El racismo y la NFL: Segregación, rodillas y banderas

La muerte de George Floyd a manos de cuatro agentes de la Policía de Minneapolis, Minnesota, el pasado 25 de mayo, ha ocasionado una oleada de indignación y protestas en la sociedad norteamericana. Manifestaciones, enfrentamientos con las fuerzas del orden, toques de queda y denuncias de múltiples injusticias han desviado del centro de la atención del país a la pandemia del coronavirus. Como ya ocurriera en el pasado, sobre todo a partir de mediados del siglo XX, la denuncia al racismo sistemático que sufre gran parte de la población estadounidense ha vuelto a saltar a la actualidad, y en esta ocasión lo ha hecho con una fuerza inusitada.

Su impacto ha afectado a todos los ámbitos de la vida del país, y el deporte no podía ser menos. No solo por las denuncias de estrellas de todos los deportes a través de las redes sociales, sino por la participación directa de algunas de ellas en manifestaciones. Y ya no solo a título personal, sino también colectivo, como demostró la franquicia de los Denver Broncos asistiendo a una marcha pacífica en la ciudad de las Rocosas. Y es que en la NFL soplan vientos de cambio, algo que con lo sucedido en el pasado inmediato parecía impensable. Pero antes de llegar a ello, hagamos un repaso a lo acaecido en la historia de la Liga, y su tratamiento del tema racial.

Os recomendamos echar un vistazo a este artículo de nuestro compañero Adrian De Blas.

 

Capítulo Primero: Crónica del siglo XX, o el segregacionismo institucional

En 1920, catorce equipos fundaron la American Professional Football Association (APFA), cuyo nombre cambió al año siguiente por National Football League. Hasta ese momento los equipos competían a un nivel semi-profesional, pagando sueldos a algunos jugadores, pero sin llegar a ser suficiente para vivir de este deporte. En los primeros años de la Liga, formaron parte de ella hasta nueve jugadores y un entrenador negro, pero en 1926 no quedaba ninguno. La crisis económica provocó que los propietarios se decantaran por contratar jugadores blancos, y lo que en un principio se hizo de manera opcional, acabó siendo reglamentado cuando en 1933 los dueños de las franquicias aprobaron la prohibición de fichar jugadores negros.

Tras esta segregación oficial, los jugadores afroamericanos solo podían jugar a football universitario. En 1940, uno de ellos, el running back estrella Kenny Washington, destacó en un partido de exhibición entre los mejores jugadores universitarios y el campeón vigente de la NFL, Green Bay Packers. George Halas quiso ficharlo para sus Chicago Bears, pero la Liga no levantó el veto impuesto en 1933. Hubo de llegar una nueva liga profesional para que por fin ocurriese el inicio del cambio.

 

Kenny Washington jugando con los LA Rams / nfl.com

 

En 1946 se fundó la All-America Football Conference (AAFC), primera liga profesional aparecida tras la NFL. La ciudad de Los Angeles pasó a tener dos equipos, pues a los Rams (de la NFL) se unió el LA Dons (de la AAFC). Ambos equipos solicitaron jugar en el Memorial Coliseum, y se les impuso la condición de contratar a jugadores afroamericanos para obtener el permiso. Sucumbiendo a la presión de la prensa y de los aficionados, los Rams contrataron a Kenny Washington, que por aquel entonces trabajaba como policía en la ciudad angelina. Le seguiría otro fichaje meses después, y dos más en los Cleveland Browns de la AAFC.

La nueva liga era bastante integrada, para la época. A la NFL no le quedó más remedio que continuar fichando a jugadores negros, para evitar perder competitividad. Ambas ligas se fusionaron en 1949. Tres años más tarde, todos los equipos de la NFL contaban con jugadores negros, salvo los Washington Redskins. Su propietario, George Preston Marshall, fue el artífice del veto de 1933, y siguió negándose a fichar jugadores afroamericanos. Finalmente, en 1962, tuvieron que intervenir el Secretario del Estado Stewart Udall y el Fiscal General Robert F. Kennedy para poner fin a esta situación.

Udall amenazó con revocar el arrendamiento de 30 años del D. C. Stadium, construido un año antes con dinero del gobierno, y del que era propietario la ciudad de Washington. Marshall seleccionó en la primera ronda del draft al running back de Syracuse Ernie Davis, ganador del Trofeo Heisman, pero Davis se negó a jugar “para ese hijo de perra”, y fue canjeado a Cleveland por Bobby Mitchell, primer jugador afroamericano de los Redskins. Pero la integración estaba lejos de ser una realidad.

