Mayfieldizol, la mejor medicina para los Browns

  • Entonces doctor, ¿está usted seguro de que…?
  • Por supuesto. Sólo tiene que tomar un comprimido de Mayfieldizol Forte cada 8 horas, y en poco tiempo, todos sus males desaparecerán.


No salí muy convencido del centro de salud. En el fondo, se trataba de un tratamiento experimental. Otro de tantos que ya llevaba mi organismo. Así que hice lo que cualquiera en mi lugar: pedir una segunda opinión a un médico privado.

Una segunda opinión

  • Pase por favor –dijo la enfermera-, el doctor Dorsey le atenderá enseguida, señor…
  • Brown. Cleveland Brown.

Una cara afable me recibió tras una enorme mesa de madera noble, que hacía temer una elevada factura. En todo caso, un médico sonriente siempre es buena señal.

  • No tiene nada de qué preocuparse –afirmó mientras me tendía los resultados de la analítica-. Coincido absolutamente con mi colega. Abandone inmediatamente ese tratamiento con Taylorizina que no está causando el más mínimo efecto, y confíe en el nuevo medicamento.
  • Pero, ¿no cree usted que sería mejor algo para reforzar las defensas?
  • Sus defensas están estupendamente, amigo. Los análisis no pueden ser más reveladores. Plenas de energía vigorizante, ¡está como más joven! Todos los niveles dentro de sus parámetros y la testosterona por las nubes. Y sin defectos en la secundaria, quiero decir, sin efectos secundarios.
  • Comprenda mis dudas, doctor. En los últimos años he sufrido muchas pérdidas… Me daba vergüenza hasta salir de casa, todos se reían de mí.
  • Nada, nada, olvídese. Cosas del pasado. Si todo va como esperamos, hasta es posible que no sea necesario extirpar el tumor.

Hacía un par de años me habían detectado un tumor maligno. “Linfoma de Huejackson”, le llamaban los expertos. Era operable, y la recuperación me aseguraron que sería rápida. Debieron haberlo extirpado ya el año pasado, pero yo estaba tan débil que no se atrevieron.

  • ¡Eso no, doctor! –exclamé-. Por bien que vaya la recuperación con el Mayfieldizol, quiero que me quiten este maldito tumor de una vez.

Salí realmente entusiasmado de la consulta. Tanto que incluso me atreví a comunicar las buenas noticias en la comida familiar. No debí hacerlo.

Mayfieldizol vs Darnoldipan

  • Bufff, ese Mayfieldizol no es más que un placebo –comentó, cómo no, imposible de quedarse callado, mi cuñado-. Hazme caso, que yo entiendo de esto. Lo mejor es el Darnoldipan.

Otra vez la eterna controversia. Basta que tome una decisión para que me digan que debía haber tomado la contraria. Ciertamente, los experimentos en laboratorio auguraban un mejor resultado en el Darnoldipan, pero consumido a largo plazo. En mi estado, no podía esperar. Necesitaba efectos inmediatos, y esto sólo lo podía conseguir con un tratamiento de choque como el Mayfieldizol.

Dicen que la sanación depende tanto de la fe de los pacientes como de la medicación en sí misma. Yo no veía el momento en que el boticario recibiera el fármaco. Estaba convencido que el Mayfieldizol sería la solución a mis males. Hacía tanto tiempo que estaba enfermo que ya no recordaba ese dulce sabor de victoria, de encontrarme con fuerzas para enfrentarme a lo que fuera o quien fuera.

Ingerí con ansia esa píldora marrón y naranja. La noté bajar por mi garganta a la vez que un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Cerré los ojos y me figuré cómo sería el efecto que estaba produciendo el Mayfieldizol al circular por mi sangre.

 

La presencia de Baker Mayfield al frente de los Browns hizo funcionar todas las líneas del equipo (fuente: USA Today)

 

El efecto Mayfieldizol

Podía imaginar al Mayfieldizol como si fuese un quarterback. Poniendo en orden a los glóbulos blancos, las células sanguíneas más gordas, como si fuesen una línea ofensiva. Defendiendo mi cuerpo de gérmenes y sustancias infecciosas. Antes de su llegada, era un coladero de virus, que dejaban maltrecho mi organismo como si no dejase de recibir un sack tras otro. Con él, estos leucocitos se crecieron y nunca más dejaron pasar agentes patógenos.

Evocaba el Mayfieldizol organizando a los glóbulos rojos para que transportasen el oxígeno como un running back conduciendo imparable el oval. Al plasma sanguíneo, como receptores para asegurar el riego de la sangre, el ritmo de partido. Incluso las plaquetas las intuía como recuperados kickers infalibles, que contenían las hemorragias que sufría por su causa.

Sentía en mi interior que todo se regeneraba, que todo volvía a funcionar. Un solo comprimido de Mayfieldizol, un solo partido, y todo había hecho “click”. La fortaleza de mis defensas permitía centrarme en el ataque contra la enfermedad. Las células que circulaban pesarosas, ahora fluían efervescentes. En apariencia, nada había cambiado, pero en realidad, el Mayfieldizol lo había cambiado todo. La salud, el ánimo… ahora todo lo veía distinto, con un optimismo desorbitado.

La sanación completa aún tardará, pero a mí que nadie me quite ya el Mayfieldizol, del que me he convertido en adicto con sólo una toma.

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