¿Y ahora, qué?

El juez ratificó la sentencia con un golpe de su maza. El reo, aun incrédulo ante semejante y desproporcionada pena, seguía clamando por su inocencia. De no haber llevado las manos esposadas a la espalda, se hubiera cubierto con ellas el rostro para que sus familiares y amigos no viesen que lloraba. 7 meses y un día había dictaminado su señoría. ¿Qué delito había cometido para sufrir tan injusta condena? 7 meses y un día sin NFL. De camino a los calabozos se preguntaba si lo soportaría.

Tan prolongado encierro da tiempo para pensar. Las jornadas pasan despacio para el preso sin otra ocupación que marcar en la pared con un pequeño alambre palitos verticales atravesados por otro oblicuo cada 5 días. Es cierto que existen distracciones. Las visitas, los vis-a-vis, los paseos por el patio… La agencia libre, el draft, la pretemporada… le ayudan a sobrellevar la privación, pero no es lo mismo. Se plantea cómo llegó a esta situación.

Cuando alguien decide aficionarse al football americano (siempre y cuando esta adicción sea realmente consciente, algo en lo que no todos los entendidos están de acuerdo) debe saber a lo que renuncia. Nadie dijo que fuese fácil. No se hace para conversar sobre ello en el trabajo o en la cantina de la universidad. Cuentas con que serás señalado como el raro. Es complicado convencer a la pareja que durante 5 meses al año, salvo quizá las jornadas de bye de tu equipo, estarás ausente a partir de las 7 los domingos. Que las ojeras te llegarán al suelo los lunes. Que odias ir de compras, pero cada poco llega una camiseta desde china con grandes números en el pecho.


La NFL es una forma de vida.

Es imposible explicar a quien no la conozca que la NFL es una forma de vida. O de muerte, según se mire. El castigo al que sometemos al sistema cardíaco no es ni medio normal. Subidones de adrenalina y bajones depresivos. El aislamiento social al que nos exponemos, tampoco es baladí. Lo sabemos, y aun así somos incapaces de desenganchamos. Quizá porque las lecciones que aprendemos, las podemos aplicar al día a día.

Nunca hay que desfallecer. Nada está perdido hasta el último segundo. Incluso cuando parezca que el objetivo es imposible de alcanzar, debes perseverar. Sabes que Cenicienta no es un cuento porque lo has visto convertirse en realidad demasiadas veces. La historia de Foles, un jornalero prácticamente desahuciado para la NFL convertido en MVP de la final más apoteósica de todos los tiempos, es tan extraordinaria como la de Brady, aquel quarterback flacucho, de quien todos se reían cuando salió en 6ª ronda, transformado después en un jugador de leyenda. Si crees en ti mismo, comprobarás que los sueños se pueden cumplir.

Pero con llegar no es suficiente. Acabar la carrera, conseguir un trabajo, ser aceptado por tu pareja, es sólo el primer paso de muchos. Hay que pelear a diario como el primer día. La competencia es feroz, pero nos hace mejores. Brady desolado por no ganar su ¡sexto! anillo. No ha habido quarterback más laureado, y pasarán años hasta que llegue quien le iguale. Sin embargo la ambición, la pasión sigue latente como el primer día. Éste es el único camino para triunfar. No te confundas, no hay otro. Y la NFL nos los recuerda en cada esfuerzo, en cada golpe asumido para hacer llegar el ovoide al compañero.


Lecciones de football americano. Lecciones para la vida.

Mientras los muelles del jergón se clavan en su espalda, el reo imagina en las manchas de humedad del techo jugadas increíbles, imperecederas. Jugadas estudiadas hasta el más mínimo detalle y entrenadas hasta la extenuación. Le confirman lo necesario del estudio, de la planificación, de la práctica continua para tener éxito en la vida. Recuerda jugadas resueltas por instinto e improvisación, por talento. Se convence que en ocasiones es necesario tirar de ingenio, de valentía. Sólo los osados ganan. Una lección aprendida en la pasada superbowl.

Mira por los barrotes de su celda cómo se oscurece aún más el cielo gris. Con un estruendoso trueno, fuera empieza a llover. Le gustaban los días de lluvia cuando era libre. El agua purificadora que limpia el ambiente y se lleva los malos recuerdos. Lesiones, polémicas, arbitrajes… todo aquello que parecía ocupar su mundo, se irá fugaz como una ilusión. En la vida, como en la NFL, no hay que dar excesiva trascendencia a nada. Todo lo malo pasa. Decían al inicio de temporada que el nivel había descendido, que los partidos eran anodinos, que no se inventaba nada nuevo… Sólo hay que dejar fluir el agua. Antes de darnos cuenta, el aire se volverá más fresco y respirable, el horizonte nos traerá un nuevo arcoíris, y la NFL nos descubrirá las run-pass-option, los quarterback receptores, y todo volverá a ser maravilloso.


El football es integrador, sus enseñanzas van más allá del deporte.

Sus compañeros reclusos también le recuerdan hasta qué punto que el football es un deporte integrador. Nunca hay que despreciar a nadie por su apariencia. Que ese gordito puede salvarte de perder la cabeza en el emparrillado o algo peor en las duchas. Que el tímido desgarbado puede enseñarte una virtud oculta a la vista, bien sea mantener la sangre fría en situaciones de tensión, o un poseer un cañón infalible como pierna.

En la NFL como en la vida, en algún momento cometerás un error o sufrirás una desgracia. No hay tiempo para lamentaciones ni lamerse las heridas. Levantarse, sacudirse el polvo, y volver al huddle, volver a la acción. Cabeza alta y memoria corta. Es la única manera de sobrevivir.

En su solitaria mazmorra, el reo descubre que en realidad, la NFL no le abandonará durante 7 meses y un día. No lo hará porque una vez interiorizada, la llevará con él por siempre, allá donde esté. Puede identificarla en cada situación, en cada persona, en cada gesto. Ninguna prisión podrá aislarle ya de ella. Su ausencia es sólo aparente. Un breve remanso de calma hasta que vuelva, más tremenda que nunca, la tempestad. Ese rumor latente de que no se ha ido. Nunca se va de quien ha sido atrapado por ella. A esta sensación se aferra para que los días que le quedan de penitencia vuelen.

Y sonríe.

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