En la historia de la NFL han existido jugadores que brillaron por sus títulos o por sus logros, no obstante, son pocos los que consiguen ganar y todavía menos, un élite, los que no solo ganan sino que también destacan.
Craig Morton no está en este grupo aunque, posiblemente, podría haber estado. Si las cosas hubieran sido diferentes en uno o dos partidos, tal vez estaríamos hablando de otra cosa, sin embargo, la biografía deportiva de Graig Morton se define por su resiliencia y su capacidad de resistencia ante la adversidad. No obstante, Morton fue el primer hombre en la historia en llevar a dos franquicias distintas al Super Bowl como titular, pero su legado va mucho más allá de ese dato estadístico. Su vida es una narrativa de talento ensombrecido, redención tardía y sometimiento a una dureza física que hoy sería inconcebible. Craig Morton fue, ante todo, un superviviente en una era donde los quarterbacks tenían que abrirse camino y demostrar una resistencia ímproba ante el castigo de las defensas.
La guerra por trono de los Cowboys
Antes de convertirse en una leyenda profesional, Craig Morton ya era un atleta de facultades y proporciones notables. En la costa oeste, en la Universidad de California, se consagró como un unánime All-American gracias a su letal brazo, compaginando el football con el basebol, donde fue una de las grandes estrellas del equipo universitario. Su planta de 193 centímetros y su fuerza natural hicieron que los Dallas Cowboys lo seleccionaran en 1965 como la quinta elección global del Draft.
«Solíamos seleccionar un mariscal de campo cada año«, comentaba Gil Brandt, jefe de cazatalentos de los Cowboys. «Creíamos firmemente que nunca se tienen demasiados. Simplemente queríamos ver cuáles serían las posibilidades a largo plazo de cualquiera de ellos«.
Su llegada a Texas coincidió con la madurez de Don Meredith, el carismático líder original de los Cowboys. Durante cuatro años, Morton fue el alumno paciente bajo la tutela del legendario Tom Landry. En el vestuario, Morton destacaba también por su carisma: era un soltero codiciado, una figura de la escena social que disfrutaba de la vida en Dallas, pero todo cambió en 1969. Don Meredith se retiró abruptamente y, al mismo tiempo, un joven graduado de la Academia Naval llamado Roger Staubach se unió al equipo tras cumplir su servicio militar en Vietnam.
Staubach era un año mayor que Morton y fue elegido por los Cowboys en el draft un año antes que Morton, pero técnicamente era un novato. Los jugadores de Navy se deben a su patria y deben priorizar el servicio militar, por eso, Roger llegó ya casado y su perfil familiar y metódico contrastaba radicalmente con la naturaleza más libre de Craig Morton. Lo que sigue ahora es la historia de una de las rivalidades más famosas, más incómodas y divisivas en la historia de la NFL.
La temporada de 1970 fue un reflejo de lo que exigiría la NFL de Craig Morton. A pesar de que no empezó de titular, Craig Morton lideró a los Cowboys hasta el Super Bowl V, pero lo hizo bajo un calvario físico hoy impensable. Morton jugó 11 partidos con el hombro derecho (su brazo de lanzar) completamente separado. Sin las regulaciones actuales de protección médica, la rutina dominical consistía en inyecciones de analgésicos, parches, vendajes y a jugar. «Gritaba de dolor cada vez que lanzaba, veía las estrellas», recordaba Morton décadas después. A esto se le sumó una dolorosa infección en el codo, pero, aun así, firmó un rating de 89.8, el mejor de la franquicia hasta ese momento.

