Poderosos vs. débiles, el por qué detrás de estos juegos

¡Al fin! La llegada de septiembre, además de significar que el inicio de la NFL está a la vuelta de la esquina, trae consigo el arranque de la temporada de fútbol universitario. Estadios repletos, las bandas tocando canciones de Star Wars y otras que nos suenan de algún lado sin saber con exactitud de dónde, paneos de fanáticos totalmente endemoniados en las tribunas y la mejor acción entre atletas de alto rendimiento que, claro, no cobran ni un dólar por masacrar su cuerpo. Y con todo esto llegan también los denominados juegos cupcake

¿Qué son estos juegos cupcake? Puede que no los conozcas con ese nombre, pero estoy seguro de que si en estos días no viste alguno de esos partidos, al menos te llamaron la atención cuando revisaste los resultados: Alabama 62 – New Mexico State 10, Georgia 63 – Murray State 17, Oklahoma 70 – South Dakota 14, Oregon 77 – Nevada 6. Palizas. ¿Pero cómo puede ser? ¿Realmente hay tanta diferencia entre esos equipos?

 

Por la plata baila el mono

Vamos directo al grano, no creo que tenga sentido darle vueltas al tema para terminar desembocando en una conclusión que es más que obvia y evidente. El fin detrás de esos juegos es plata, dinero, dólares. Y muchos. Los equipos de New Mexico, Murray State, South Dakota y Nevada, por seguir con los mismos ejemplos, sabían de antemano que ganarles a sus rivales de turno iba a ser casi imposible (aunque a veces pasa), pero la cantidad de dinero fresco que entra en las arcas del programa hace que todo valga la pena.

La modalidad no es nueva y funciona más o menos así: una universidad rankeada, de las denominadas conferencias Power Five (SEC, ACC, Big 12, Big Ten y Pac-12), le paga una buena cantidad de dinero a un equipo notablemente inferior para que éste lo visite. Dependiendo de los laureles que tenga el programa visitante (la chapa, como decimos los argentinos), esa cifra puede arrancar alrededor de los 200.000 dólares hasta sobrepasar el millón. El equipo poderoso, en teoría, consigue una victoria fácil para su récord, que lo acerca un poco más a ser elegible para los bowls, mientras que el más pequeño se vuelve a casa con un buen incentivo económico para usar como disponga. Winwin, ¿no?

 

El dinero no es todo, pero cómo ayuda

Bueno, basta ya con que todo es plata. Aunque en Estados Unidos muchos ya no se sonrojan al admitir que ése es el mero móvil de estos juegos que arrojan resultados catastróficos, varios también son los que eligen argumentar por otros rumbos. Y eso no quita que tengan razón.

El principal es el futuro reclutamiento. Salvo que seas un megatalento saliendo de la escuela secundaria y tengas ofertas de grandes universidades para ir a jugar allí, se puede entender que te llame más la atención optar por un programa que el año pasado haya enfrentado a Clemson y Ohio State, por ejemplo, que uno que no lo haya hecho. Jugar contra ellos es hacerlo con millones de ojos encima, y no sólo de fanáticos, sino también de entrenadores y de scouts. “Uno siempre quiere jugar contra equipos buenos, esos que parecen que tienen una tonelada de primeros picks del draft. Competir contra los mejores del país no es poca cosa”, declaró hace ya un tiempo Mike Ayers, ex entrenador colegial, a Bleacher Report.

Bill Feig

Y si es por el dinero, ¿qué?

No pequemos de inocentes, en lo personal no me parece tan terrible que esto suceda. A todos les cierra, todos se llevan algo. Lo que sí tiene que haber es un límite, porque sino ya las temporadas pasarán a ser falsas, ficticias, actuadas.

En la mayoría de las ocasiones, las universidades chicas que viajan a ser apaleadas por un rival Power Five luego pueden mejorar su estadio o vestidores, comprar camisetas, invertir más dinero en reclutamiento y miles de etcéteras, además de que para sus jugadores es una oportunidad de oro para destacar y hacerse ver. Todo esto, claro, más allá de competir cara a cara con aquellos a quienes suelen ver sólo por televisión o en highlights de YouTube.

“Cuando vas manejando por la ciudad y ves en carteles o escuchás por la radio que nuestro equipo va a jugar contra Georgia u Oklahoma, eso envía un mensaje y moviliza a la ciudad y la región”, dijo Joel Erdmann, director atlético de South Alabama. Y claro que lo hace. 

Lo mejor de todo es cuando el equipo inferior, al que le pagan por “ir a perder”, da el batacazo y sorprende a todo el mundo. Porque ha pasado y seguirá sucediendo. Es así, las victorias de David sobre Goliat serán muchas menos, pero qué alegría cuando suceden.

Agustín Díaz @agustindiazg 

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