador del estadio universitario de los ASU Sun Devils. Finalmente, en 2006, tras años de negociación, por fin concluye la construcción de uno de los estadios más emblemáticos de la NFL. Con capacidad para más de 60.000 personas, un techo retraíble, un césped natural que se conserva en un invernadero anexo, 15.000 plazas de aparcamiento, etc… El sueño húmedo de cualquier propietario.

Las gradas del estadio han visto a los Giants derrotar a los Patriots en la SB XLII, a Auburn ganar el campeonato universitario de 2011 o la ya célebre intercepción de Malcolm Butler a Russel Wilson. La introducción del estadio como emplazamiento de grandes eventos deportivos ha catapultado la popularidad de la marca del equipo.

El UoP | Fuente: ESPN

Y junto a este estadio llega una de las aficiones en mayor crecimiento. Arizona, que durante muchas décadas fue territorio Cowboy, ha mostrado un respaldo masivo a su relativamente nuevo equipo. Prueba de este hecho es que ha agotado todas las entradas de los partidos que los Cardinals han jugado en el UoP. El red sea nunca abandona a su equipo.

Pat Tillman, más que un jugador

Pat Tillman es el jugador más ilustre en haber vestido la camiseta de los de Arizona. Los Cardinals le eligieron en la séptima ronda del draft de 1998 tras haber desarrollado su carrera universitaria en los vecinos Sun Devils. Nadie daba un duro por un linebacker de 1,80. Sin embargo, supo cambiar de posición, empezar más de 40 partidos en 4 años y convertirse en el jugador más querido del equipo. Iba a entrenar en bicicleta, corría maratones en la pretemporada y participaba en charlas filosóficas con sus entrenadores. Es por ello que a nadie le sorprendió que rechazara una oferta más lucrativa de los Rams por lealtad. Ni que decidiera alistarse en el ejército tras el 11S con una oferta millonaria sobre la mesa.

Su muerte en Afganistán conmovió a la liga. Y el encubrimiento de las causas de su muerte hizo a estallar al mundo del deporte. Hoy en día, una estatua en las afueras del estadio recuerda a cualquier visitante la grandeza de un jugador “de los que ya no quedan”.

Pat Tillman | Robert Laberge – Getty Images

La voz de una afición

Y si la imagen de Pat Tillman está grabada en el imaginario de cualquier aficionado de los Cardinals, es la voz de otro antiguo jugador la que se relaciona inexorablemente con el equipo. Ron Wolfley, un fullback ya retirado, lleva un par de décadas dando color a las retransmisiones de los Cardinals. Su característica voz y las comparaciones extravagantes que va enunciando le convierten en un favorito de la afición. Y cuando su voz pasa a nivel nacional, su fama se dispara. Además, presenta el matinal deportivo más escuchado, una ventana imprescindible hacia los entresijos y la actualidad de la organización.

 

 

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