Adiós a los Cincinnati Bengals

Si algo nos enseña la vida es que está en constante evolución. Continuamente debemos decir adiós a algunas cosas o personas, y dar la bienvenida a otras, no necesariamente mejores ni peores. Debemos aceptar los cambios como inevitables, sean deseados o no. En el deporte, como reflejo de la vida, ocurre igual.

Con un balance de 0-6, los Bengals ya han dicho prácticamente adiós a la temporada 2019. En su momento analizaremos las causas y posibles soluciones, pero no es éste el motivo que me hace redactar este artículo. Seguramente, el equipo tigretón tendrá muchas caras nuevas el año próximo. Se habla de aprovechar la ventajosa posición en el draft para adquirir un nuevo quarterback, de la conveniencia de traspasar a A.J. Green, a Eifert, a Atkins, Dunlap,… en definitiva, a todo aquel que pueda tener algo de valor en el mercado. Pero tampoco es ésta la razón de mi artículo. Mi mirada va más allá, a 2026, y la posibilidad de que la franquicia bengalí diga adiós a Cincinnati.

 

El estadio en el centro de la controversia

Vista aérea del Paul Brown Stadium el 25 de Agosto de 2000, una semana después de su inauguración oficial (foto de Glenn Hartong/The Enquirer)

 

Inaugurado en Agosto de 2000, el Paul Brown Stadium, la “jungla” donde juegan los Bengals, necesita unos lógicos arreglos. Galardonado en su construcción por el Instituto de Arquitectos de América, el tiempo pasa para todos, y especialmente rápido con las nuevas tecnologías (WiFi, megafonía, pantallas de alta definición…). Además, dado el auge del futbol en la ciudad, Cincinnati aspira a ser una de las sedes del próximo mundial FIFA 2026, para lo cual, la renovación es indispensable. El estadio es propiedad del condado de Hamilton, por lo que es a sus habitantes a quienes toca pagar la factura.

 

El acuerdo, firmado en 1997 para 30 años entre el condado para ceder sus instalaciones y la franquicia atigrada para permanecer en la ciudad, siempre ha estado sujeto a un frágil equilibrio, con continuas concesiones y amenazas mutuas. Sin embargo, hasta la fecha, han sabido entenderse para encontrar soluciones beneficiosas para ambas partes. No obstante, nadie sabe qué ocurrirá cuando el alquiler del estadio venza en 2026.

 

El gasto que suponga la reforma deberá salir del bolsillo de los contribuyentes. El condado, como la mayoría de los consistorios públicos, siempre está corto de efectivo. Los políticos no suelen ser proclives a promover subidas de impuestos para sus votantes en periodos electorales. Por tanto, la salida sería aprobar mediante referéndum un aumento de tasas para que la franquicia permaneciera en la ciudad. Si nos fijamos en los ratios de asistencia a los partidos de Bengals, no da la impresión de que la mayoría de ciudadanos de Cincinnati aceptasen con ilusión nuevos desembolsos para su decadente equipo de football.

 

Los inconvenientes de ser un mercado pequeño

En el último partido como locales, solo se vendieron 46.000 de las más de 65.000 localidades del Paul Brown Stadium. La afición bengalí es fiel, pero por desgracia, no demasiado numerosa. Tampoco la ciudad, ni la región (sur de Ohio, norte de Kentucky), muy populosas. Durante las últimas décadas, Cincinnati ha perdido un tercio de su población desde que se estableció allí la franquicia. El mercado potencial de seguidores es por tanto bastante reducido.

 

Distribución de seguidores a la NFL en USA realizada por «opendorse»

 

Tras 16 años dirigiendo al equipo, la causa principal del despido del entrenador Marvin Lewis no fue tanto los malos resultados, o la sensación de ciclo caducado, como la reducción de la asistencia a los partidos. El propietario Mike Brown puede soportar con estoicismo mediocres actuaciones del equipo, pero no que deje de entrar dinero en la caja. Pese a revalorizarse un 11% el pasado año, Bengals es apenas la 30ª franquicia más valiosa de la NFL según “Forbes”. No puede permitirse un descenso en la afluencia de espectadores. Además, los precios de la “experiencia NFL” (entrada + parking + bebidas dentro del recinto) son los más bajos de la liga.

 

Al contrario que los millonarios propietarios de otras franquicias, los Bengals son el único negocio de la familia Brown. De ahí sus reticencias a invertir en el equipo más de lo escrupulosamente obligatorio. En el momento que el acuerdo con la ciudad no les resulte económicamente rentable, las ventajas de mudarse a un mercado más lucrativo tendrían un peso importante.

 

El posible adiós del legado Brown en Cincinnati

Hace 52 años, el legendario Paul Brown fundó la franquicia de los Bengals en Cincinnati, ciudad de la que no se ha movido desde entonces. A su muerte, su hijo Mike heredó la presidencia, ocupando los principales puestos directivos miembros también de su familia. Los vínculos entre ciudad, familia y equipo son muy estrechos, pero como decía, el dinero puede cambiarlo todo.

 

Mientras dure el contrato actual no peligrará la permanencia de Bengals en Cincinnati, pero situémonos en el futuro, en 2026. Entonces, Mike Brown cumplirá, si vive, 91 años. Resulta complicado pensar que a esa edad siga dirigiendo los destinos de la franquicia. Le sucederían sus hijos Paul y Katy y su yerno Troy, quienes ya estarían rozando los sesenta años. Habría que plantearse hasta qué punto seguirán con fuerzas para renegociar un nuevo acuerdo de permanencia en la “Queen City”, o preferirán vender el equipo y disfrutar de una cómoda jubilación.

