Hey mama, nos vamos a Cincinnati

Para todos los aficionados a la NFL, no solo los de Cincinnati, el fin de semana del draft equivale a la Noche de los Reyes Magos. Juguetes nuevos. Algunos, los que anhelábamos. Otros, que no entendemos de dónde han salido, pero los Sabios de Oriente sabrán. Todos son buenos, talentosos, y robos de draft. Y no dejéis que os digan lo contrario. Ya vendrá el frio invierno con la cruda realidad y los pondrá en su sitio, pero ahora, disfrutemos de esta euforia primaveral.

Para nosotros es un gran día, pero para los elegidos es EL día. El momento que cambia sus vidas para siempre. La culminación de sus esfuerzos. Sueños cumplidos. Frustración por la inoportuna lesión de última hora que arruinó años de trabajo y bajó su stock. La mayoría de ustedes recordarán cómo se sintieron el día que empezaron en sus empleos. Emoción, nervios, entusiasmo por aprender, miedo a cagarla. Súmenle un cambio de ciudad, un salto económico descomunal, y la cada vez más presente presión mediática.

Hoy no me quiero centrar tanto en el aspecto deportivo de los jugadores drafteados (podéis encontrar muchos mejores informes en las guías de los amigos de Route Running o Socarrat College), sino en el humano. El espectáculo del draft ha ganado mucho con esas imágenes de los jóvenes emocionados siendo felicitados en una casa repleta de familiares y amigos. Obviamente, no mostrarán las de aquellos cuyas ilusiones se ven malogradas, al no ser elegidos el día que esperaban, o incluso, quedando finalmente fuera de la NFL.

 

 

With the 31st pick, the AFC Champions Cincinnati Bengals select…

El proceso pre-draft cada vez es más largo. Los días se hacen eternos hasta escuchar por fin la última parte de la famosa coletilla de Roger Goodell para anunciar los picks: el nombre del elegido. Sin embargo, tengo que confesar que este año, más que el final, me ha emocionado lo del medio. Sí, esa parte que dice que los Cincinnati Bengals son los actuales campeones de la AFC. Supongo que todavía necesito tiempo para asumir la vorágine de emociones sentidas la temporada pasada.

La consecuencia negativa de llegar a la Super Bowl es que eliges al final de cada ronda en el siguiente draft. Castigo que se cumple con entusiasmo. También tener la certeza de disponer de una plantilla lo suficientemente completa y talentosa como para no ir al draft con excesivas urgencias ni de calidad ni de cantidad. Esto permite sentarse a esperar qué es lo mejor que las inevitables “caídas” ponen a nuestra disposición. Este fue el caso de Hill.

 

 

Daxton Hill, safety, Michigan

No digo que suponga un lujo, porque ya tengamos cubiertas las posiciones de free y strong safety con dos jugadores contrastados como Bates y Bell; pero ambos están en su último año de contrato. Recordemos que una de las premisas básicas del draft es buscar futuro. Buscar presente en emergencia puede llevar a desagradables sorpresas. Hill deberá buscar su sitio entre ambos, en formaciones de triple safety más cerca del slot, “apatrullando” la secundaria al estilo “wolverine”, o dándoles relevo hasta que el tiempo le otorgue en propiedad una de esas plazas.

En las imágenes de su elección se criticó su frialdad al recibir la noticia. No conozco al chico, igual es así en su vida privada. Pero puedo imaginar las gotas de sudor recorriendo su espalda al saberse ranqueado entre los 20 mejores novatos y llegar a la elección 31 sin haber escuchado su nombre. ¡Cómo sobrellevar la decepción interna, pero también, la desolación de todos los seres queridos que compartían su gran noche! Yo, en su lugar, también hubiese pensado, como él, más en un resoplido “¡menos mal!” que un eufórico “¡biennnn!”.

Después de exhalar la tensión acumulada, y celebrar con sus seres queridos antes del preparar el viaje a Cincinnati para la presentación, por su mente supongo que pasarían a toda velocidad sus nuevas obligaciones. “¿Qué querrá Anarumo (el coordinador defensivo) de mí? ¿Jugar cerca del box, o más en profundo? ¿Cambiarme a cornerback que es donde los Bengals necesitan más ayuda?” Uno estudia, se prepara para un oficio, pero cuando por fin se consigue el trabajo, compruebas que debes empezar prácticamente de cero. En la NFL no es tan distinto. Hay que empezar una nueva vida, lo que significa resetear el apartado mental.

 

Elegante outfit. Gorras sobre la mesa preparadas para cualquier eventualidad. La elección en el draft supone ya todo un ceremonial para los rookies que esperan ser escogidos en las primeras rondas (foto: Twitter @Bengals)

«Cam, ¿estás listo para venir a Cincinnati?»

