Análisis de los Baltimore Ravens – Parte 2 – Ataque

Quarterbacks:

Joe Flacco está lesionado de la espalda. Lleva sin entrenar buena parte del training camp, no ha jugado aún ningún partido de pretemporada y no se prevé que lo haga. De hecho, dada la falta de información precisa acerca de su proceso de recuperación –algo que se ha convertido en una desagradable costumbre en Baltimore–, quizá ni siquiera se vista de largo en el primer encuentro de liga regular. No pensé que llegaría a decir esto hablando de Flacco, pero todo el análisis que haré sobre el ataque y su influencia en la temporada de los Ravens podría reducirse a la primera frase. Si Flacco se recupera tendrá sentido leer los párrafos que van a seguir a este –más allá de la cuestionable habilidad del autor para diseccionar los arcanos del football córvido ofensivo–, pero si no lo hace la temporada está irremediablemente perdida. Y es que ni Mallett ni el camp arm que es Woodrum parecen, a priori, tener un nivel mínimo como para comandar un ataque NFL. Bien podría pensarse que este año, con lo prometedora que es la defensa, bastaría un QB a la Difler, pero es que los suplentes de Flacco no alcanzan al QB campeón de la Super Bowl XXXV. Más bien, aunque esto sería carne de otro artículo, la regresión de Flacco desde el campeonato conseguido en 2012 le asemejaría más a ese Difler, gestor de un ataque decente impulsado a lomos de una defensa brutal. Pero, como decía, eso es alejarse mucho del objetivo de este análisis, que no es otro que ver si hay vida más allá del 5 de los Ravens.

Fuente: Tampa Bay Times

Si hay algo que Harbaugh ha repetido hasta la saciedad en los últimos dos años es que el equipo busca decididamente comprometerse con el juego de carrera. Sin embargo, estas palabras no han sido más que un brindis al sol, algo que en mi opinión comienza a erosionar la imagen y la credibillidad del propio Harbaugh, al que tampoco acompañan los resultados. La pasada temporada los Ravens fueron el octavo equipo con menor número de intentos de carrera y, al mismo tiempo, el quinto peor conjunto en yardas por intento, lo que los sitúa en las antípodas de ese supuesto compromiso con el juego de carrera en el que tanto insiste el HC. Desde luego, unos números que hacen imposible cualquier aspiración real a triunfar en los playoffs. No en vano, hay que volver de nuevo a Flacco. Tras la SB de 2012, el equipo le renovó a golpe de talonario, un contrato muy discutido aún hoy en día pero que, sinceramente, se firmó en el momento y lugar idóneos para el jugador, con lo que tenía y tiene su justificación. Consecuentemente, la franquicia buscó construir el equipo en torno a su QB haciendo de este el líder, algo acorde a su salario. Una apuesta que se transformó en all-in tras la marcha de Kubiak y la llegada de Trestman, un OC pass-happy, y que de igual modo devino en un desastre cuando se evidenció que Flacco era incapaz de comandar un ataque por sí solo. Así, tras una nueva temporada sin PO, como fue la pasada, las mentes pensantes del equipo decidieron, por fin, aceptar la realidad del QB que tenían y apostar de nuevo por la carrera, algo para lo cual se decidió fichar a Greg Roman como coordinador del juego terrestre, el cual formará una suerte de sanedrín ofensivo junto con Marty Mornhinweg. Pero claro, esta reorientación del ataque córvido no contaba con la irrupción de las habituales compañeras de los Ravens en los últimos años, las lesiones.

