Madrid Bravos: Esto no es rugby, bro

Quizás esto no sea una crónica al uso. Y en realidad, tampoco pretende serlo. Intentaré mantener la neutralidad, aunque me será difícil… porque sería injusto intentar describir lo vivido desde una óptica fría, como si se pudiera contar desde fuera algo que solo se entiende desde dentro. No sabría —ni querría— separar el análisis del sentimiento. Y quizá sea mejor así. Esa perspectiva, esa mirada inevitablemente inclinada, la explicaré al final… y tú, querido lector, podrás intuir el porqué. Madrid Madrid Madrid Madrid Madrid Madrid 

Nunca había estado y tenía muchas ganas. Tras algún intento fallido, por fin podía trasladarme y acudir a Vallehermoso. En este discreto barrio madrileño existe un hábitat donde los cascos chocan, los balones se atrapan… donde los jugadores en buena lid dan todo lo que tienen, ayudados por la adrenalina que bombea su cuerpo… y por el aliento de cientos y cientos de seguidores que, incluso como yo, disfrutamos de nuestra primera Estampida.

Y es que no sabía exactamente con qué me iba a encontrar, pero tenía un pálpito, algo quería decirme que no iba a ser una noche cualquiera. Y no solo era un pálpito sobre el partido, sino por todo en general: por el ambiente, por la gente, por la promesa de una experiencia que, aún sin haber comenzado, ya se sentía distinta. Dos equipos iban a enfrentarse. Por un lado, Fehérvár Enthroners, llegados desde Hungría, dispuestos a plantar cara e intentar dar la sorpresa. Por el otro, los locales, los Madrid Bravos, querían brindar a su afición un gran juego y, con él, llevarse el gato al agua.

Pero lo cierto es que, para el aficionado, el partido empieza mucho antes del primer silbato. Empieza en la Power Party, ese preámbulo festivo que arranca horas antes del kickoff y que ya huele a football. Hay juegos para los niños y no tan niños, mesas para reencontrarse con camaradas y vecinos de asiento, y una variedad de bebidas —algunas inofensivas, otras espirituosas— para refrescar el gaznate e ir templando la garganta. Porque aquí no solo se viene a mirar. Se viene a compartir, a formar parte, a rugir… y a animar a pleno pulmón. Y quienes llegan por primera vez, también encuentran su sitio. Conocen gente, descubren si siguen al mismo equipo de la NFL o incluso del college, se sienten parte de una comunidad que profesa con pasión la religión del football. Y eso, inevitablemente —y gracias a Madrid Bravosune.

No marcaba aún la hora del comienzo oficial del partido cuando un rotor empezó a sonar. Un helicóptero de la Guardia Civil comenzó a sobrevolar el estadio para proceder a depositar el balón de juego. Para ello, un miembro de la Benemérita descendió desde la aeronave para entregarlo en el centro del campo. Un gesto tan simbólico como espectacular, que sirvió para que Vallehermoso tapase el estruendo de las aspas con sus aplausos y sus gargantas rugiendo. La afición ya calentaba la cita que tan minuciosamente había preparado el equipo.

Momentos previos al saque inicial

El kickoff, realizado tras la cuenta atrás, marcó el arranque de un partido que fue, desde el primer minuto, un homenaje a la Benemérita. Un reconocimiento sincero a su labor incansable, a su entrega cuando se les requiere y a su firme vocación de servicio. Todo ello siempre bajo su lema, que para ellos no son palabras vacías: “El honor es mi divisa.”

Con ese balón en juego, arrancó una noche en la que el equipo local quería seguir enganchado a la lucha por los playoffs. Para eso, debían conseguir su quinta victoria de la temporada, y jaleados por la Estampida, empezaron a cimentar su triunfo desde el primer drive. Con Reid Sinnett al mando de las operaciones, el primer touchdown no tardaría en llegar. Aron Mervyn Cruickshank inauguraba el marcador al recibir un pase de Sinnett antes de cumplirse el minuto cinco de juego.

Los Bravos pusieron velocidad de crucero y, quedando casi la mitad del primer cuarto, volvieron a anotar. Esta vez, Reid Sinnett conectó con Raúl Cernuda y el equipo local se ponía ya 14-0.

Fue al comienzo del segundo cuarto cuando llegó el tercer touchdown del partido, y el segundo en la cuenta particular de Cruickshank. La grada jaleaba a los suyos y con razón. La comunión era perfecta.

Los húngaros no perdieron la cara al partido y, fruto de su lucha e insistencia, acabaron anotando gracias a una carrera por el medio de Kende Rathonyi. El marcador se situaba en 21-7, y así se llegó al descanso.