Aunque se establecieron cuotas mínimas de jugadores negros para asegurar su presencia en la liga, algunos equipos los acumulaban en una determinada posición. De esta manera cumplían la norma, pero solo podía jugar uno al mismo tiempo. De igual manera, existía desigualdad salarial entre los jugadores blancos y los negros. El principal cambio llegó con el nacimiento de la American Football League (AFL) en 1959, donde no existía ninguna norma segregacionista. Muchos jugadores negros firmaron contratos con la AFL, lo que puso en aprietos a la NFL. En 1970 se produjo la fusión de ambas ligas, yendo desde entonces en ascenso la presencia de jugadores negros, hasta alcanzar la actual gran mayoría en las plantillas de la NFL.

 

 

Capítulo Segundo: Eric Garner, Colin Kaepernick… y Donald Trump

El 3 de marzo de 1991 supuso un antes y un después en la joven historia de los Estados Unidos. Un taxista en libertad condicional fue perseguido por la policía de Los Angeles tras no detenerse ante sus indicaciones y salir huyendo por la autopista. El conductor, con antecedentes de conducción bajo los efectos del alcohol, habría consumido un narcótico, y no quería volver a prisión. Cuando finalmente se detuvo, un matrimonio de la vecindad grabó en vídeo cómo cuatro agentes de policía, tras haberlo esposado, propinaron a Rodney King una brutal paliza con sus porras.

Cuando la filmación de la detención llegó a las televisiones, la comunidad negra de Los Angeles clamó pidiendo justicia, ante un flagrante caso de brutalidad policial. El asunto acabó llegando a los tribunales, pero tras seleccionar un jurado mayoritariamente blanco, la sentencia rechazó todas las acusaciones menos una. La indignación que generó este veredicto ocasionó una oleada de disturbios a lo largo de 1992 que duró seis días, a resultas de los cuales fallecieron 63 personas, y otras 2.383 resultaron heridas. Fueron necesarios la Guardia Nacional, el Ejército y los Marines para restablecer el orden en la ciudad.

Entre 2012 y 2014 tuvieron lugar las muertes de Trayvon Martin, Michael Brown y Eric Garner, que una vez más encontraron poca o nula respuesta por parte de la justicia. Esta fue la principal causa de la aparición del movimiento Black Lives Matter en 2013, que consiguió mucha notoriedad gracias a las manifestaciones convocadas en protesta por los fallecimientos de Brown (en la ciudad de Ferguson) y Garner (en Nueva York). Desde entonces, Black Lives Matter ha encabezado la labor de denunciar las formas en las que la comunidad negra se veía una y otra vez privada de sus derechos humanos básicos y su dignidad.

El caso de Eric Garner tiene una escalofriante similitud con el de George Floyd. Garner fue detenido por varios agentes, uno de los cuales le redujo estrangulándole con un brazo, y haciendo caso omiso de las súplicas de Garner, que repetía “No puedo respirar” una y otra vez. Tras dejarlo tumbado y sin asistencia el tiempo que tardó en llegar la ambulancia, Garner fue trasladado al hospital, aunque sin recibir atención médica en el trayecto. Una hora después de su ingreso se declaró su muerte. Su arresto fue grabado en vídeo y se hizo viral, pese a lo cual el agente de policía no fue acusado por la fiscalía. En agosto de 2019, por recomendación de un juez administrativo, el agente fue despedido de la policía.

 

Eli Harold, Colin Kaepernick y Eric Reid, octubre de 2016 / Thearon W. Henderson, Getty Images

 

Los ecos de las acciones de Black Lives Matter llegaron a todos los ámbitos de la sociedad, y el deporte no fue una excepción. Una de las figuras más destacadas en la visibilización de estas protestas fue el quarterback de los San Francisco 49ers, Colin Kaepernick. En el tercer partido de la pretemporada de 2016, permaneció sentado durante el himno nacional, mientras todo el mundo se ponía en pie. Posteriormente explicó que su gesto pretendía ser una protesta contra la injusticia racial, la brutalidad policial, y la opresión sistemática de la nación.

