Jubilados, pero no olvidados

Amanece en la Plaza Mayor de la NFL. Con los primeros rayos de luz, la agitada glorieta comienza su actividad. Madres apresuradas arrastran a sus hijos llorosos y aún adormecidos hacia el colegio. Ejecutivos trajeados, siempre ajetreados, aceleran sus pasos entre furtivas miradas al reloj. Una joven enfundada en chándal de diseño, de camino de ida o de vuelta del gimnasio, recoge pesarosa los excrementos de su perro mientras el desahogado cánido menea su cola y ladra de satisfacción. Unos obreros recogen con pereza sus herramientas del camión, entre risas, humo de cigarrillos y comentarios sobre el trasero de la chica anterior. El “18” descarga su primera oleada de pasajeros mientras bosteza su conductor y una pareja se despide con un beso en las escaleras del autobús. El ecosistema natural del concurrido parque poco a poco recupera su normalidad habitual.

Ajenos a este trasiego, se acomodan lentamente otros seres que forman parte indispensable del parque. Tan familiares, como los árboles y los columpios infantiles, que apenas nadie repara en ellos: los jubilados. Ex-jugadores de NFL cuyos mejores tiempos ya pasaron, y ahora ocupan sus días entre recuerdos, achaques y partidas de petanca. Personajes inolvidables, que marcaron una época, evocan glorias pasadas, ante la mirada indiferente de unas jóvenes generaciones, siempre deseosas de una nueva estrella a quien idolatrar.

 

 

Carson Palmer

¡Mira! –le dice el marido de una pareja de turistas a su esposa– ese señor que está sentado en aquel banco, echándole pan a las palomas, es Carson Palmer. Tendrías que haberle visto en su plenitud. Nadie lanzaba espirales tan perfectas como él. El pobre nunca tuvo suerte. Cuando por fin los Bengals parecían emerger de la mediocridad, una desgraciada lesión truncó sus aspiraciones. Después todo vino cuesta abajo. La falta de ambición del propietario le hizo plantearse su jubilación cuando aún tenía mucho por dar.

Recaló en los Raiders, pero su llegada mediada la temporada nunca cuajó el éxito esperado. Salió de allí hacia Arizona, donde trató de remontar su carrera. No le fue del todo mal, e incluso ganó por fin un partido de playoff. Sin embargo, desde aquella maldita lesión, no volvió a ser el mismo. Nunca destacó precisamente por un coraje o personalidad arrolladora, pero su juego perdió chispa. Se le veía con miedo en el pocket, y esto precipitó el fin de su carrera. Una lástima –comenta mientras la mujer le saca descarada una fotografía al abatido quarterback-.

 

 

James Harrison

De una esquina del parque suenan improperios. Como cada mañana, James Harrison critica con virulencia la pasividad de los obreros que reparan el adoquinado. Acostumbrado al trabajo duro, el incombustible linebacker retirado tras 15 años en activo, no soporta la apatía de los operarios. Si pudiera, saltaría la valla para enseñarles a cargar sacos de cemento con la intensidad que se desempeñaba en el emparrillado. Líder histórico de sacks de los Steelers, es un ejemplo de constancia y fe en sus posibilidades. Llegó a la franquicia acerera como undrafted, y tras un par de años irrelevantes en su escuadra de prácticas, fue fichado por Baltimore. Los Ravens le enviaron a formarse a la NFL Europa, pero no les convenció y le cortaron. Volvió a la disciplina de Pittsburgh como jugador de equipos especiales, pero no alcanzó la titularidad hasta la lesión de su compañero Haggans y una sanción a Porter.

 

A partir de ahí, 9 temporadas de amarillo y negro donde llegaron 2 anillos de Superbowl, un MVP defensivo, y varias sanciones por golpes a destiempo. Fue cortado por razones económicas y acabó fichando por los Bengals, en un particular sentido de la venganza. Sin embargo, su corazón era acerero, y un año después volvió a la ciudad de los tres ríos cuando se lo pidió Tomlin como consecuencia de una plaga de lesiones en la posición. Allí estaría 3 años más, siempre empezando como suplente, siempre terminando de titular. Ya parecía que su carrera había tocado fin cuando fue a Patriots en un último intento de ganar una Superbowl. Todavía más en forma que muchos jóvenes, decidió retirarse un mes antes de cumplir 40 años.

