Parsons rompió la baraja

Los Dallas Cowboys lo han vuelto a hacer y han conseguido, otra vez, monopolizar el verano con un nuevo telefilme. Si les gustó la temporada de Zack Martin y CeeDee Lamb, no duden de que Micah Parsons no les dejará indiferentes. Llevamos tantos años con ello que, al final, Netflix debería pensar seriamente en monetizarlo. De hecho, ya lo hace con las cheerleaders por qué no con los jugadores. Además, si existieran premios Emmy en la NFL, Jerry Jones tendría una estantería llena.

Los Cowboys deberían centrarse, únicamente, en cómo poner en marcha una compleja maquinaria, llena de nuevas caras y con un nuevo cuerpo técnico para afrontar una difícil temporada. La dirección del equipo ha decidido restar protagonismo a las numerosas lesiones y a las peleas que se están produciendo en este training camp para centrar la atención en un nuevo culebrón de verano, con la manida temática de una renovación de contrato.

Micah Parsons manifestó, formalmente, el viernes 1 de agosto su deseo de no continuar en el equipo. Normalmente cuando un jugador pide un trade la noticia siguiente suele ser su renovación. De hecho, este mismo año, Myles Garrett manifestó en febrero que no quería volver a jugar en los Browns y en marzo, tras firmar un nuevo contrato de 40 millones por temporada, dijo que su objetivo siempre ha sido el de traer un campeonato a Ohio.

Por eso, así, sin analizar, las declaraciones de Micah Parsons parecen sonar, simplemente, a un forzado ultimátum. Quizás a golpe encima de la mesa, a rabieta de hombre adulto. Tal vez, a contraataque, a una estrategia para manejar el relato y a empoderarse de la situación dándole a Jerry Jones donde más le duele, no me refiero a su cartera sino a su ego, a su imagen de dandy texano que solo busca lo mejor para su franquicia y sus aficionados. A desenmascarar su falso paternalismo y a denunciarlo como el avaro y cruel Jones. El desalmado señor Burns, de la serie Los Simpsons.

 

Los aficionados saben lo que quieren / Dan Greenspan, apnews.com

 

No obstante, una exégesis más sesuda de las declaraciones de Micah Parsons muestran un mensaje más visceral, un texto nacido de los intestinos en el que el ala defensiva de los boys se sincera y lo suelta todo. Su tristeza, su frustración, su furia y su sincero, pero poco madurado deseo de salir de los Cowboys de una vez por todas porque está harto.

Si un jugador quiere un nuevo contrato solo tiene que manifestarlo, a veces ausentándose de los entrenamientos, como ya hicieron Lamb y Martin, o pidiendo un trade, pero Parsons no ha pedido un transfer, Parsons ha publicado su epitafio vaquero. Un texto escrito en el “notes” de su IPhone y capturado en tres imágenes con un discurso emotivo, sentido y desgarrador que va más allá (o eso parece) de la estrategia negociadora urdida por un astuto representante. Un texto en el que Parsons se desnuda ante la afición de los Cowboys y justifica el porqué de su decisión.

  • Yo quería estar aquí e hice todo lo posible para demostrar que quería ser un Cowboy. […] Desafortunadamente, ya no quiero estar aquí. […] He tomado una difícil decisión, ya no quiero jugar más para los Dallas Cowboys”.

Sinceramente, es difícil, y sería hasta indignante, entender estas palabras como una estratagema para conseguir un nuevo contrato. Más bien suenan a una confesión del alma. En ese texto, Micah manifiesta que ya era un cowboy en Pensilvania y que siempre lo ha dado todo por el equipo y que nunca ha querido forzar una negociación ventajosa pero que se ha hartado de que se rían de él.

Bien es cierto que todo esto, dentro de unas semanas, puede tornarse en cualquier cosa. El dinero sana todas las heridas y minimiza daños, pero sinceramente creo que el discurso de Parsons va más allá del dinero y que esas palabras no van a sentar nada bien en el seno de la familia Jones.

 

Jerry & Micah / Cowboys.com

 

De hecho, Jerry Jones, esa diva desfasada pero insaciable de protagonismo ha vuelto a tener ese brillo en los ojos y, obviamente, ya ha salido al paso de las declaraciones de Parsons.

  • Lo que no saben es lo que le ofrecí y es muchísimo más de lo que creen. […] Eso es lo que no saben… Pero lo que quiero decir es que llegué. Que quede claro. Llegué”.

Jerry Jones lo ha vuelto a hacer. Minusvalora las palabras de Parsons y las desenmascara como una simple treta negociadora. Se siente dolido y decepcionado con Micah y lo exhibe como otro mercenario más, preocupado por su dinero pero poco comprometido. Jerry, con su sarcasmo socarrón habitual, ya ha frivolizado con la lesión de espalda del ala defensiva.