A partir del siguiente partido, tras haber consultado con el ex-jugador de la NFL y militar veterano Nate Boyer, Kaepernick se arrodillaría en el momento del himno, como gesto de respeto a los militares tanto actuales como veteranos. Preguntado por cuánto iba a durar su protesta, el quarterback declaró que hasta que sintiera que la bandera de su país representara lo que se supone que debería representar.

La repercusión fue tremenda. Otros jugadores de la NFL y deportistas profesionales imitaron la protesta de Kaepernick. Mientras parte de la sociedad comprendía que las protestas tenían una motivación política, y destacaba la conciencia social de estos deportistas de élite, otros consideraban las protestas antipatrióticas e irrespetuosas. Empezando por su compañero de equipo Eric Reid, muchos jugadores de otras franquicias se unieron en el gesto de arrodillarse, o bien levantaban su puño como símbolo de protesta. Este hecho encontró el apoyo del presidente Obama, quien consideró que había motivado conversaciones sobre asuntos de los que había que hablar.

Colin Kaepernick llegó a un acuerdo para rescindir su contrato con los 49ers, y llegó a 2017 como agente libre. Desde entonces, ninguna franquicia le ha contratado, en un hecho que se interpreta como una represalia por sus protestas. Algo similar le sucedió a Eric Reid la siguiente temporada, cuando tras llegar a la agencia libre, no recibió oferta alguna del resto de franquicias. Finalmente, y tras acusar públicamente a la NFL y a los equipos de acordar entre todos que nadie le contratase como castigo a sus protestas, acabó fichando por Carolina Panthers bien entrado el mes de septiembre. Todavía sigue arrodillándose durante el himno.

Pero volvamos un poco atrás en el tiempo. Al inicio de la temporada de 2017, un nuevo personaje entró en escena: el presidente Donald Trump. Tomándose como algo personal el arrodillamiento de los jugadores, Trump denunció que el gesto era una falta de respeto al país y a la bandera. Como respuesta, a lo largo de los siguientes partidos, durante el himno unos 200 jugadores se arrodillaron o se sentaron, otros enlazaron los brazos con sus compañeros o levantaron el puño en señal de protesta, y tres equipos permanecieron en sus vestuarios. Alejandro Villanueva ganó fama de manera involuntaria al no quedarse junto a sus compañeros, y salir a la boca del túnel de vestuarios para escuchar el himno.

Trump solicitó a los propietarios de los equipos de la NFL que despidieran a los jugadores que se arrodillaran durante el himno, y a los aficionados que abandonaran los estadios. “Saca a ese hijo de perra del campo ahora mismo, fuera. Está despedido, ¡despedido!”, llegó a escribir en Twitter, rememorando sus reality shows en la televisión norteamericana. Se le acusó de querer vulnerar la libertad de los jugadores con sus mensajes intimidatorios, pero en 2018 obtuvo una pequeña victoria.

En el mes de mayo, Roger Goodell y casi todos los propietarios de la NFL excepto dos, aprobaron una nueva política que requería que los jugadores permaneciesen de pie durante el himno, o que se quedasen en el vestuario, bajo pena de sanción para ellos y sus franquicias en caso de no acatar esta orden. Varios jugadores de los vigentes campeones, Philadelphia Eagles, declararon que no acudirían a la habitual recepción en la Casa Blanca prevista para el mes siguiente, y Trump retiró la invitación el día anterior a su celebración. En julio, la Asociación de Jugadores y la Liga acordaron que no se emitiría ninguna regla al respecto en las semanas posteriores.

En 2019, solo tres jugadores de la NFL continuaron manteniendo sus protestas. Eric Reid, que además se convirtió en el primer jugador de la franquicia de los Panthers en arrodillarse. Kenny Stills, quien empezó haciéndolo en Miami Dolphins, y después siguió en Houston Texans, donde aterrizó en 2019 mediante un traspaso. Y Albert Wilson, también de Miami Dolphins. Kaepernick firmó un jugoso contrato publicitario con Nike, y cada vez se hablaba menos de su ausencia en los campos de la NFL. Incluso negoció un contrato con la XFL, pero pedía demasiado dinero. El asunto de las protestas parecía diluirse poco a poco.

 

 

Capítulo Tercero: George Floyd, Drew Brees… y Donald Trump

Antes de continuar con el capítulo en el que llegamos al presente de esta historia, merece la pena detenerse un instante en un aspecto tangencial, pero en cierta manera clave, de lo que falta por contar. Antes de 2009, cuando en los campos de la NFL sonaba el himno nacional, los jugadores estaban… en los vestuarios. Ese año, la NFL cambió su política al respecto, “animando” a los atletas a permanecer de pie en la banda. Se cree que se trató de una estrategia de marketing encaminada a hacer parecer a los jugadores más patrióticos, aunque nunca se ha publicado documento alguno que demuestre esta afirmación.