 

Danny Woodhead

¡No te enfades con ellos, Deebo! Quien le hablaba así era su amigo Danny Woodhead con su eterna sonrisa. Como Harrison, tuvo que hacer frente a los críticos que decían que era demasiado pequeño para su posición. Probablemente tuvieran razón, pero con lo que no contaban era con la bravura del diminuto runningback. Como Harrison, no escuchó su nombre en el draft, y fichó como undrafted con los Jets. Se lesionó en pretemporada y pasó su año rookie en la lista de lesionados. En su segundo año, sus habilidades como corredor y receptor fueron insuficientes para prolongar su estancia en la gran manzana. Cortado por los verdiblancos, no tardó en echarle el guante Nueva Inglaterra, donde cuajó su leyenda.

 

Sólo fueron 3 años en Patriots, pero el menudo corredor rápidamente se ganó el corazón de los aficionados. No era una bestia hercúlea, no respondía al arquetipo de atleta superdotado que nos vende la NFL. Era como tú y como yo; y ver cómo se escurría entre ciclópeos defensores nos hacía levantar de nuestros asientos. Tras salir de Patriots, jugó 4 años en San Diego, donde alternó grandes actuaciones con severas lesiones. En 2017 firmaría su último contrato, con Ravens esta vez. Sin embargo, una nueva lesión le alejó de los terrenos de juego. Fue cortado y posteriormente, anunció su retirada. Pocos jugadores, siendo tan pequeños, dejaron una huella más grande.

 

Jason Witten

Paseando lentamente bajo la vereda arbolada llegan Jason Witten y Joe Thomas. El tight-end ríe jocosamente alguna ocurrencia del offensive tackle hasta que rompe a toser.

El cowboy dejó tras de sí en su retirada una flamante hoja de servicios. 2º TE en la historia con más número de recepciones y yardas de recepción (sólo detrás de Tony González). TE con más recepciones en un partido (18). Jugador de Dallas con más partidos consecutivos (239)… Un sinfín de galardones que quedan cortos para explicar lo que ha significado para su franquicia. Entró junto a su amigo Romo en 2003. En su devenir atravesó etapas oscuras y brillantes, pero siempre estuvo ahí, dando la cara, con casco o sin él. Pasó el testigo de la generación de los Romo y Owens a los Prescott y Elliot. Quizá la NFL está en deuda con este bravo jugador. Se va a la ESPN sin ganar ningún anillo de campeón, pero sí el corazón de todos los aficionados.

 

 

Joe Thomas

El bueno de Joe Thomas adelgaza su figura a la par que se engrandece su leyenda. Retirado no significa inactivo, y promete ser tan bueno en los medios de difusión como lo fue cerrando el lado izquierdo de la línea ofensiva Brown. Aunque el listón no puede estar más alto. Thomas ha sido el mejor left-tackle de su generación. Pro-Bowler cada año desde su llegada a la NFL, siempre ha sido un personaje singular. El día del draft, donde fue escogido en tercera posición por Cleveland, se fue a pescar, alejado del mundanal ruido.

Thomas atesora la racha más larga de snaps consecutivos (10.363, nada menos) en los veinte años que se lleva considerando esta tremenda estadística. Sólo una maldita lesión pudo sacarle del emparrillado, momento en que decidió colgar las botas. Unas botas repletas de buen juego, liderazgo, y sobre todo una lealtad inquebrantable a unos colores que no cambió durante toda su carrera pese a recibir, como su calidad merecía, ofertas de clubes más exitosos a fin de decorar con títulos un currículo ya de por si extraordinario.

 

 

Richie Incognito, Eric Wood, Reggie Bush, Matt Forte

Sentados alrededor de una oxidada mesa metálica, juegan al dominó emparejados Richie Incognito y Eric Wood contra Reggie Bush y Matt Forte. El guard protesta ruidosamente, acusando a Bush de hacer trampas, como en USC. Poca broma cuando Incógnito se enfurece. Su mal carácter le ha causado más de un disgusto, pero oye, tipos así, siempre en mi equipo. El center trata de apaciguarle con idéntica sobriedad que se desempeñaba en el terreno de juego. Una injusticia que centers tan solventes como Wood, con lo importante que es su posición en el campo, no obtengan un mayor reconocimiento en su retirada.