La pregunta en todo esto es ¿Cuál es el papel del agente David Mulugheta? ¿Por qué está permitiendo que sea su jugador el que se exponga y se desgaste? ¿Por qué no ha cerrado ya el acuerdo?

Entiendo todas las dificultades que los Jones van a poner y todos los obstáculos en el camino pero Mulugheta, reconocido y premiado agente, ya ha dejado que su representado haya tenido que exponerse ¡2 veces!

Micah Parson es el más talentoso “caza mariscales” de la NFL pero no es un negociador. Precisamente, por eso, los deportistas de élite tienen agente para que no les engañen pero, especialmente, para que no les desgasten.

Mulugheta tuvo que haber advertido e impedido la encerrona de los Jones, en marzo, cuando a puerta cerrada negociaron directamente un contrato con Micah Parsons al que ahora se remiten. Y Mulugheta, y solo él, debería estar ejerciendo de portavoz de Micah Parsons en vez de dejar que su representado, del que también cobra, salga a la palestra. Quizás debería aprender de los agentes de Zeke Elliot y Dak Prescott.

Créanme, la fama de Mulugheta se basa solo en su capacidad de conseguir mucho dinero en los contratos y esa es la estrategia que ha querido seguir, pero creo que en este caso el dinero no era lo más importante. Al menos, según Parsons. En ese sentido, un buen representante tiene que conseguir no solo dinero sino evitar dramas, proteger a su jugador y centrarse en los deseos y el bienestar de su cliente.

En toda negociación hay que evitar que haya un ganador y un perdedor, pero en esta, además, hay que intentar que por encima de todo haya sanación. Gestos por ambas partes que permitan superar el conflicto y no será fácil.

Hay tres posibles escenarios. Los Jones, a pesar de su fobia por los agentes, podrían llamar a Mulugheta, ser generosos y pedir disculpas al jugador. Micah Parsons podría perdonar alguna cosa, besar la estrella, jurar amor eterno y llegar a una foto de familia unida. Seguramente, lo más sensato pero lo más improbable.

 

David Mulugheta / forbes.com

 

Mulugheta puede jugar la carta del despecho y exigir la luna y hasta conseguirla o perder la batalla contra los Jones y tener a su representado pululando como un alma en pena en el campo de entrenamiento durante interminables jornadas sin que los Jones le vuelvan a mirar a la cara.

Desgraciadamente, ese parece el escenario más probable. Micah Parsons tiene contrato para toda la temporada y, además, puede recibir una etiqueta de jugador franquicia y los Jones asegurar legalmente su presencia en el roster de 2026. En ese sentido la franquicia tiene la sartén por el mango, aunque no hay que subestimar la capacidad de Parsons para ganarse a la prensa y a la afición, lo cual no es baladí.

Micah Parsons podría dar una vuelta de tuerca más e irse de Oxnard y no volver a aparecer por las instalaciones hasta no ser traspasado, para nada descartable. Incluso negarse a volver a jugar. Ese horizonte no lo transita nadie desde que lo hiciera Emmitt Smith hace más de treinta años.

En las últimas horas también ha empezado la especulación sobre dónde podría acabar Parsons, qué franquicia tiene espacio salarial, necesidad, ambición, cuánto vale Parsons, etc. Sinceramente, no parece un escenario sencillo. Hace años qué nadie ha hipotecado el futuro de una franquicia en una apuesta así y las últimas experiencias tampoco han sido satisfactorias. Si algún equipo va a por él lo hará a la baja y sin perder la cabeza, algo que soliviantaría aun más a la fanaticada tejana.

Otra pregunta interesante es ¿y Schotenheimer qué opina de todo esto? Sin duda, un head coach debería ejercer como juez y parte en un tema así, reconducir la situación, forzar a las partes y hacer de mediador, pero ese es el problema de tener un entrenador en jefe de perfil bajo.

Por eso, cuando la gente se pregunta cómo pueden los Cowboys estar fuera de la lucha por los títulos, permanentemente, desde hace casi treinta años. La respuesta es clara. Dallas lleva muchos años repitiendo errores. Pase lo que pase con Parsons, va a afectar a la plantilla y va a afectar en el rendimiento del equipo esta temporada. Trabajando así, jamás conseguirán algo grande.

Por último, no querría dejarlo pasar. ¿Se acuerdan de la polémica entre Parsons y Lawrence? Micah le faltó al respeto a toda una institución que salió del equipo, después de once años, ante la inacción de la franquicia. Quizás, ahora, Micah sepa lo que se siente.

 

 

Billie Donarly | @Donarly74