Saints y Steelers, descansen en paz

El cielo gris plomizo y el aire cargado de humedad presagiaban que la lluvia no tardaría en descargar sobre el cementerio. Alrededor de las fosas abiertas, los seguidores de Steelers y Saints se arremolinaban para dar las últimas exequias a las temporadas de sus respectivos equipos. Ojos llorosos y semblantes apesadumbrados dominaban el tenso silencio de la espera de los restos. Inconsolables, los gemidos de los más afectados eran amortiguados por toallas amarillas los de unos, y pañuelos con la flor de lis los de los otros.

Una tristeza infinita flotaba en el ambiente. Nadie se atrevía a decirlo en voz alta, pero una nueva lesión que sumar a la interminable cuenta de un Roethlisberger ya con 37 años, y una fractura en el pulgar del dedo de lanzar de un Brees con 40, podría suponer de facto no únicamente la condena de la temporada en curso, sino el final de sus carreras. En la mente de todos, la palabra “reconstrucción” se grababa con fuerza, por más que quisieran alejarla de sus pensamientos.

El cuerpo de Roethlisberger está severamente castigado por las lesiones.

Las Harley-Davidson abren el luctuoso entierro Steeler

El respetuoso silencio fue quebrado por el estruendoso ruido del cortejo de moteros que acompañaban el desfile fúnebre steeler. Sobre el ataúd de acero reluciente, una lata de cerveza. Portándolo a ritmo acompasado, viejas y nuevas glorias del equipo de Pittsburgh: Hines Ward, a quien se le había borrado su sempiterna sonrisa; Pláxico Burress, cojeando de su pierna derecha; Randle-El, quien apenas llegaba al féretro; Ju-Ju Smith-Schuster, retransmitiendo por redes sociales el sepelio; e incluso el propio Antonio Brown, quien con un curioso sombrero no apropiado para el evento, quería asegurarse en persona del final de la campaña steeler. Tantos receptores que tanto debían a Roethlisberger.

 

Encabezando el luctuoso desfile, una imagen de San Tonio Holmes, santo patrón de los widereceivers acereros. Tras él, una corona floral enviada por Tommy Maddox con el mensaje: “te entiendo perfectamente, yo pasé por lo mismo”. Acompañando al cadáver, una representación del organismo arbitral, siempre tan próxima a la franquicia. A su lado, el ministro de turismo del Reino Unido, al borde del llanto por quien tanto había hecho por promocionar el Big Ben por el mundo.

 

A un borde del camino, grupos de furibundas feministas clamaba con alegría que el karma se había cobrado venganza. Al otro, seguidores acereros vestido de negro lanzaban claveles amarillos al ataúd, lamentando que el finado no hubiese sido Tomlin. Los familiares más cercanos entonaban emocionados en su honor la oración castrense “la lesión no es el final”, convencidos de su resurrección para 2020. La propia franquicia, en un loable gesto de conmiseración hacia ellos, había tradeado su pick de primera ronda del próximo año a cambio del defensive-back Minkah Fitzpatrick. La intención era doble. Por un lado, mostraban su apoyo a quien ha sido su quarterback durante más de 15 años (y a quien habían generosamente renovado en Abril, con ingente capital comprometido), y por otro, reforzaban una secundaria maldita que parece que nunca llega a cuajar.

 

 

When the Saints go marching in

Por el otro extremo del camposanto, se empezaron a escuchar los acordes del inconfundible “When the Saints go marching in”. Una banda de jazz precedía el cortejo fúnebre de los de Nueva Orleans. Tras el féretro, una figura vestida de Papa repetía sollozando cual responso “Who dat?, Who dat? ¿Quién será el que nos guíe ahora?” Tomaba del brazo a la viuda, quien envuelta en un mar de lágrimas, se preguntaba quién iba a jugar ahora con sus hijos en el salón.

 

Llegando a la sepultura, la propietaria de los Saints, Gaylen Benson, se apresuró a cobijarla bajo el paraguas que tanta popularidad proporcionó a su difunto esposo Tom. Los aficionados, que seguían a Payton cual mesías en estos momentos de tribulación, mostraron efusivamente su repulsa al pasar junto al representante arbitral que acompañaba al séquito steeler. Bridgewater, en un lugar preferente en la ceremonia, parecía ausente, claramente en estado de shock.

Fuente: Cat Sracht Reader

A una distancia prudencial, los jovenes formaban un corro. Kamara, Thomas, Lattimore… recibían el pésame de los aficionados, conscientes de que esta infortunada situación les obligaba a madurar. Sin Brees, sus rostros reflejaban la responsabilidad que caía sobre sus hombros. Por su parte, Taysom Hill, que se había encargado de todo, desde poner las esquelas en prensa hasta organizar la misa de difuntos, depositaba con respeto un ramo de flores sobre la tumba.

 

Una vez los sarcófagos junto a sus respectivas fosas, y previo a la inhumación de los restos, el padre Goodell, encargado de oficiar la ceremonia, dirigió unas palabras a los allí presentes.

 

Panegírico final

«Queridos hermanos, nos encontramos aquí reunidos para despedir la campaña 2019-20 de los Pittsburgh Steelers y los New Orleans Saints. Nos han dejado demasiado pronto, en la flor de la temporada. No eran dos equipos cualquiera. Por tradición y juego, siempre son de los más seguidos y mediáticos. Su pérdida no solamente afecta a sus seguidores, sino a todos los aficionados al football. No tengo palabras para expresar el dolor que siente la NFL a la que represento, que no sólo invade nuestros corazones, sino también nuestros bolsillos, por el descenso en recaudación por publicidad y audiencia que provocará las ausencias de Roethlisberger y Brees.»

«Desde nuestra organización, hemos hecho lo indecible para defender a los quarterbacks, hasta de las maneras más absurdas. Sin embargo, los designios del Señor son inescrutables. Es por esta razón que recomendamos tan encarecidamente que tengan un seguro de vida. Un segundo quarterback con la calidad adecuada para no arruinar la temporada si deben intervenir por la baja del titular.»

«Pero no caigamos en lamentaciones que no conducen a nada. Debemos mirar hacia el futuro, hacia los vivos. Quien pensase que Roethlisberger iba a aguantar sano toda la temporada, no había estado muy atento los últimos años. Su desgracia puede ser la bendición de Rudolph. Su oportunidad para demostrar ser un quarterback válido, en una temporada que de todas formas no transmitía buenas sensaciones

«Por su parte, los Saints cada vez estaban siendo menos Brees-dependientes. Esta trágica circunstancia solo acelera lo inevitable. Esta es la hora en que la tendencia debe girar hacia la defensa y el juego de carrera. Pero que nadie caiga en la desesperación, porque hay excelentes mimbres. No perdamos la fe. Mantengámonos firmes y esperanzados en la resurrección de Brees al tercer tramo de competición.”

La NFL no espera por nadie, es ley de vida. El vacío que hoy nos deja sus despedidas, con alborozo rellenarán nuevos profetas. De estas cenizas resurgirán con fuerza dos franquicias renovadas. ¡Aleluya!”

 

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