En 2015, el senador John McCain reveló en un informe que casi cinco millones y medio de dólares del dinero de los contribuyentes habían sido pagados por parte del Departamento de Defensa y la Guardia Nacional a 14 equipos de la NFL, entre 2011 y 2014, con fines meramente propagandísticos. Pasadas de aviones sobre los estadios, despliegues de inmensas banderas, emotivas ceremonias con portadores de banderas, campañas de reclutamiento y, por supuesto, representaciones del himno nacional. McCain remató su informe diciendo que la recepción de este dinero por parte de los equipos no era otra cosa que patriotismo pagado. Eso arroja otra luz a la protesta iniciada por Colin Kaepernick, sin duda.

 

Memorial dedicado a George Floyd, cerca del lugar donde fue detenido / Kerem Yucel, AFP vía Getty Images

 

Llegamos por fin a 2020, el año del coronavirus. Al menos así lo era en todo el mundo, hasta que el 25 de mayo esto cambió para los Estados Unidos. En una situación tremendamente parecida a la acaecida con Eric Garner, el ciudadano afroamericano George Floyd fue detenido por la policía de Minneapolis por pagar con un billete falso de 20 dólares la compra de un paquete de tabaco. Delante de varios testigos que grabaron lo sucedido con sus dispositivos móviles, tres agentes de policía le inmovilizaron en el suelo, apoyando su peso sobre las piernas, el torso, y el cuello de Floyd. Pese a sus súplicas por no poder respirar, y su posterior pérdida de conciencia, la policía mantuvo el estrangulamiento sobre Floyd durante casi nueve minutos. Cuando llegó al hospital poco se pudo hacer más allá de certificar su muerte.

El estallido de rabia de la población negra de Minneapolis pronto se extendió a todo el país, incluso llegando a replicarse en otras naciones. Pronto Black Lives Matter y diversas figuras prominentes de la comunidad negra pidieron que las manifestaciones fuesen pacíficas y se abandonasen los saqueos y los ataques a comisarías de policía, pero las administraciones empezaron a aplicar toques de queda e incluso desde la Casa Blanca se exhortaba a hacer uso de la Guardia Nacional y el Ejército para despejar las calles.

No se hablaba de otra cosa en el país, y el 3 de junio la NFL se vio envuelta en el ojo del huracán. Drew Brees fue entrevistado por Yahoo Finance, y a una pregunta sobre los arrodillamientos de jugadores durante el himno, escogió en su respuesta la sinceridad sobre la corrección política. “Nunca estaré de acuerdo con cualquiera que le falte al respeto a la bandera de los Estados Unidos de América, o a nuestro país”. Dio igual que también dijese que hacía falta realizar cambios en la sociedad. Dio igual que su opinión sobre los arrodillamientos fuese la misma desde 2017, cuando ya había dado su opinión al respecto. Medio país se le echó encima.

Compañeros de equipo, rivales de la Liga, estrellas de otros deportes, personajes conocidos de la sociedad de su país… Y también la gente de Nueva Orleans. Desde la contundente respuesta en Twitter de LeBron James, hasta las personas que salieron por las calles de la ciudad de los Saints insultando a Brees y quemando su camiseta. El grueso de las reacciones críticas con las declaraciones de Brees se podía resumir en que él no podía entender las situaciones por las que pasan a diario los miembros de la comunidad negra, desde los privilegios que le confiere su condición de ciudadano blanco en Estados Unidos.

Brees sintió especialmente las críticas de sus compañeros de equipo, que no fueron pocas, ni tímidas. Particularmente emocionales fueron los vídeos que Malcolm Jenkins, compañero suyo en la Super Bowl ganada por la franquicia de Louisiana, le dedicó en las redes sociales. El quarterback pidió disculpas a sus compañeros en una videollamada grupal primero, y luego las extendió públicamente en un mensaje escrito y en un vídeo publicados en su cuenta de Instagram. Muchos ciudadanos blancos le criticaron entonces por haber cambiado públicamente su opinión, achacándole haber sucumbido a las presiones de la comunidad negra.

