El padrino de la NFL

  • Creo en la NFL. En 2012 compré los Cleveland Browns. Una franquicia histórica, pero venida a menos tras su reinstalación en la liga. Modernicé el estadio, actualicé los uniformes. Cambié un entrenador tras otro para conseguir que mi pequeña franquicia se codease con las más grandes. Un día conocí a un joven, Sashi Brown. Venía con ideas nuevas, revolucionarias. Le entregué mi preciado tesoro. Se juntó con un amigo, un reconocido gurú, decía, un tal Hue Jackson. Entre los dos, ¡mire, mire cómo me la han dejado!

Jimmy Haslam sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y se secó las incipientes lágrimas que empezaban a rodarle por la mejilla. Bill Belichick le escuchaba impasible, sentado tras su escritorio de roble, mientras acariciaba un pequeño gato. La tenue luz que se filtraba por las rendijas de la ventana recortaba su silueta, haciéndola aún más tenebrosa. A un gesto del patrón, uno de sus hombres ofreció un vaso de agua a Haslam para que continuara.

  • Como hacen los buenos propietarios, acudí para reforzarme al draft, a la agencia libre… sólo para encontrarme que nadie quería venir. Por si no fuera suficiente, los pocos jugadores buenos del equipo, se marchaban en cuanto finalizaban sus contratos. ¡Ni hablar de renovaciones! Cuando me reúno con los otros propietarios, noto cómo se ríen de mí a mis espaldas. ¡No hay derecho! Le dije a mi mujer y co-propietaria: “Dee, la justicia que estos engreídos nos niegan, nos la dará Don Belichick”.

La reacción del padrino…

  • ¿Por qué acudiste a la agencia libre y no viniste a mi primero? –preguntó Don Belichick rascándose el mentón-. Yo fui parte importante de tu franquicia. Pero hablemos claro, ¿cuánto tiempo hace que dejaste de invitarme a los actos conmemorativos? Ni siquiera me consideras para el anillo de honor del estadio. No querías relacionarte conmigo porque representaba todo lo malo de la liga. En cambio, hoy vienes a mi casa, y sin mostrarme el más mínimo respeto, me pides ayuda.
  • ¡Quiero justicia, Don Belichick!
  • No, ¡quieres venganza! –exclamó Don Belichick echando al gato de su regazo y poniéndose en pie-. Quieres cerrarle la boca a esas momias endiosadas de propietarios. A los periodistas que critican todas tus decisiones. A los aficionados que continuamente hacen chistes sobre la desastrosa marcha de la franquicia que diriges. Si hubieras mantenido las buenas relaciones conmigo, nadie se atrevería a menospreciarte. Porque entonces, tus enemigos se convertirían en mis enemigos, y a ése le temen.
  • Entonces, ¿puedo contar con su apoyo… padrino? –preguntó humildemente Haslam, agachando la cabeza hasta besar la mano que le tendía Don Belichick-. Pagaré lo que sea necesario.
  • Algún día, y ese día puede que no llegue, acudiré a ti y tendrás que servirme. Pero hasta entonces, amigo, acepta mi ayuda en recuerdo de mi paso por Cleveland.
  • Grazie, grazie mille padrino –repetía Haslam haciendo genuflexiones mientras abandonaba el estudio-.
  • Josh –dijo Belichick dirigiéndose a McDaniels, su mano derecha-, que se encargue alguien de confianza. Habla con Patricia. Le ayudaremos, pero que no se entusiasme. Que le traspasen a… Jamie Collins, por ejemplo.

Tiempo después…

  • Padrino, he venido en cuanto me reclamó –le dijo Haslam-. No sabe cuánto lo siento.

Con rostro circunspecto, Don Belichick entró en la lúgubre estancia. Tras él, un par de sus hombres empujaban una camilla mortuoria. Con aire compungido, el padrino retiró la sábana que la cubría, dejando al descubierto una pantalla que repetía una y otra vez, imágenes de la pasada Super Bowl.