RunningBacks:

En este sentido, el cuerpo de RBs es un verdadero erial. Terrance West parte como primer espada, un papel que ya se demostró el año pasado que le venía grande. Kenneth Dixon era la gran promesa en el juego de carrera, dados los flashes de capacidad atlética, de romper placajes y de ganar yardas tras contacto que demostró el año pasado. Sin embargo, no se vestirá de corto este próximo año por una lesión en la rodilla, season-ending. Por su parte, se ha fichado a Danny Woodhead, agente libre procedente de los Chargers, pero su rol apunta más a ser un receptor saliendo desde el backfield y a los yardajes cortos, ya que difícilmente se le puede ver como una opción de RB1 dada su edad e historial de lesiones. Completan el cuadro el jugador de tercer año Javorius “Buck” Allen, Lorenzo Taliaferro, Bobby Rainey y el UDFA Taquan Mizzell. El primero, tras una segunda temporada nefasta en todos los sentidos, parece que ha recuperado ciertas sensaciones en esta pretemporada y que, en última instancia, acabará disponiendo de oportunidades, aunque más creo que es por falta de competencia de calidad que por verdaderas capacidades propias. Taliaferro se está jugando su presencia en el roster final a través del puesto de FB que dejó huérfano Juszczyk al irse a San Francisco, además en competencia con Ricky Ortiz, un UDFA procedente de Oregon State, pero no parece que con mucho éxito de momento para ninguno de los dos. En el último partido de pretemporada frente a Miami Pat Ricard, un DE también UDFA, jugó un snap como FB, algo que también había hecho en el TC, con lo que ese puesto parece que acabará siendo para el menos malo de, esperemos para no evitarles un ridículo, los dos primeros jugadores. Finalmente, Mizzell ha demostrado alguna cosa, pero no parece ser suficiente como ganarse un puesto en el roster, aunque puede que sí en el PS. Rainey, que fue firmado como una opción real a RB3, ha estado nefasto y será cortado. Así pues, el panorama es desolador para un equipo que busca reconducir por tierra su ataque, ya que el mejor jugador de que se dispone ha venido, precisamente, para ejercer del RB receptor. Quedan algunas opciones en la agencia libre, como Ryan Matthews, recientemente cortado por los Eagles, pero las previsiones no son halagüeñas pese a haberse fichado a un entrenador competente en el puesto como Roman. El draft de 2018 debería ser un momento para ir a por un RB en las primeras rondas.

Fuente: Baltimore Sun

Ofensive Line

En cualquier caso, haya quien haya en la posición de RB el juego de carrera no puede triunfar sin una buena OL, que es precisamente lo que no hay en Baltimore. Más que no buena, diría que es terrible, a lo que habría que sumar nuevamente las lesiones. Los que partían como LG y LT a priori titulares, Nico Siragusa (elección de cuarta ronda de este año) y Alex Lewis respectivamente, han sufrido sendas lesiones que los dejarán fuera todo el año. Y, además, John Urschel, que podía jugar bien de C bien de LG/RG se ha retirado tras la publicación de un demoledor informe que apuntaba que se habían encontrado restos de CTE en el 99% de los cerebros de exjugadores de la NFL estudiados, un problema de gran envergadura para la liga. Así pues, actualmente la OL solo cuenta con dos miembros de garantías, Stanley (lesionado pero que se espera vuelva pronto) y Yanda (recuperándose de una operación en el hombro pero que también estará para el inicio de la temporada regular). Para los otros tres puestos tenemos a viejos conocidos de la franquicia. Por un lado Hurst, que está jugando una buena pretemporada, parece que será el LG titular. Jensen, que también está cuajando buenos partidos, parte como primera opción en el C. Y Austin Howard, fichado por 3 años y 16 millones procedente de Oakland (donde tuvo un mal año por las continuas lesiones), sería el RT. De hecho, tan mal está la OL que ha habido que recuperar a un veterano del año pasado como Zuttah, traspasado en marzo a los 49ers y cortado recientemente por estos. El contrato es de dos años y un máximo de 6 millones, en principio para servir como suplente de Jensen ya que su estilo de bloqueo no encaja con el que quiere imponer Roman. Por otro lado estaría Jermaine Eluemunor, elección de quinta ronda procedente de Texas A&M, un jugador bastante tosco aún en sus movimientos pero que, dada la situación de la OL, quizá salte al emparrillado más pronto que tarde. Para cerrar el fondo de armario encontramos una serie de jugadores como Matt Skura, y los ya conocidos Wesley y Nembot, de los cuales al menos uno, a priori Wesley, cerrará el roster final. En resumen, la OL es uno de los puntos débiles del equipo este año, más de lo que lo fue el pasado. En los dos partidos que llevamos de pretemporada aún no ha podido jugar ni un solo snap la que se presume OL titular, lo que perjudica gravemente su capacidad de conformar una unidad efectiva. Esto es algo que no solo afectará al juego de carrera y, por ende, al potencial ofensivo del equipo este año, sino que también lo hará decisivamente sobre la posición de QB. No olvidemos que Flacco solo hace un año que volvió de su grave lesión de rodilla y que, a día de hoy, no puede jugar por sus problemas de espalda. Si el 5 de los Ravens ha de correr por su vida tendremos una temporada muy negra. Así pues, la OL es uno de los puntos críticos del equipo, y deberá ofrecer un rendimiento cuanto menos decente si se pretenden alcanzar, como mínimo, los PO.