Probablemente, una de las labores más satisfactorias para un entrenador sea hacer la llamada que va a cambiar el destino de estos jóvenes. Estoy seguro que para Zac Taylor, telefonear a Cameron Taylor-Britt fue doblemente agradable. No por compartir la mitad de su apellido, sino por proceder, como él, de la universidad de Nebraska. Por otra parte, quiero creer que entre los jugadores “cornhuskers” sería muy comentado el hecho de que un exquarterback de ese college disputase como entrenador la pasada Super Bowl. Ahora, Cam tenía a ese ídolo al otro lado del teléfono.

“¡Hazlo posible, hombre!” fue la excitada respuesta de Taylor-Britt a la pregunta del encabezado. Su alegría estaba justificada. En este caso, al contrario que el anterior, su proyección era ser elegido más tarde. Sin embargo, el azar del draft es tan imprevisible, que la temprana salida de 8 cornerbacks antes que él provocó que Bengals tuviese que hacer un “trade up” para conseguir al jugador que querían.

Entre brindis y brindis, recordaría su trabajo en el gimnasio para impresionar a los “scouts” en las pruebas físicas. Saliendo de una universidad poco reconocida, sabía que sus marcas en la “combine” serían determinantes. Su agente le anunció que su “stock” estaba subiendo y probablemente saldría antes de lo esperado. Pero claro, estos buitres siempre dicen lo mismo. Al final, tuvo razón.

Ser elegido en segunda ronda conlleva un mucho mejor sueldo, pero también implica una mayor responsabilidad. Taylor-Britt es consciente de que debe pulir rápidamente todos sus defectos técnicos, porque la paciencia de medios y aficionados es inversamente proporcional a la altura en que eres escogido. Las limitaciones bengalíes en el cornerback exterior le harán titular más pronto que tarde, y cada vez que sea quemado, cada placaje que falle, la palabra “bust” rondará su nombre.

 

Taylor-Britt consiguió algo que no pudo el propio Joe Burrow: ser aceptado por el equipo de football de Nebraska. Las conexiones universitarias (Zac Taylor jugó allí, así como el padre y los hermanos de Burrow) son más importantes de lo que nos parecen en el mundillo NFL (foto: Twittwr @Bengals).

 

Zach “Attack” Carter, Defensive lineman, Florida

Cuando alguien se hace camisetas con la leyenda “Zach Attack”, no es necesario un gran ejercicio de imaginación para suponer que se trata de un consumado pass-rusher. En mitad del salón, tratando de contener el júbilo desbordado de amigos y familiares, porque la sesión del viernes ya se encaminaba hacia el final, el primer pensamiento de Zachary sería para sus entrenadores.

Durante su periplo universitario, estuvo rotando en todas las posiciones de la línea defensiva. Desde la técnica-5 al nose-tackle. Cuando les pedía a sus técnicos que le dejaran centrarse en un puesto, respondían que esta versatilidad le rentaría beneficios en el futuro. Estaban en lo cierto. No sólo abrieron el abanico para que cada franquicia pudiese ver en él al jugador que necesitaba, sino que aumentaron su confianza al demostrarse que podría rendir en cualquier posición. Ahora que pasará de la formación al profesionalismo, podrá ya enfocarse al puesto que consideren.

Este puesto es el de defensive-tackle de técnica-3. Uno para el que físicamente le falta masa corporal. Hemos hablado del cambio mental y social que supone formar parte de este privilegiado grupo de millonarios atletas de élite, pero muchas veces también conlleva un cambio físico. Muchos de estos jóvenes, aún en etapas de crecimiento en su anatomía, deberán sumar músculo y, en algunos casos como éste, peso. Adquirir nuevos hábitos alimenticios con la misma predisposición positiva con la que se aprende el playbook.

 

Cambiar las soleadas Tampa o Gainesville de su Florida natal, por la fría y húmeda Cincinnati ya debe ser lo bastante duro como para no tomarse con buen humor el cambio de dieta.

 

Cordell Volson, Offensive Guard, North Dakota State

No consigo imaginar la sensación de “¡tierra, trágame!” de los jugadores invitados al draft que ven pasar elección tras elección, vaciarse el salón, y permanecer sin equipo. Malik Willis esperaría salir en primera ronda. No lo hizo hasta la 86ª elección, sintiendo el oprobio de ser el último en abandonar esta “green room”. Todo lo contrario que el protagonista de este capítulo.

Volson no contaba con ser elegido antes de la sexta ronda. Con dicha proyección, existía una posibilidad, bastante real, de quedar finalmente undrafted. Quizá por esta razón, huyó de tumultuosas celebraciones domésticas para juntarse con los colegas a tomar unas birras en lo que parecía el taller de una escuela de formación profesional. La llamada de Cincinnati llegó cuando incluso parecía que ni siquiera habían empezado la fiesta.

Para la mayoría de estos jóvenes, aterrizar en la NFL supone un mundo nuevo. No es el caso de Volson. Su hermano mayor, Tanner, no fue drafteado en 2019, aunque terminó como undrafted en Chargers, y más tarde en Giants, sin llegar a debutar. Supongo que la experiencia orientaría a su prudencia para encarar el draft. Aunque su estatus como cuarta ronda le otorga bastantes posibilidades de superar los cortes tras el verano, debe ser consciente, de primera mano, de lo complicado de este negocio.

