La estupidez invade la NFL

Hola. Permitidme que os tutee, porque nos conocemos, ya que alguna vez os he poseído. No os alarméis, no se trata de nada sexual. Dejad que me presente: soy el espíritu de la estupidez. La sonrisa que acabáis de esbozar confirma mis sospechas anteriores. Si no entendéis qué hago en una página web dedicada al football americano, es que realmente, os he vuelto a poseer.

 

Llega la Navidad. Una de mis épocas favoritas del año. No os podéis imaginar lo que disfruto poseyendo a tantísima gente, cuñados en su mayoría, en las cenas familiares. Sin embargo, la competencia con el empalagoso espíritu navideño me lleva a buscar otras víctimas. Harto ya de poseer a tanto político, y un poco cansado de todo el trabajo que me dan las redes sociales, he decidido fijar mis objetivos en el mundo del deporte. En concreto, en el abanico de posibilidades que me abre el football americano.

 

No puedo reprimir mi entusiasmo ante mi última gran obra. Por supuesto, la jugada de pases laterales que, con el partido finalizado e igualado, llevó a los Patriots a regalarles la victoria a los Raiders. Precisamente, su extensa repercusión, ha sido lo que me ha empujado a revelar al mundo que fue mi actuación como espíritu de la estupidez la auténtica causante de semejante estropicio.

 

El increíble final del Raiders-Patriots es la última prueba evidente de hasta qué punto, la NFL de 2022 se está dejando invadir por la estupidez (foto: The Spun)

 

 

El final del Raiders-Patriots no ha sido mi único trabajo

Os tengo que confesar que este deporte me apasiona. Son tantos los matices donde mi participación puede intervenir, que en ocasiones, como la pasada jornada, me veo desbordado. Todo empezó el sábado. Estaba cuajando una posesión perfecta de los Vikings, cuando el incrédulo espíritu de la duda me retó a superarme. “¡Sujétame el cubata!”, fue mi respuesta. Sólo hay que ver la desastrosa segunda parte de los Colts para deleitarse con mi trabajo. ¡Qué digo trabajo! ¡Es un absoluto placer! De hecho, me sobró energía para poseer también al equipo arbitral con sus incontables torpezas.

 

¡Ah, el ámbito arbitral, mi campo preferido! No os podéis ni imaginar la satisfacción que me produce ser el responsable de unas decisiones estúpidas que no puedan ser rebatidas, dada la autoridad de quien las comete. El último Monday Night Football, con toda la nación expectante, esos pañuelos amarillos guiados por mi certera mano, ya fuera para lanzarlos o dejarlos en el bolsillo, me proporcionaron un deleite inigualable. Solo comparable al júbilo que provoqué en los inconscientes a los que poseí durante la semana para que apostasen por los Giants.

 

Pero poseer a los árbitros apenas tiene mérito para mí. Ya lo hago en numerosos deportes, y el pasado mundial, me dejó saciado en este sentido. El auténtico desafío es hacerlo a quien menos te puedas esperar. Al más grande. Poseer a Brady para que cometiese dos intercepciones, un fumble, y un mal handoff también saldado con fumble, todo en apenas un intervalo de 13 minutos, esto amigos míos, es auténtico arte.

 

Matt Ryan ha sido el indeseado protagonista en dos de las remontadas más increíbles de la historia de la NFL (foto: Twitter) 

 

 

Una labor constante, no siempre lo suficientemente bien reconocida

Si pensáis que es el orgullo lo que guía mis actos, estáis en lo cierto. Nadie se lanza tanto de cabeza a la estupidez como aquel que cree que su comportamiento le traerá gloria y reconocimiento. Envueltas en el celofán de la audacia, la astucia, o de mis bien queridas analytics, cada vez más entrenadores se juegan estúpidos cuartos downs y, como en una alocada carrera de quien la hace más gorda, cada vez más dentro de su propio campo. Entiendo que en ocasiones es necesario, y en otras, recomendable; pero esta bacanal sin sentido no la imaginaba ni en mis mejores sueños.

 

Hay quien justifica mi posesión con vagas excusas como la inundación cerebral de adrenalina en la vorágine de los partidos. Nada más lejos de la realidad. Es su vanidad, uno de mis pecados favoritos, el auténtico causante. Es de primero de football saber que en cuarto down nunca hay que interceptar. ¿Acaso se le olvida a los cornerbacks, o es más bien su afán de aparecer en los highlights lo que le lleva a priorizar hacerse con el oval antes que cortar el pase, en ocasiones, con dramáticos resultados?

 

¡Y qué decir de los runningbacks que, a sabiendas de que echando la rodilla a tierra porque un primer down basta para sentenciar el partido, porfían hasta llegar a la zona de anotación, devolviéndoles el balón al rival, y otorgándoles así la oportunidad de remontar! ¿Acaso se llevan a sí mismos en los juegos de fantasy que necesitan esos puntos? Pero más ingenuos aún, esos defensores que, sabiendo que dejarle anotar es su única remota opción de remontar, hacen todo lo posible por placarle. ¡Angelitos!

 

En el Browns-Jets de la jornada 2, si el RB Nick Chubb se hubiera ido al suelo al conseguir el primer down, Cleveland hubiese ganado el partido. En cambio, anotó el touchdown, devolviendo la posesión a los newyorkinos que, sin tiempos muertos, anotaron dos touchdowns en los dos últimos minutos para llevarse el encuentro (foto: www.clevelandbrowns.com)

 

 

La estupidez, como cualidad humana, es inseparable del football americano

Jugadas de pase cuando se debería correr, acciones de engaño cuya ejecución parece sacada del infierno, ridículas peticiones de challenge… Vosotros las achacáis a supuestos “ataques de entrenador” cuando la única realidad es mi omnipotente intervención. Nadie en vuestro triste mundo mortal es capaz de apreciar mi grandeza. Menos mal que aquí, en este olimpo inmaterial, todos reconocen mi valía. Excepto el espíritu de la envidia, obviamente.

 

Pasarán los años, y esta intercepción de Butler para sellar el triunfo patriota en la Super Bowl XLIX seguirá siendo recordada como una de las decisiones más controvertidas tomadas por Pete Carroll (foto: The two-way).

 

Espectadores sin camiseta a temperaturas polares, analistas que van de sabelotodo, celebraciones estrafalarias, reguladores que imponen normas absurdas, managers generales que, por jugadores decadentes, dilapidan elecciones de draft; u obnubilados por ellas, se desprenden de jugadores diferenciales… Las posibilidades que ofrece este deporte para la estupidez son ilimitadas. Es maravilloso.

 

Decía el gran Albert Einstein, un genio al que jamás pude poseer, que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y que no estaba muy seguro de la primera. Desde mi privilegiada posición puedo confirmarlo. Desde Adán comiéndose la manzana prohibida, la historia de la civilización ha estada repleta de personas haciendo el bobo. La estupidez es intrínseca a la condición humana, y de ahí, mi eterna vigencia. En lo tocante al football americano, si creéis que ya habéis visto todo lo imaginable, amigos míos, os acabo de volver a poseer.

 

La adquisición de McCaffrey por parte de los 49ers, todo un revulsivo para la excelente campaña de los californianos, es la demostración de que no debemos precipitarnos al considerar que el espíritu de la estupidez está involucrado en cualquier actividad de la NFL, y que debemos dejar tiempo para que se desarrollen los acontecimientos (foto: ESPN).

 

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