Fuente: Baltimore Sun

 

Wide Receivers:

Por su parte, el cuerpo de receptores no es que sea, tampoco, para tirar cohetes, aunque ciertamente sería la unidad más fuerte del ataque. La cosa pintaba bastante fea pasado el draft, siendo que ninguna de las elecciones fue para un receptor (WR o TE, teniendo a O.J. Howard a tiro en primera ronda) y dadas las salidas de Steve Smith Sr. (retirado) y Aiken (que firmó con los Colts). Sin embargo, a principios de junio los Chiefs, en un movimiento algo sorprendente, cortaban a Maclin, que diez días después firmaba con Baltimore por 2 años y 11 millones. Hubo un momento en que en el mercado estaban, como piezas más relevantes, tanto Maclin como Eric Decker, cortado por los Jets. No pocos analistas apuntaban que Decker se ajustaba mejor a lo que buscaba Baltimore, ya que sería un receptor de posesión puro y de calidad, algo de lo que carece el equipo aún a día de hoy, y que el perfil de Maclin era bastante similar al de Mike Wallace. Sea como fuere, el FO córvido decidió apostar por el ex de los Chiefs e Eagles y dio un gran impulso al cuerpo de receptores, ya que Maclin ejercerá indudablemente de WR1. Detrás de él, y como decíamos con un perfil similar, estará por segundo año Mike Wallace. La campaña pasada tuvo un comienzo fulgurante pero la segunda mitad de la RS perdió bastante fuelle. Este año se espera de él una contribución más regular, en un rol más centrado en el pase profundo, que por cierto el año pasado brilló por su ausencia. El OC debería recuperar una de las grandes virtudes de Flacco si quiere que el ataque carbure. En cualquier caso, como tercer espada encontramos a Perriman, la eterna promesa y el eterno lesionado. No por nada, a día de hoy lleva varias semanas sin entrenar y, como de costumbre, el equipo no ofrece ninguna información precisa sobre cuándo volverá, algo que recuerda a su primera temporada en la liga. El año pasado tuvo lo que a todas luces era su debut como rookie en la NFL, y aunque ofreció algunos flashes no terminó de justificar su selección en la primera ronda. Esta, su tercera campaña, debería tener un rol mucho más importante, tanto en la amenaza profunda como en los balones disputados, dado su tamaño, pero parece que no ha empezado con buen pie. Si cuaja otra mala temporada la etiqueta de bust será difícil de borrársela de la cara. Fuera de este trío, que a pleno rendimiento sería un ataque envidiable en la NFL, encontramos a una serie de jugadores de complemento pero que, por una u otra circunstancia, no parece que puedan acabar teniendo un papel relevante. En primer término, Campanaro inicia su enésima temporada prometedora, hasta que las lesiones –y ojalá que no pase– vuelvan a lastrarlo. Sus actuaciones desde el slot y como KR/PR han sido bastante buenas, lo que vendría muy bien para atacar las rutas cortas y medias, pero su fragilidad es de sobra conocida, por lo que yo no contaría demasiado con él este año. Por otra parte encontramos a Chris Moore, un jugador por el que el cuerpo técnico parece haber apostado pero que no acaba de aparecer demasiado. Año de consagración o de fracaso para él. Como sexto receptor (diría que no habrá más de 6 en el roster final) yo situaría a Quincy Adeboyejo, un UDFA de Ole Miss. Ciertamente, cuando se firmaron los UDFA de este año mi primera apuesta fue Tim Patrick, procedente de Utah, pero fue cortado a finales del mes pasado. Adeboyejo ofrece ese perfil de jugador grande, receptor de posesión, que tanto necesita el equipo, si bien queda claro que sus cualidades no son excepciones y que será una apuesta de futuro, en caso de quedarse en el roster. De momento, en los dos primeros partidos de pretemporada no lo ha hecho excepcionalmente bien, pero tampoco mal, lo que le convierte, por esa envergadura que comentaba, en el sexto receptor del equipo. Más allá de estos seis WR el más famoso del resto sería Reynolds. Su transición desde la posición de QB ha sido lenta y ha conseguido algunos progresos, pero su falta de incidencia en los partidos de pretemporada le está penalizando mucho. Una bonita historia, sí, pero que tiene pinta de no llegar a buen puerto. Otro receptor que prometía, además en competencia como WR en el slot con Reynolds y Campanaro, era Tim White, UDFA procedente de Arizona State, pero sufrió una –otra– lesión que lo tendrá en el dique seco todo el año. Finalmente, Chris Matthews parece que no irá más allá de su actuación en la SB frente los Patriots, y aunque su perfil de jugador interesa a los Ravens parece más que claro que no formará parte del equipo final. Así pues, el juego aéreo de Baltimore en lo que sus WR se refiere depende de dos jugadores en horas medias, lejos de su mejor momento, en una promesa que nunca está disponible al cien por cien, y en jugadores de complemento a los que no se les puede pedir más de lo que son. Esperemos que la suerte sonría a los Ravens, las lesiones respeten y los jugadores tengan un buen año. Sea como fuere, posición a reforzar claramente para el año que viene.

