Taylor repetirá en septiembre

Los estudiantes que no han sido convenientemente aplicados deben repetir sus evaluaciones en septiembre. En el ámbito NFL, para un entrenador, volver significa el reconocimiento a una labor bien hecha. Sin embargo, en el caso de Zac Taylor, entrenador en jefe de los Cincinnati Bengals, la razón está más relacionada con lo primero que con lo segundo. Tras dos años al frente del equipo, todavía no ha cuajado su proyecto, y el propietario Mike Brown, en su infinita paciencia (y pocas ganas de rescindir contratos) le ha otorgado una nueva oportunidad para demostrar su valía. Por mi experiencia, si después de dos campañas no sabes si alguien es bueno o malo, en realidad sí lo sabes: es malo.

 

Objetivos de Taylor para 2020

A nadie se escapaba que Bengals aún no estaba preparado para grandes gestas. Por tanto, la prioridad del cuerpo técnico liderado por Taylor no era lograr un determinado número de victorias, sino conformar los cimientos del equipo. Tratar de ser competitivos. Generar un entorno propicio para una mentalidad ganadora. En definitiva, sembrar las bases para recoger en el futuro la cosecha de un equipo con aspiraciones.

Sin embargo, no podemos obviar que no hay mejor fertilizante para crecer que los triunfos, y estos apenas han abonado la franquicia. 4 escuetas victorias no son precisamente la mejor plataforma para dar el salto a playoffs a la siguiente temporada. En el lado opuesto, humillantes derrotas frente a equipos punteros muestran que aún queda un largo camino por recorrer.

Igualmente, genera quizá mayor incertidumbre el hecho de no ser capaces de imponerse en partidos igualados. Esos enfrentamientos contra equipos de similar nivel donde, por detalles, se escapan victorias. Un fácil field-goal fallado en la última jugada contra Chargers. Un fumble perdido en el drive de remontada contra Giants. Una intercepción en similar circunstancia frente a Colts. Encajar un touchdown en el último minuto en la segunda derrota contra Browns, … El balance de Taylor en partidos resueltos por una sola anotación es de 2-13-1, lo que indica que el equipo compite, pero no sabe rematar.

 

La cara de Burrow cuando el kicker falló un fácil field-goal tras haber puesto al equipo en disposición de dar la vuelta al partido es fiel reflejo de la expresión de todos los seguidores bengalíes cuando vemos cómo vuelve a perder nuestro equipo por sus propios errores.

Algunos buenos exámenes parciales

De las 4 victorias de 2020, dos fueron contra equipos con peor balance final (Jaguars y Texans), y el empate contra otro que acabó igual (Eagles). No se puede dar por lo tanto excesivo lustre a estas proezas. Sin embargo, un hilo de esperanza se deja ver en el contundente triunfo frente a Titans, y al emotivo contra Steelers, dos equipos de playoffs. La NFL es la competición deportiva más igualada y sorprendente que conozco, así que podemos concluir que Bengals sí tiene los mimbres para disputar el partido a cualquiera, pero necesita que todo encaje.

El principal valor asociado a la franquicia atigrada es el quarterback Joe Burrow. En su año de novato ha demostrado ser un QB perteneciente a la categoría NFL. 2633 yardas y 13 touchdowns por sólo 5 intercepciones en los 10 partidos que disputó hasta lesionarse, en una temporada sin partidos de preparación, demuestran el buen trabajo realizado con él.

Otra luz que se vislumbra en este oscuro túnel la proyecta otro novato, el WR Higgins. El ex-tiger de Clemson ha enseñado en su primer año como tigre de bengala una fantástica conexión con Burrow, que le ha llevado a igualar el record de recepciones para un rookie en la franquicia, en poder del histórico Collinsworth. El año de la confirmación del declive de Green y la ineficacia de Ross, su gran año da un respiro al cuerpo de receptores de Cincinnati. En una ofensiva tan “happypass” como la propuesta por Taylor, es fundamental disponer de muchos y variados elementos en esta unidad.

 

La fantástica temporada del WR novato Tee Higgins es de las escasas noticias positivas que deja la campaña 2020 en Cincinnati (foto: Cincinnati Enquirer)

Suspenso irrevocable en ataque

Como hemos explicado arriba, Burrow se lesionó al 10º partido. Si bien fue una jugada desgraciada, lo cierto es que iba camino de establecer un nuevo record de sacks encajados (ya llevaba 32). A pesar de haber sido repetidamente advertido, el desempeño de la línea ofensiva fue desastroso. Se tuvieron que buscar refuerzos de emergencia (Spain y Finney) que apenas mejoraron la situación. El que ha sido el principal problema de 2020 será resuelto con el justo despido de Turner, entrenador de una unidad que requerirá cuidados intensivos en 2021.