  • Iba a ser nuestra despedida triunfal. La mía y la de Brady. Un último título, para dejarlo en lo más alto… Pero, ¡mira cómo masacraron a mi chico!

La voz del padrino se empezó a quebrar y tuvo que esforzarse para no romper a llorar.

  • ¿Qué quiere que haga, padrino?
  • Un día te hice un favor, ahora vengo a cobrarme esa deuda. Necesito aumentar el pass-rush de mi equipo. Sobre todo el interior, cuya importancia en la NFL actual cada vez es mayor. Para ello, primero debo solidificar el centro de la línea defensiva. Te haré una oferta que no podrás rechazar sobre tu nose-tackle de primera ronda Danny Shelton. Usa todos tus poderes y tus habilidades para conseguir que fructifique el trato. No quiero volver a ver algo así –dijo señalando la pantalla– Haz tu trabajo.
  • Así, lo haré padrino. Me da igual recibir a cambio sólo un pick de tercera ronda baja, que será prácticamente cuarta. Y tampoco importa que no sea del draft de este año.

Viendo la predisposición de Haslam, Belichick se viene arriba…

  • He pensado además, amigo, que hay un receptor en MiamiJarvis Landry se llama. Siempre hace buenos partidos contra nosotros en los partidos divisionales. Estaría bien que le fichaseis, y así me quitaba un dolor de cabeza.
  • No se preocupe, padrino, lo que usted ordene. Por mi parte, el dinero no será un problema. Ya buscaré cómo encajarlo en el equipo.
  • Y por otro lado… la temporada pasada los Bills entraron en playoffs. ¡Quién sabe hasta dónde podrían llegar en ésta! Su quarterback, Tyrod Taylor, no es gran cosa, pero hace su trabajo. Lo cierto es que estaría mucho más tranquilo si os lo llevaseis de la AFC Este a él también. Ofréceles un buen pick a cambio, aunque sea excesivo, para que la operación tenga éxito.
  • ¿Y no quiere nada más, padrino? –preguntó Haslam con cierto retintín, un poco harto ya de las exigencias de Belichick-.
  • No te ofendas, Jimmy, no es nada personal, sólo negocios.

Epílogo

Ya se marchaban cuando McDaniels, que siempre acompañaba a Belichick, se llevó aparte a Haslam para hablarle en privado.

  • No se lo tome a mal, es así de exigente con todo el mundo. Sólo así puede ser competitivo año tras año. Fíjese en mí, tenía la oportunidad de dirigir a los Colts pero me obligó a renunciar a ello. No me quería dirigiendo un equipo de la misma conferencia. Sé cómo piensa, y sabe que tanto tiempo aprendiendo junto a él me convierte en un formidable rival. “Ten cerca a tus amigos, pero más cerca aún a tus enemigos”, suele repetir. En el fondo, debe sentirse halagado.
  • Mi objetivo cuando adquirí los Browns fue no ser una marioneta movida por los hilos de los poderosos. Si la NFL nos ha enseñado algo es que se puede ganar a cualquiera. Su condescendencia insulta mi inteligencia. ¿Qué será lo próximo que me pida? ¿Boicotear los fichajes que intenten hacer los Jets? No sé si hice bien al aceptar su protección.
  • No sea ingenuo, en nuestro mundo tan duro, todos necesitamos un padrino. Y créame, ninguno como Belichick. El resto son niños jugando en un tablero de hombres. De una forma u otra se las ingeniará para conseguir lo que quiere, mejor tenerle como aliado. Nunca se cansa de ganar. El poder sólo quema a quien no lo tiene. Los jugadores lo saben, por eso quieren jugar para él, entregándose a lo que les pide. Nadie le resulta imprescindible. Y si la plantilla se debilita, reinventa el football para adaptarlo a sus necesidades. Siempre va un paso por delante de los demás. El resto, no podemos más que cerrar la boca y abrir bien los ojos a su lado, esperando que algún día, quizá no muy lejano, llegue nuestro turno.

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