Fuente: Baltimore Ravens

Tight Ends:

Por último, en la posición de TE las protagonistas, nuevamente, son las lesiones. El que partía como TE titular, Denis Pitta, se lesionó por tercera vez de la cadera y ha sido cortado, en lo que parece que será su adiós definitivo a la liga. El año pasado fue el puerto seguro de Flacco, pero el poco yardaje conseguido con cada recepción indica una decreciente capacidad de poner en serio peligro a las defensas rivales. Por si fuera esto poco, el que se presumía recambio de Pitta, Crockett Gillmore, se ha lesionado también para todo el año, dejando un importante hueco en la posición. Gillmore es otro de esos jugadores que parecía llamado a hacer cosas relevantes pero al que las lesiones han lastrado. Corre serio peligro de no tener futuro en el equipo. Tras estos dos jugadores encontramos a varios hombres. Por un lado Ben Watson, que viene de romperse el Aquiles en el primer partido de pretemporada del año pasado. Watson tuvo una buena campaña con los Saints en 2015, pero habrá que ver cómo conjugan su edad y la grave lesión que sufrió. De momento, un rol incierto en el equipo, aunque parece que tendrá hueco en el roster final. Por otro lado está Nick Boyle, que viene de jugar solo cuatro partidos el año pasado tras una sanción por dopaje. Boyle es el mejor bloqueador del equipo y en el pasado ha demostrado capacidad atlética y fuerza para ser una amenaza en ataque. Habrá que ver si los entrenadores confían en él, dada la falta de efectivos en la posición. Igualmente está la situación de Maxx Williams, selección de segunda ronda en 2015 que no ha alcanzado el potencial que se le creía. Su puesto en la rotación de los TEs ha estado toda la pretemporada en entredicho, si bien una buena actuación frente a Miami en el segundo partido de pretemporada le ha hecho ganar enteros. Por sus capacidades debería ser una referencia en ataque, si bien en el pasado se ha cuestión su capacidad de trabajo y entreno y su compromiso con el equipo. Al igual que le pasa a otros jugadores, su año es de boom or bust. Esperemos que sea el primero, porque el equipo lo necesita. Aparte de Watson, Boyle y Williams, el cuarto TE del equipo sería, en estos momentos, Larry Donnell, firmado a finales de julio. No hizo grandes números con los Giants pero su mayor virtud es su presencia en la red zone, algo que vendría a suplir el rol de Darren Waller, suspendido todo el año por consumo de drogas. Sinceramente no creo que acabe teniendo un hueco en la plantilla, salvo lesión o debacle de alguno de los ya mentados. Por último está Vince Mayle, TE reconvertido desde la posición de WR que cuenta con pocas opciones. A principio de temporada el puesto de TE era problemático por la cantidad de jugadores que había. Esto abría un amplio abanico de opciones para los coordinadores ofensivos, con la capacidad de alinear formaciones de dos y hasta tres TEs. Sin embargo, las lesiones de Gillmore y Pitta han dado un vuelco a la situación y ahora esta es una posición, como mucho, decente. Sea como fuere, viendo la costumbre de Flacco de apoyarse en sus TEs es imperativo que alguno de los jóvenes, y especialmente Williams por sus capacidades, den un paso adelante y ayuden a un juego aéreo que presenta más dudas e incertidumbres que otra cosa.