Una de esas personas blancas que le afeó a Brees sus disculpas fue, de nuevo en esta historia, el presidente Donald Trump. En su tweet siguió enfocando las protestas como una falta de respeto a la “magnífica” o “gran” bandera americana, para acabar exigiendo que no se arrodillara nadie. Trump le proporcionó a Brees la mejor oportunidad que tuvo de lavar su imagen, hasta que el quarterback convierta sus palabras en acciones. En la respuesta final de este intercambio, Brees por fin dijo que “debemos dejar de hablar sobre la bandera y centrar nuestra atención en los problemas reales de la injusticia racial sistémica, la opresión económica, la brutalidad policial y la reforma judicial y penitenciaria”.

El mundo de la NFL no ha sido ajeno a todo el movimiento social que ha tomado las calles tras la muerte de George Floyd, o de otras personas como él que se han ido conociendo en las últimas semanas. Desde jugadores a título personal participando en marchas pacíficas, hasta franquicias enteras como la de Denver Broncos, las figuras de este deporte no están perdiendo la oportunidad que les da su fama para sumar voces públicas a un movimiento que ya no está dispuesto a aceptar que sigan sin producirse cambios en su sociedad. El hecho de que sean estrellas del deporte no elimina las situaciones que han vivido debido al color de su piel, y ahora ya no tienen reparos en contarnos sus experiencias.

 

 

Epílogo

¿Y la NFL qué? ¿Dónde se va a situar ahora, o en el futuro, tras la historia de su relación con el racismo? Hubo de ser necesario un empujón por parte de un puñado muy representativo de algunas de sus estrellas negras, para que por fin la NFL se posicionase oficialmente respecto a todo lo sucedido. Un día después de las disculpas públicas de Drew Brees en sus redes sociales, su compañero Michael Thomas organizó un vídeo en el que él y otros jugadores de la Liga, como Patrick Mahomes, Odell Beckham Jr. o Deshaun Watson, le pedían a la NFL condenar el racismo y la opresión sistemática de las personas negras. Admitir su error al silenciar las protestas de sus jugadores. Y reconocer que las vidas de los negros importan.

 

Roger Goodell en una rueda de prensa en enero de 2020 / Cliff Hawkins, Getty Images

 

Y Roger Goodell cumplió. La NFL publicó un vídeo suyo en Twitter, con un mensaje que expresaba exactamente lo que habían solicitado los jugadores. En el vídeo, Goodell añadió que él protestaba personalmente junto a ellos, y que quería ser parte del cambio que tanto necesita su país. Dijo estar escuchando, y que trabajaría con todos para mejorar e ir adelante como una mejor y unida familia de la NFL. También él recibió otro tweet del presidente Trump burlándose de sus palabras, y afianzando la importancia simbólica de la bandera. La respuesta de Goodell ha sido realmente contundente.

El 11 de junio, la NFL publicó un comunicado prometiendo invertir 250 millones de dólares en el plazo de 10 años en la lucha contra el racismo sistémico, y en el apoyo de la batalla contra las injusticias hacia los afroamericanos. Esto supone un paso muy significativo respaldando a sus jugadores (muchas veces en el pasado atacados por parte de cargos electos, incluido el presidente de la nación), e introduciendo a la Liga en un asunto que ha incitado las protestas en el país durante tres semanas desde la muerte de George Floyd bajo custodia de la policía de Minneapolis.

Queda en el aire, para muchos estadounidenses, una disculpa directa de Goodell o de la NFL hacia Colin Kaepernick. Pero una fuente de la Liga ha comentado que se está estudiando la posibilidad de trabajar con él en el desarrollo de iniciativas de justicia social. Reconoce que esta campaña se ha iniciado en base a las razones que motivaron a Kaepernick a llevar a cabo su protesta, y que les gustaría contar con él para llevarla a cabo. Sería una manera de cerrar el círculo, mientras se sigue debatiendo la posibilidad de que el quarterback fiche por algún equipo.

Pero en momentos como éste, y de cara a trabajar en un necesario cambio social, quizá lo deportivo deba quedar en un segundo plano, al menos hasta que arranque una nueva temporada. Coronavirus mediante, claro está.

 

 

Alfonso Félez

 

 

Bibliografía

BLAS, Adrián de. Segregación y racismo en el deporte estadounidense. En http://www.tribunaolimpica.es/articulo/historia/segregacion-racismo-deporte-estadounidense/20190211142600004287.html

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