La importancia del número 4

Una nueva temporada comienza. Y, de nuevo, en el estado de Ohio renace la esperanza de aquellos que, con motivos de sobra para haberla perdido, siguen con la esperanza de que un día, no muy lejano, puedan ver a su equipo levantar el trofeo Lombardi. Así es la afición de los Cleveland Browns.

Sí. Evidentemente el título delata, en parte, el contenido de este escrito. El número 4. El número que portará en su dorsal Deshaun Watson.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que no se ha escrito tanto de un QB como de él en 2022 y, lamentablemente, para mal. No sin razón. Pero de eso ya han hablado suficiente. Aquí hablaremos de football.

Watson llegó a Cleveland para ser, por fin, el quarterback (en adelante QB) franquicia de un equipo que pensaba hace pocos años que ya había encontrado al suyo (Baker Mayfield). De hecho, muchos lo pensamos. Yo el primero. Y reconozco que la elección de Mayfield me provocó lágrimas de alegría. Era el QB que la franquicia necesitaba. Así lo sigo pensando, pero su ego y su incapacidad de cambiar su football le impidió (en opinión de este humilde fan), mantenerse como titular indiscutible de los Browns.

Así pues, llega la hora Watson. Y digo llega porque lo que vimos de él la temporada pasada quiero pensar que no es más que la adaptación de aquel que lleva muchos partidos sin jugar, y sin entrenar. No obstante, para aquel que quiera. Estos fueron sus números la temporada pasada. Un absoluto desastre.

 

 

Pero si algo tiene el talento es que no desaparece, no se esfuma así como así. Y él tiene talento de sobra para ser uno de los mejores QB’s de toda la NFL. Así pues, los Cleveland Browns se aferrarán este año al número 4. A Deshaun Watson.

Pero no sólo se aferrarán al 4. También al 24. A Nick Chubb. Al hombre que siempre está, que siempre cumple. El año pasado volvió a demostrar ser uno de los mejores Running Backs de la liga, y este año, con la amenaza de Watson, debería mejorar exponencialmente sus números.

Si ambos cumplen al nivel esperado otro 4, 1964 podría, por fin, pasar a ser el año que los Browns ganaron su último campeonato (si, previo a la Super Bowl, pero campeonato de football americano al fin y al cabo).

Y si seguimos hablando del número 4. Hace escasas horas (días depende de cuando salga este artículo), los Browns incorporan Za’darius Smith que puede cambiar por completo la fisonomía de la defensa, no sólo por el talento de éste sino por la imperiosa necesidad de un Linebacker en el equipo de la ciudad de Cleveland.

Pero no. La importancia del número 4 no viene ni por Watson, ni por Chubb, ni por ese 1964, ni por lógicamente, la contratación de Smith.

Es el cuarto año de la era Stefanski. Y no es un año cualquiera, es EL AÑO. Ya no hay excusas en las que esconderse. Tiene a un QB cuyo talento está contrastado, tiene una línea ofensiva élite (más aún si Jedrick Wills Jr. quiere aspirar a seguir en la NFL), tiene a un RB top 3 de la liga y tiene un cuerpo de receptores más que interesante. Sin apenas cap space (los Browns son el equipo número 28 en ese aspecto según la web de Spotrac), cap space que, en mi humilde opinión, no está malgastado sino muy bien utilizado en jugadores que valen exactamente eso o más. El trabajo de Berry en los despachos en cuanto a ese aspecto es admirable (no tanto quizás en lo que al draft se refiere).

De ahí que todo parece indicar que un mal año, o incluso un mal inicio, puede suponer el fin del experimento Stefanski. Y digo experimento porque el que redacta este texto no confía en él. Desconfianza que no viene del año pasado sino, sobre todo, del año de las lesiones de Mayfield y la nefasta gestión de Stefanski. Ojalá veamos al Stefanski de su primer año y, por la cuenta que le trae, más le vale porque como empiece mal la temporada puede que ni la acabe.

 

Baker Mayfield en su época Brown / sbnation.com

 

Nadie quiere que sea un one year wonder en el capítulo de los entrenadores pero a nadie escapa que sus dos últimas temporadas pueden calificarse de suspenso. En 2021 no supo gestionar la lesión de Mayfield (cabe recordar que incluso jugó contra un equipo que iba 0-9-1 como los Lions, cuando tenía al mejor backup de toda la liga). Y aquel partido se ganó 13 a 10. Ni la utilización de OBJ (que hizo más TD en media temporada en los Rams que en su tiempo en Cleveland).

En 2022 su gestión de los últimos cuartos le hizo quedar en evidencia en muchas ocasiones generando una sensación de impotencia, de falta de talento (el doble QB Sneak). Tampoco supo gestionar el apartado defensivo donde un Joe Woods había perdido por completo el vestuario y donde vimos jugadores estrella, literalmente, pasando de placar.

Este 2023 empieza fuerte. Tres partidos divisionales junto con la visita de Titans al First Energy Stadium.  Esos tres partidos no sólo marcarán la temporada de los Cleveland Browns, sino, sobre todo de Kevin Stefanski.

Y si acaba despedido no tendrá excusas. Este año 4 de la era Stefanski puede marcar la vuelta a los “Same old Browns” buscando, otra vez, un entrenador que sea capaz de gestionar una plantilla con mucho más talento que lo que indica su situación en la tabla de resultados.

 

@EspBrowns

Un comentario sobre “La importancia del número 4

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *