SúperBowl LIII: ¿Truño o espectáculo defensivo?

La Súperbowl LIII pasó (aunque algunos aún la están esperando) y como suele ser habitual, no dejó indiferente a nadie. Para un sector de la afición, la enorme decepción de no disfrutar de la diversión de una orgía de anotaciones. Para otro, denominado “purista” por sus detractores, el partido deparó un virtuoso despliegue defensivo digno de ser recordado. Como probablemente todo en la vida, quizá la virtud se sitúe en el punto medio. Obviamente, los planes de juego diseñados para neutralizar tanto a Brady como a Goff fueron extraordinarios. El hecho de batir el record de menor anotación en una superbowl es buena muestra del éxito de los mismos. Sin embargo, tampoco podemos olvidar los múltiples errores, individuales y de concepto, cometidos tanto por jugadores como por entrenadores.

Comienzo trepidante

El arranque del partido nada nos hacía sospechar el devenir en que derivaría el mismo. Como arrastrado por la inercia de la SúperBowl LII, el ataque patriota lucía imparable. Con pasmosa facilidad se plantaron en field-goal range en apenas 3 jugadas. Ahí se produjo la primera acción que definiría el encuentro: una discutible actuación individual (un pase mal ejecutado por Brady, y que no sería el único), combinado con una acertada intervención defensiva (el corte de Robey-Coleman y la atenta intercepción de Littleton).

 

Esta jugada resume mi reflexión sobre el partido. Que unos piensen que fue un encuentro pleno de desatinos, y otros una exhibición defensiva, no son razonamientos excluyentes. El siguiente drive de Rams mostró una defensa patriota sin fisuras y un QB carnero sobrepasado por la presión, saliendo por la banda sin soltar el oval para pérdida de yardas. A continuación, una buena penetración de la defensa de Los Angeles arruinada por una costosa falta personal de Robey-Coleman; en un drive mal rematado por Gostkowski fallando el field-goal después de que una excelente cobertura de Peters sobre Hogan evitase la anotación de Nueva Inglaterra. Aciertos y errores, en perfecta armonía. Los dos mejores equipos de la competición, en una híperanalizada final, sufriendo toda la tensión imaginable.

 

Para muchos, el anuncio del 100º aniversario de la NFL fue lo mejor de la noche (foto: Just Jared)

 

Inexplicables decisiones de entrenadores de probado talento

Un nerviosismo que también se extendió a la banda. En vez de jugarse un 4º down desde la yarda 42 de Patriots, McVay optó por amagar un fake-punt, mal ejecutado por no vigilar el reloj. Por fortuna para Patriots, que habían cometido salida falsa y les hubiesen regalado un primer down. El punt posterior de Hekker, de sólo 28 yardas, también francamente mejorable.

 

Parecida crítica se puede hacer a Belichick. Optó por ser conservador y patear en 4ª y 5 desde la yarda 40 de Rams, mientras que al final del segundo cuarto arriesgó jugándose, y fallando, otra conversión de 4º down desde field-goal range. La lógica dictaba aumentar la distancia en el marcador de un partido ya claramente encaminado a una baja anotación, y que dominaba con autoridad.

 

McVay no estuvo ágil para pedir tiempo muerto y evitar una penalización por 12 defensores en el campo que regaló un primer down a Patriots. Belichick no estuvo presto solicitando challenge a una recepción de 18 yardas de Woods donde no posó ambos pies.

 

Otro tema sería discutir sobre su acierto en el game-plan ofensivo. Si McVay debió haber utilizado más a sus tight-ends para facilitar el juego aéreo en el pase corto. Si Belichick probado a Dorsett en vez de insistir con el desacertado Hogan para abrir la defensa profunda de Rams.

 

Obviamente, quizá los ataques pudieron haber hecho algo más, pero esto no resta un ápice de valor al esfuerzo defensivo. Hightower y Van Noy estuvieron inmensos en el centro de la zaga patriota. Gilmore fue infranqueable para los receptores angelinos. Donald y Suh supusieron una pesadilla constante para la línea ofensiva de Nueva Inglaterra. Barron, muy atento a las evoluciones del WR Patterson convertido en otro corredor para Pats.

 

Esquemas defensivos de muchos quilates, dignos de una gran SuperBowl.

 

 

Una SúperBowl no apta para todos los públicos

Detalles técnicos de enorme envergadura, que probablemente se escapen a los profanos. Defensas de veteranos curtidos, como Belichick y Wade Philips, creando confusión a genios ofensivos como Brady y McVay. Material de estudio para el verano. Delicatessen para gourmets de paladares selectos. Sobre gustos no hay nada escrito. Quienes, con todo el derecho, admiran el football como algo más que un carrusel de anotaciones, salieron bien satisfechos.

 

Hay quien lamenta la oportunidad perdida de captar nuevos seguidores, como si ésta fuese la función primordial de la SuperBowl. Ni mucho menos. Se trata de levantar al final el trofeo del balón plateado. Si es un tiroteo, a disparar; si hay que bajar al barro, a ensuciarse. Todo vale por el premio final. Quizá veníamos mal acostumbrados de dos SuperBowls inmensas en emoción, puntuación y eficacia ofensiva.

 

Los memes no se han hecho esperar (foto: twitter)

 

Los quarterbacks son los jugadores con más responsabilidad siempre, y más en una SuperBowl

Pero no deja de ser una final. La ansiedad pasa factura. Lo hizo al novel Goff, quien no siempre escogió a sus receptores mejor desmarcados, casi le interceptan un par de veces, aguantó el balón más de lo recomendable propiciando pérdida de yardas a su equipo, e incluso cometió faltas insólitas para un jugador en su posición. En su mirada se traslucía la tensión, que si fue evidente para los espectadores, mucho más para sus compañeros. La regalada intercepción en el último cuarto, el más doloroso ejemplo.

 

También el experimentado Brady sufrió las consecuencias. Lanzamientos extrañamente alejados de sus receptores. Pases a los pies de sus runningbacks en jugadas de screen. Incluso un strip-sack que no derivó en fumble perdido por la viveza de sus compañeros de línea. Primera de sus nueve SuperBowls sin touchdowns que añadir a su exitosa estadística. Sin embargo, hizo lo necesario para ganar. Identificó claramente que Edelman, justo MVP, era imparable y junto a su barbudo camarada destrozó las líneas enemigas. El arco-iris hacia Gronkowski para casi asegurar la anotación, de una belleza estética impecable. Hacia el final, recoger la fruta madura de una defensa angelina exhausta, incapaz ya de detener la enardecida caballería patriota.

 

Brady sujetando su más preciado trofeo. A la izquierda, la copa Lombardi (foto: Time Magazine)

 

SuperBowl de contrastes

Paradójicamente, la SuperBowl de menor anotación histórica fue la que con mayor diferencia de puntuación se llevó New England. Donde Hekker, el punter de Rams, cuya actuación no siempre fue certera, consiguió el punt más largo en la historia del partido de los números romanos. Rams, segundo equipo más anotador del campeonato, fue incapaz de superar siquiera el numeral del grupo que actuó al intermedio.

(foto: twitter)

En la SuperBowl de 2002, los Patriots iniciaron su leyenda imponiéndose a base de firme defensa y juego de carrera. Durante el reinado de su extensa dinastía han ganado batiendo records de pases de touchdown, poniendo de moda el doble tight-end, haciendo del pase corto y las yardas “after catch” su forma de vida; para volver 17 años después, a la fórmula original. La denostada figura del fullback de nuevo recuperada. La estrategia del camaleón, siempre adaptándose a lo que le proponen, siempre dos pasos por delante del contrario. Belichick es el “influencer” definitivo.

 

Enfrente, el anunciado football del futuro, encallado en una carrera en 3ª y 22. Lastrado por el triple de penalizaciones que su rival. Triste e inmerecido final para un equipo que nos ha dado tardes magníficas. Un drive desesperado buscando el empate, por el centro sin tiempos muertos, no podía culminar sino con un field-goal fallado. Los dioses del football son así para sus cosas. Rams es un equipo joven. Se repondrán y volverán con fuerza.

 

 

Ni truño ni espectáculo defensivo, sino ambas cosas

En definitiva, no creo que fuese una SúperBowl aburrida, aunque no pasa nada por decir que salió un mal partido. A los fanáticos nos entusiasman cualquiera de los 256 encuentros de temporada regular y los 11 de playoffs, pero ninguno tiene la obligación de ser perfecto. Como hemos estado repasando, la lista de errores fue larga. Y aunque para mí esta SúperBowl será inolvidable por haber colaborado en la retransmisión en directo para Spanish Bowl Radio, es comprensible que existan aficionados legítimamente decepcionados ante tan exigua capacidad anotadora. No nos demos codazos. El planeta football es tan grande que cabemos todos.

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