Para este chico nacido en Dakota del Norte, mudarse de Fargo a Cincinnati no es solo hacerlo a una ciudad el doble de grande, sino salir de su zona de confort. Ya no jugará en una categoría menor como la FCS, sino al más alto nivel. Ya no será tan superior físicamente a sus rivales. No podrá aterrorizarles con “pancakes”, sino que deberá reorientar su carrera como línea ofensivo exterior a interior. Pasar del “putoamismo” a la supervivencia. Una caída significativa.

 

Volson, en primer plano, disfrutando de una tarde de sábado de draft con los amigos. La naturalidad y la sencillez siempre son factores que generan una especial complicidad con los aficionados (foto: Twitter @Bengals)

“Hey mama, we’re going to Cincinnati”

Hay quienes su nuevo destino los llevará a cruzar el país. Para otros, en cambio, supondrá apenas 3 horas en coche. Este es el caso de Tycen Anderson, el safety de la Universidad de Toledo (Ohio, no La Mancha). Para alguien que rechazó ofertas de universidades más importantes para quedarse en su Toledo natal, tener cerca a los suyos es muy importante (su nick en twitter es “@MrToledo01”, creo que esto dice mucho). Solamente hay ver su reacción al recibir la llamada de Bengals, buscando inmediatamente a su madre.

Este apoyo familiar resultará fundamental en su adaptación. De titular consolidado en college, a ganarse las lentejas en equipos especiales. Y si, con suerte y sobre todo mucho esfuerzo, consigue un día consolidarse en la alineación inicial (como parece el objetivo de la franquicia con su elección), sentirse comparado continuamente con dos fenómenos en la posición como son los actuales titulares Bates o Bell. Una quinta ronda no conlleva excesivas exigencias, pero siempre habrá quien recuerde que los Bengals dieron una séptima ronda para subir a por él. ¡Cómo si el pobre jugador fuese el culpable!

Anderson, como sus compañeros reclutas, llegan a un equipo donde los estándares están repentinamente muy elevados. Actuales finalistas de la NFL. La afición no se va a conformar con menos. Los técnicos no pueden permitir la más mínima relajación. La directiva no consentirá dar un paso atrás. Los medios se van a cebar con cualquier traspiés. El ánimo está muy alto, cierto; pero las expectativas son tan ambiciosas, que el nivel de presión de estos novatos será superior al que tendrían en otros equipos.

 

La primera persona a quien Anderson le dijo que había sido seleccionado por los Bengals fue a su madre. Y esto está bien. A las madres hay que quererlas siempre (foto: Twitter @Bengals)

 

Jeffrey Gunter, Edge, Coastal Carolina

Cuando llegas a un nuevo trabajo, agradeces encontrar una cara conocida. Gunter tendrá la suerte de reencontrarse en Cincinnati con otros dos compañeros “chanticleers” fichados por Bengals como undrafteds: el RB Shermari Jones y el WR Jaivon Heiligh. Quizá ninguno de ellos permanezca en el equipo pasado el verano. Quizá el propio Gunter tampoco. Pero sin duda, ayudará a que su adaptación a esta nueva etapa sea menos traumática.

No es un dato trivial. Gunter abandonó Coastal Carolina en 2019 para estar con su madre, que estaba atravesando un mal divorcio. Cuando ya se encontró mejor, viendo cómo echaba de menos a sus compañeros, convenció a su hijo para reincorporarse.

Durante años, se ha asociado a Bengals con jugadores de carácter conflictivo. En la era Taylor, esto ha cambiado radicalmente. Todos los jugadores escogidos tienen una conducta intachable. Capitanes de sus equipos, buenos estudiantes, inquietudes sociales de ayuda a la comunidad… Independientemente de sus cualidades atléticas, estas actitudes personales han contribuido en buena medida a generar en el vestuario un ambiente único de unidad, factor fundamental en los éxitos deportivos.

 

“¡Hombre, no puedo esperar para ir a Cincinnati!” Este mensaje en twitter, el medio de comunicación “oficial” en estos tiempos, apenas ser seleccionado, demuestra su alegría por convertirse en un Bengal.

 

 

El de los Bengals es un proyecto claramente en alza. Podemos centrarnos en la calidad de sus estrellas ofensivas o en el ingenio de sus estrategias defensivas. Pero sería únicamente rascar la superficie. Los jugadores elegidos en el draft 2022 muestran claramente el camino que está siguiendo este staff. Buenas personas, familiares, carismáticos, trabajadores y competitivos, por encima de talentosos tarambanas. Los resultados deportivos llegarán en mayor o menor medida, como todos los novatos en todos los equipos, pero se ha abonado el terreno para que todo aquel que se incorpore a la disciplina bengalí, lo haga en un entorno con las mejores condiciones humanas para triunfar.

 

 

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