Fuente: CBS Baltimore

En resumidas cuentas, el panorama del ataque no es muy halagüeño, para ser sinceros. Quizá peque de pesimista y esté poniendo la venda antes de la herida, pero por muchas vueltas que le doy y por muchas esperanzas que me cree no dejo de ver la realidad de un grupo que SI todo va bien puede dar un buen rendimiento. Pero, seamos sinceros, en la NFL ese SI es mucho suponer. Ojalá me equivoque, desde luego. Flacco está a medio gas, porque las lesiones no le han respetado. La OL, también arrasada por las lesiones, es más que sospechosa y no parece ser capaz ni de proteger a Flacco/monigote incapaz que eventualmente le sustituya, ni tampoco de abrir huecos para unos RBs que, además, ofrecen serias dudas. Eso sí, Yanda y Stanley me dejan algún atisbo para la esperanza. Por su parte, el juego aéreo dependerá de la eclosión de los jóvenes Boyle y Williams, y de la resurrección (aparición en el caso del último) de Maclin, Wallace (aunque menos, que el año pasado jugó bien por momentos) y Perriman, más los comparsas que decidan sumarse. Así que lo dicho, demasiadas dudas y pocas certezas, aunque también es cierto que ya es hora de que la suerte venga de cara para los Ravens. Solo hay una cosa que me hace tener algo de fe, y es que el año pasado, con un ataque igual de sospechoso y funcionando a trancas y barrancas, el equipo estuvo a punto ganar varios partidos que acabó perdiendo la defensa. Este año parece que la defensa, como nos comentaba Nacho en su análisis, será elite y no adolecerá de falta de eficacia en los últimos cuartos, con que con un rendimiento ofensivo similar al del año pasado quizá el equipo carbure. No será, desde luego, un football bonito de ver (aunque a mí particularmente me gusta más ver dominios defensivos brutales que ataques de fantasía), pero desde cuándo les importa eso a los Ravens. Recuerdo que a principios de 2013 Iñako Díaz-Guerra, en el blog Zona Roja, decía que prefería que los 49ers ganasen la Super Bowl porque no quería ir con los farsantes y sucios Ravens. Pues que me den a mí esos Ravens, con toda su suciedad, su farsa y fealdad sobre el emparrillado. Porque, a fin de cuentas, fueron campeones, y eso es lo único que importa al final. Que, sea como sea, bonito o feo, hay un campeón y 31 perdedores.

Miguel A.

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