En aquella final contra los Baltimore Colts (Super Bowl V) recordada como el Blunder Bowl por la cantidad de errores de ambos bandos, los Cowboys perdieron 16-13, y Morton fue, quizás injustamente, señalado por una intercepción tardía que truncó el título. -«No jugué muy bien«, reconoció el propio Morton años más tarde.
Craig Morton ya había sido testigo directo de las dificultades que tuvo su predecesor, Don Meredith, en los Cowboys. Dallas tuvo dos traumáticas derrotas consecutivas ante Green Bay en la final por el Campeonato de la NFL en 1966 y 1967 con Don Maredith como quarterback titular. La primera en casa y la segunda en Lambeau Field, en el famoso “Ice Bowl”, donde perdieron por una jugada de engaño a falta de 16 segundos para el final. La afición texana gritaba: –“Queremos a Morton, queremos a Morton”.
En 1971, Tom Landry tomó una decisión arriesgada e insólita: alternar a sus dos quarterbacks en cada partido e incluso alternarlos durante un mismo partido. La decisión de Landry llegó a rozar lo estrambótico en Chicago, cuando Landry llegó a alternarlos en cada jugada. Morton y Staubach entraban y salían del campo tras cada snap. La situación era insostenible y destruía el ritmo de ambos. Finalmente, Landry se decantó por la movilidad de Staubach y este llevó a los Cowboys a ganar su primer anillo en el Super Bowl VI, tras nueve victorias consecutivas.
Craig Morton siguió disputando la titularidad a «Roger the Dodger« durante la siguiente temporada, pero, finalmente, Staubach se convirtió en el quarterback titular de los “boys” con el beneplácito del público y de Tom Landry. Cansado de tanto desgaste mental y frustración, Morton pidió ser traspasado y los Cowboys le complacieron en 1974.
El Calvario de Nueva York
Si en Dallas Craig Morton tuvo que pelear por la titularidad, en Nueva York sus problemas fueron otros. Morton llegó a una franquicia en plena crisis de identidad y con muy poco talento a su alrededor, de manera que apenas pudo ganar ocho partidos de los veinticinco que disputó con los Giants en casi tres temporadas. Nueva York fue un desierto de decepciones, con líneas ofensivas porosas y un equipo sin dirección, mal gestionado.
A pesar de acumular más intercepciones que touchdowns, debido al colapso general del equipo, Morton demostró su mayor virtud: su inquebrantable resiliencia. En una liga con escasez de quarterbacks competentes pero con una competencia salvaje, Morton aguantaba el castigo físico y el abuso de la prensa neoyorquina porque sabía que, si no jugaba lesionado, perdería su puesto. Esa tenacidad implacable llamó la atención de un viejo conocido en las Rocosas.
La Resurrección en Denver y la «Orange Crush»
En 1977, a los 34 años y con un cuerpo castigado por las cirugías, Craig Morton fue traspasado a los Denver Broncos. Nadie esperaba gran cosa de un veterano que parecía acabado, pero su impacto fue sísmico e inmediato. Desde su llegada, inyectó una mentalidad ganadora inédita en la franquicia: lideró a los Broncos a un registro perfecto en la pretemporada y, posteriormente, firmó una temporada regular histórica con un récord de 12-2, asegurando el primer título divisional de la AFC Oeste de los Broncos y su primera clasificación a los playoffs en su historia.
Aquella temporada de 1977 fue mágica. Craig Morton, moviéndose con dificultad debido a sus problemas crónicos de cadera y espalda, capitaneó el ataque apoyado en una defensa histórica conocida como la «Orange Crush». Su liderazgo le valió el premio al Jugador Ofensivo del Año de la AFC.
El clímax llegó en el juego por el campeonato de la AFC contra los Oakland Raiders. Craig Morton había pasado la semana previa al partido en el hospital por un dolor de espalda insoportable. Morton solo abandonó su convalecencia para salir al campo contra los Raiders, completar diez pases de veinte y lanzar dos pases de touchdown, ambos a Haven Moses, el primero de ellos muy meritorio que llevaron a los Broncos a su primer Super Bowl. Denver es el único equipo en la historia que ganó su conferencia en su primer año de playoffs.
El destino, siempre caprichoso, quiso que en el Super Bowl XII Craig Morton se enfrentara a sus antiguos Dallas Cowboys y a su némesis: Roger Staubach.
Aquel 15 de enero de 1979, en Nueva Orleans, en el que Craig Morton jugaba su segundo Super Bowl como quarterback titular, esta vez de los Denver Broncos, tampoco pasó a la historia de los hitos del californiano. Denver perdió aquel partido tras ser literalmente «demolido» por la mítica defensa del día del juicio final (Doomsday Defense) de los Cowboys. Denver no tuvo una sola oportunidad.
La defensa de los Cowboys dominó el partido, forzando ocho pérdidas de balón y permitiendo solo ocho pases completos de los Broncos para 61 yardas. Los Cowboys capitalizaron dos intercepciones en el primer cuarto en los primeros 10 puntos del partido. Y dos jugadores defensivos de los Cowboys compartieron en MVP: Harvey Martin y Randy White.

Craig Morton jugó uno de los peores partidos de su historia, con un índice pasador (passer rating) de cero, el único quarterback que ostenta ese “mérito” en la historia de la NFL. En el tercer cuarto fue sustituido por Norris Weese quien, a la postre, dio el pase del único touchdown de su equipo. Aún así, este nuevo fracaso no puede minusvalorar la temporada de Morton quién transformó a un equipo históricamente perdedor en un equipo aspirante al título.
El guerrero de las Rocosas
Lo que hace especial la historia de Morton no son solo sus números, sino el precio que pagó por ellos. En sus seis temporadas con los Broncos (1977-1982), se convirtió en uno de los pasadores más prolíficos de la historia del club. Disputó 84 partidos de temporada regular, completando 907 pases de 1,594 intentos para un total de 11,855 yardas y 74 touchdowns. Cuando se retiró, ocupaba el segundo lugar histórico de la franquicia en prácticamente todas las categorías de pase, solo por detrás de Frank Tripucka, algo que más tarde superaría John Elway.
En 1981, a los 38 años, firmó una de las temporadas, estadísticamente, más eficientes de su carrera, demostrando que su inteligencia táctica superaba cualquier limitación física. Debido a su impacto, los Broncos lo nombraron unánimemente el “quarterback de la década de los 70” y, en 1988, se convirtió en el séptimo miembro del prestigioso “Denver Broncos Ring of Fame”.

Epílogo: El hombre detrás del casco.
Craig Morton falleció el pasado 9 de mayo a los 83 años, dejando tras de sí un vacío en la comunidad del fútbol americano. Tras su retiro, no se alejó del deporte; fue entrenador de los Denver Gold en la efímera liga USFL y posteriormente se dedicó al negocio del petróleo.
Sin embargo, su mayor legado fuera de los campos fue su enorme corazón: lejos de los focos de su época de jugador, crio a sus dos hijos y ejerció con orgullo como padre de acogida para niños desamparados, devolviendo a la comunidad gran parte del cariño que recibió.
Su historia es un recordatorio de que el éxito no solo debería medirse en títulos. Craig Morton fue el hombre que sobrevivió a Landry y Staubach, el que resistió el hundimiento de los Giants y el que dio alma a los Broncos. En esencia, fue un quarterback que se negó a rendirse, un héroe de una era donde jugar lesionado era una rutina, una exigencia para conservar el trabajo. Su alma ya descansa en paz y su nombre descansa en el Ring of Fame de los Broncos y en el Salón de la Fama del Fútbol Americano Universitario, pero su verdadera casa está en la memoria de aquellos fans que lo vieron levantarse una y otra vez del césped del emparrillado.
Billie Donarly | @Donarly74