Una vez reanudado el juego, y tras el aviso dado por los visitantes de que no iban a rendirse, Bravos se conjuró para que así no fuera. La respuesta fue inmediata y colectiva, y tuvo como punta de lanza a Edu Molina. En un despliegue variado de la ofensiva madrileña, Molina se convirtió en un estilete constante, mostrando todo su repertorio. Ya fuera ejecutando spin moves, avanzando con potencia, usando el stiff arm o incluso saltando por encima del rival, el tercer cuarto fue, sin discusión, suyo. Anotó tres touchdowns en ese periodo y dejó prácticamente sentenciado el encuentro.

Apoyo húngaro desde la grada / Alberto Herrero @AlbertoHerreroH

Pero como se había visto desde el inicio, los de Fehérvár no se rendían. Seguían en el partido, empujados por las ganas… y por dos de sus seguidores más fieles, que desde la grada —cerca del sector de prensa— no dejaron de animar. Primero, el número 44 Gavin Anthony Potter logró un safety tras atrapar a la ofensiva local en su propia zona de anotación. Después, el número 12, Tihomir Todorov, consiguió un nuevo touchdown para Fehérvár Enthroners, aunque fallaron el intento de conversión de dos puntos. El marcador se situaba en 42-15.

Un minuto después, Iván López, que había sustituido a Reid Sinnett a los mandos de la ofensiva para disputar los últimos minutos, conectó un pase con Jordi Torrededia, que sumó el último touchdown de Madrid Bravos… o al menos eso se creía.

Pero no fue así. Como ya habían demostrado, el equipo magiar no se desentendía del juego ni del espíritu competitivo. A apenas veinte segundos del final, una conexión entre el quarterback suplente, Máté Hegedüs, y el mejor jugador de los visitantes, Jon Cole, cerró el partido con el último touchdown, dejando el marcador en un definitivo 49-22.

Mención especial para Álvaro Peñas, que no falló ninguno de los siete extra points que tuvo que patear. Regularidad, confianza y precisión, también desde el pie.

El partido acabó como las apuestas dictaban, con una victoria solvente del equipo local, pero honra merece el equipo visitante, que demostró coraje y pundonor pese a la derrota. Quizás la noticia triste de la jornada fue la posible lesión de Dyvonne Inyang, quien esperamos que haya quedado solo en un susto y no sea grave. Deseamos verle pronto de nuevo en el terreno de juego.

Edu Molina zafándose de un contrario / Elf.com

Podríamos hablar del gran liderazgo de Reid Sinnett, del despliegue de Edu Molina, de jugadores defensivos como Andy Vera o Michael Quinton Witherspoon, quienes torpedearon con contundencia los intentos continuos de la ofensiva aérea de los Enthroners… Pero creo que lo primordial es hablar de Bravos. De cómo, en un partido que podría haberse considerado de trámite (siempre desde el respeto al rival), cabía esperar un descenso en la afluencia de público a Vallehermoso.

Pero afortunadamente no fue así. Este proyecto goza de buena salud y está enraizando con fuerza en la capital. Y es que no solo la NFL atrae a curiosos al mundo del football. También lo hace Madrid Bravos, desde su casa en Vallehermoso, donde más de 3.000 gargantas se unieron para apoyar al equipo local. Estoy seguro de que muchos profanos se acercan movidos por la curiosidad de “ver de qué va esto”, o porque su descendencia quiere presenciar “ese deporte tan raro”, como alguno lo define. Y digo descendencia, porque este deporte también tiene una base femenina fuerte en nuestro país. No hace falta recordar que las chicas del Team Spain son campeonas de Europa.

Cuando llegué a Madrid, tras una odisea de retrasos entre catenarias, tenía claro que venía a disfrutar del football y de grandes amigos: la combinación perfecta. Pero lo que no esperaba era encontrar una pasión desbordante y contagiosa. Sentirme atrapado en medio de algo que quizás no atine a describir con palabras de forma precisa. ¿O quizás sí?

Y quizás haya intentado ser, al final, algo neutral… pero me ha sido imposible.
Porque, como bien podríamos decir: una vez que estás dentro, ya eres parte de la Estampida.
Esa Estampida que lleva en volandas a su equipo, aunque a veces no tenga la mejor de las suertes.
Esa Estampida fiel y leal, a la que cada vez se suma más gente.
Esa Estampida de la que yo, aunque esté a kilómetros de distancia, formo parte.

Y sí, hay que decirlo nítidamente:
Madrid es tierra de football. España es tierra de football.
Hubo una vez que un ilustre dijo: “Y la gente confunde el fútbol americano con el rugby…”
Y eso, ahora mismo —gracias no solo a los equipos y jugadores que pueblan las distintas ciudades, sino también a Madrid Bravos— está dejando de pasar, afortunadamente.
Como dicen en algunas de sus camisetas: “It’s not rugby, bro.”

@ElChicodelDAI