 

De izquierda a derecha, Troy Blackburn, Paul Brown, Mike Brown y Katy Blackburn (foto de Kareem Elgazzar para “The Enquirer”)

 

En esta tesitura, con unos posibles nuevos propietarios de la franquicia sin apego a la ciudad, no sería nada descabellado pensar en una mudanza. Parece lógico pensar que los compradores quieran amortizar lo antes posible su inversión. El pequeño mercado de Cincinnati no les resultará nada atractivo, y no les dolerá decirle adiós. Nadie puede adivinar cómo estará la NFL dentro de 7 años, pero se antojan varios escenarios posibles.

 

San Luis y Oakland (cuando se consume su traslado a Las Vegas) serán ciudades huérfanas de equipo pero con sólida presencia NFL. Lo mismo San Diego (donde además los Brown tienen propiedades). Otras localidades de nueva implantación podrían ser Portland (Oregon) o San Antonio (Texas), aunque esta última contaría con la oposición de Jerry Jones, el propietario de los Cowboys. Y por supuesto, siempre está la opción de Inglaterra y el extenso mercado europeo.

 

 

Decir adiós a la ciudad que te acoge no siempre es sinónimo de éxito

Aunque un fenómeno no demasiado frecuente en el mundo hispano, las reubicaciones de franquicias deportivas en USA suelen ser habituales. Se producen en todos los deportes, y obviamente el football no es una excepción. Dejando atrás los movimientos de la era pre-superbowl, los Raiders alcanzaron el anillo tanto en Oakland como en Los Angeles. Los Colts fueron campeones en sus inicios en Baltimore y después en Indianápolis. Los Rams no consiguieron el suyo hasta que salieron de Los Angeles hacia San Luis, mientras que los Ravens lograron en Baltimore los triunfos que su plantilla y sttaf no pudieron obtener en Cleveland.

 

Sin embargo, no todos los cambios de residencia resultaron fructíferos. Cardinals y Titans se quedaron a una yarda de más, o de menos, de conseguir el Lombardi después de decir adiós a San Luis y Houston respectivamente. Y en cuanto a franquicias de nuevo cuño, exceptuando el caso particular de los Ravens, ninguna con menos de 40 años se ha conseguido llevar el torneo.

 

Los traslados más recientes, Rams y Chargers a Los Angeles, tampoco están resultando tan favorables como se esperaba. Dejando aparte el apartado deportivo, la implantación popular de estas franquicias en sus nuevos territorios está lejos de lo deseable. Sin ir más lejos, la semana pasada parecía que Steelers estaba jugando en Pittsburgh y no en casa de Chargers, mientras que en el Coliseum había más camisetas de seguidores niners que de los carneros.

Pese a jugarse en Los Angeles, el color rojo de las camisetas de los seguidores de San Francisco predominaba en la grada (foto de Jayne Kamin-Oncea/Getty Images).

Aunque digan adiós a Cincinnati, siempre de Bengals

Estos hasta el momento fallidos movimientos, así como la dificultad para implantar una mayor base de aficionados en Jacksonville, puede hacer replantearse a los directivos de Bengals la decisión de decir adiós a Cincinnati. Como suele pasar en casi todos los contratos, existe la letra pequeña, y el de alquiler del Paul Brown Stadium no es una excepción. Hay una cláusula por la cual el club puede solicitar hasta cinco prórrogas bienales. De ejecutarla, podría alargar el acuerdo hasta 2036.

 

Así que, probablemente, esta hipotética situación que planteo nunca llegue a producirse. Por un lado está el temor de que, como hemos visto, la mudanza no produzca las ventajas esperadas. Y por otro, y quizá más importante, el sistema de reparto igualitario de beneficios implantado en la NFL minimiza los perjuicios de residir en un mercado reducido. La NFL no deja de ser un negocio, y le da igual el color predominante en las camisetas del graderío. Sólo importa el color verde de los dólares de las entradas.

 

No obstante, la pésima situación deportiva que arrastra el equipo (de la cual, gran parte de la culpa proviene precisamente de la nefasta planificación de los propietario) conlleva al aficionado a plantearse esta cuestión. Si la desafección entre franquicia y ciudad continúa, el posible adiós a los Bengals de Cincinnati podría ser una posibilidad real. ¿Qué haríamos sus fanáticos? ¿Seguirles aunque sean los “Nosedónde Bengals”? ¿Esperar cual Penélope a que una nueva franquicia se ubique en Cincinnati, como en su día hicieron los aficionados de Baltimore, Houston o Cleveland? ¿Liberarnos de la dependencia emocional de una franquicia perdedora y hacernos de los Patriots? Pensadlo porque podría pasaros a vosotros. En mi caso, la única opción posible es la primera. Siempre con Bengals (aunque solo sea por no tirar toda mi inversión en camisetas y demás artículos decorativos bengalíes).

Un comentario sobre “Adiós a los Cincinnati Bengals

  1. He tenido suerte de conocer tailgaters y Cincinnaters de diferentes razas, culturas y procedencias y solo puedo decir que por ellos los Bengals, siempre en Cincinnati.

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