Sin abandonar el área ofensiva, teóricamente la especialidad de Taylor, no podemos olvidar otros datos preocupantes:

–     Tercer peor porcentaje de toda la liga en conversión de terceros downs (aunque en cuarto down fue el 4º mejor).

–     Tercer peor porcentaje de toda la liga en anotación de touchdowns en la red-zone (sólo el 50% de las visitas).

–     Cuarto equipo peor anotador de toda la liga (apenas 19,4 puntos por partido).

–     Tercer equipo peor anotador de toda la liga en las segundas mitades con sólo 8,9 puntos de media (cuando se deciden los partidos y hay que responder a los ajustes del rival).

–     24º equipo en yardas de carrera (25º en 2020). Despido del entrenador de unidad.

–     Los quarterbacks suplentes (Allen y Finley) tuvieron sendos encuentros con rating de 0,0 tras más de 10 pases, siendo estos los únicos casos en toda la liga. Este hecho genera incertidumbre acerca de si el buen juego de Burrow fue más bien producto del talento del QB que de la pericia de Taylor como entrenador.

En esta faceta, Taylor no puede buscar más culpables que él mismo, ya que la labor de Callahan, Coordinador Ofensivo desde su atalaya en las alturas del estadio, parece meramente simbólica.

 

El excesivo castigo recibido por Burrow como consecuencia de su deficiente línea ofensiva es un problema que no puede volver a repetirse.

Cateado muy deficiente en defensa

Al estar los conocimientos de Taylor limitados al ataque, toda la responsabilidad al otro lado del balón recayó sobre el coordinador defensivo. Anarumo ha dirigido una defensa que acabó 29ª en 2019 y 26ª en 2020. No son, desde luego, logros de los que enorgullecerse. Sin embargo, el club ha confirmado se regreso para 2021, año en el que no dispondrá de dos baluartes como Dunlap (traspasado tras desagradables desavenencias) ni Atkins (relegado a una inexplicable suplencia). Dos leyendas de la historia bengalí cuyo final no ha podido ser más triste como consecuencia de una nefasta gestión del personal.

Anarumo ha malgastado toda la confianza recibida por Taylor en continuos cambios de formación defensiva y rotaciones de jugadores. No se puede negar que no lo haya intentado, pero en ningún momento logró resultados mínimamente aceptables.

–     El pass-rush ha sido absolutamente inexistente. Cincinnati fue el equipo con menos sacks de toda la competición (apenas un porcentaje de 1,1 por encuentro).

–     El porcentaje de conversiones de tercer down permitidas al rival es de los más altos de la competición (43%).

–     El equipo ha pasado de encajar 26,2 puntos de media por partido en 2019 a 26,5 en 2020. Cantidades que obligan al ataque a un esfuerzo anotador.

–     Bengals ha encajado puntos al final de cada mitad en 11 partidos. Pésima gestión defensiva de los two-minutes-drills.

–     El promedio de yardas totales concedidas por encuentro fue de 389,4. De ellas, 148,2 fueron de carrera (29º de toda la liga), apenas 0,7 menos que en 2019 cuando quedaron últimos en este apartado.

En sus dos años, la defensa de Anarumo ha sufrido 4 partidos con más de 500 yardas encajadas y 10 con más de 400. No se ha evidenciado ningún progreso, y solamente la fe de Taylor en él justifica su continuidad. Habrá que seguir con interés cuánto tiempo la mantiene antes de que le corte la cabeza intentando salvar la suya.

 

Continuos fallos de placaje, presión inexistente, errores en las asignaciones de cobertura, incapacidad para convertir los turnovers en puntos… la defensa bengalí precisa mejorar urgentemente (foto de Jamie Sabau para Getty Images)

Malas excusas de Taylor

Como todos los que hemos suspendido alguna vez, nuestro primer argumento son las excusas. Preguntas muy difíciles, manía del profesor, poco tiempo para responder… En la NFL no es distinto. La más socorrida de ellas es la de las lesiones. Ciertamente, Cincinnati ha sufrido muchas, y en posiciones clave. Pero ¡y quién no! Máxime en un año tan marcado como éste por la presencia del Covid-19.

Obviamente, perder al quarterback es un golpe duro para cualquier franquicia. Pero también hemos visto a muchas cuyo suplente ha tenido un digno papel. No fue el caso. Sin Burrow, la ofensiva se encontró perdida, debiendo cambiar radicalmente un ataque excesivamente volcado hacia el pase. La ausencia de Burrow alcanzó a Taylor sin plan “B”, y sin la adecuada preparación de los suplentes.

Mixon, el corredor sobre quien se debía cimentar el ataque, para lo que recibió una suculenta ampliación de contrato, tan solo jugó 6 encuentros. Podríamos decir que el juego de carrera sufrió su baja… de no ser porque promedió 10 yardas por partido más que en 2019. Bernard, Perine y Williams se turnaron para hacer prácticamente olvidar al titular.

La línea ofensiva, que ya era floja de inicio, también contó con frecuentes bajas puntuales, siendo la más importante y prolongada la del OG Xu’a-Filo, único fichaje de la unidad en la agencia libre. Uzomah, el TE titular, sólo se mantuvo sano durante dos partidos.

La lesión en pretemporada del CB Waynes dejó muy tocada una defensa que, con la baja del NT Reader, perdió sus principales refuerzos de offseason. Sin embargo, estos fueron los únicos. El descalabro defensivo, salvo algunas ausencias ocasionales, hay que apuntárselo a Anarumo, por no encontrar, o no saber preparar adecuadamente, los repuestos oportunos.

 

La lesión de Burrow supuso un golpe letal para la ofensiva bengalí (AP Photo/Al Drago)

Un equipo en construcción

Otra excusa recurrente es la tan manida reconstrucción. Quizá aquí pueda tener Taylor algo más razón. En ataque, el 11 titular incluía 5 jugadores de primer o segundo año. En defensa, sólo un par de jugadores superan los 28 años, estando la media de edad en 26. Hablamos de una plantilla a la que todavía le falta un poco para alcanzar su grado óptimo de madurez.

En cierto modo, también resultaría injusto hacia Taylor olvidar los errores particulares de los jugadores: field-goals asequibles, fumbles en zonas comprometidas, fallos de placaje, penalizaciones inoportunas… En definitiva, toda una serie de desatinos propios de un conjunto todavía por hacer, amplificados al encarar una campaña sin pretemporada como consecuencia de la pandemia.

No obstante, también en los jóvenes es donde más apoyos ha encontrado Taylor. Las manifestaciones de apoyo a su persona de los nuevos líderes del vestuario, como Boyd o el propio Burrow, contrastan con otras declaraciones de jugadores veteranos reclamando mayor protagonismo. Aparte del citado caso de Dunlap, surgieron otros como Phillips, Shawn Williams, Tate, Ross, el mismo A.J. Green…

Taylor tiene que intentar conectar con toda la plantilla. Conseguir que sus componentes se sientan integrados e identificados con su proyecto; y bajo este compromiso, remar todos en la misma dirección. Tan importante como vencer es convencer, empezando por la propia franquicia. Como sus jugadores, también debe madurar y ejercer de forma más evidente este liderazgo.

 

La fe que repetidamente ha manifestado Burrow en su entrenador es el principal activo con que cuenta Taylor para su continuidad (foto: Cincinnati Enquirer-USA TODAY NETWORK via Imagn Content Services, LLC)

 

Ultima oportunidad para Taylor

Existe la falsa convicción de que, si el propietario Mike Brown aguantó 16 años a Marvin Lewis, algo parecido puede hacer con Taylor. Sin embargo, no olvidemos que en sus dos primeras campañas al frente de la franquicia bengalí, Lewis logró un balance de 16-16, entrando en playoffs en la tercera. Muy lejos del 6-25-1 de Taylor.

La NFL ha cambiado mucho, y hoy sería impensable prolongar en el cargo a un entrenador con record negativo, como pasó con Dave Shula entre 1992 y 1996. Aunque la directiva haya entendido que cambiar al head-coach y sus principales asistentes supondría tirar a la basura el trabajo invertido los dos últimos años, su paciencia no será infinita.

Taylor debe ponerse las pilas porque su crédito se agota. Su futuro está ligado a apuestas personales en los responsables ofensivo y defensivo. 2021 supone la última oportunidad para todos ellos. La continuidad debe respaldarse con resultados. Está claro que deberán venir refuerzos de fuera, pero también Taylor y su equipo de entrenadores deberán replantearse la dirección de su proyecto y acometer los cambios necesarios. Pensar que repitiendo lo mismo van a cambiar los resultados es de estúpidos.

 

 

Antonio Sánchez

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