 

Bush llegó a la NFL como prototipo de runningback del futuro. Imparable en college, era el arma definitiva, capaz de anotar de cualquier forma que se hubiera inventado. Sin embargo, su carrera ya empezó a torcerse cuando, siendo el favorito para ser el primer elegido en el draft, lo fue en segundo lugar. Después vino una investigación por recibir remuneraciones prohibidas durante su etapa universitaria a consecuencia de la cual perdió sus galardones. Deportivamente, aunque firmó jugadas espectaculares, nunca llegó a alcanzar las metas que se le vaticinaban. El pasado Diciembre decidió retirarse tras un periplo plagado de altibajos y lesiones por Saints, Dolphins, Lions, 49ers y Bills.

 

Forté en cambio, sí llegó a encarnar la figura de runningback diferente, temible por tierra pero también por aire. Los actuales corredores “dual-threat” deben mucho a este prolífico y siempre fiable RB, cuya carrera no tuvo el reconocimiento merecido al tocarle vivir años oscuros de Bears y Jets. Heredero legítimo de los Emmitt Smith y Marshall Faulk, fue el puente a los actuales Bell, Gurley o Kamara. Con su tranquilidad y humildad habitual, convence a su compañero Bush para que no se enoje ante las acusaciones de Incógnito y vuelvan a la partida.

 

 

Dwight Freeeny, Paul Posluszny

Apoyados en la barra de la cantina, Dwight Freeney y Paul Posluszny discuten sobre lo cara que se ha vuelto la vida mientras atacan un plato de aceitunas con idéntica voracidad que demolían los pockets contrarios. No es lo único que comparten. A ambos se les achacaba ser demasiado pequeños para sus respectivas posiciones, y a todos les cerraron la boca.

El defensive-end Colt fue una pesadilla para los backfields rivales, desde su año rookie en Indianápolis, hasta su periplo final como mercenario de fortuna. Pieza fundamental en el anillo conseguido por los de la herradura en la temporada 2006, tiene el privilegio de haber sido el tobillo más televisado en una Super Bowl. Fue en la edición XLIV como consecuencia de una torcedura de ligamentos que había puesto en seria duda su participación. La lesión no le impidió ser el quebradero de cabeza de siempre pese a la derrota de los suyos. Volvería al Gran Partido en la campaña 2016, esta vez con los Falcons, nuevamente sin premio.

 

Posluszny acabó su carrera universitaria como el mejor linebacker de su promoción, pero no le escogería Buffalo hasta 2ª ronda. Haciendo honor a su apellido (“obediente” en polaco) aceptó cambiar su posición exterior a MLB desde su año rookie. Ahí consolidaría una más que respetable carrera de once años en la NFL, cinco como Bill, seis finalmente como Jaguar. Su brutal productividad sólo estuvo lastrada por las siempre inoportunas lesiones. Con la misma profesionalidad con que siempre se desenvolvió sobre el emparrillado, decidió abandonarlo al convencerse de no poder aportar el rendimiento requerido. Todo un ejemplo a imitar por esos chicos que, sin oficio ni beneficio, hacen corro en un rincón del parque.

 

Devin Hester, Antonio Cromartie, Kam Chancellor

Devin Hester, enfundado en un colorido chándal, realiza ejercicios para mantenerse en forma. A su trote junto a los columpios saluda a Antonio Cromatie, quien está rodeado de una caterva de niños. Hijos suyos, comenta, aunque no está seguro de todos. Con un par de ellos se encara encolerizado Kam Chancellor, enfundado en su gastado uniforme y boina de la Legión of Boom, luciendo sus lesiones como si fueran condecoraciones.

 

Hester ha sido el retornador más eléctrico que he conocido. Un relámpago escurridizo e imparable. Un diablo que forzaba a modificar las estrategias rivales en cuanto a patadas de punts, siendo preferible enviarlas fuera. Su retorno para touchdown en el kickoff inicial de la Super Bowl XLI es historia de la NFL. Sus numerosos records evidencian la importancia de los habitualmente denostados equipos especiales.

 

Cromartie no tiene tantos records, pero en cambio posee uno imbatible: la jugada más larga de la NFL (109 yardas). Su carrera para TD al recuperar un field-goal fallado podrá ser igualada, pero jamás superada. Interceptar 3 veces en un mismo partido al gran Peyton Manning tampoco es una marca despreciable. Pese a una carrera con altibajos, Cromartie atesora buenas historias que contar a sus 14 hijos.

Miembro original de la temible “Legion of Boom”, Chancellor se vio obligado a abandonar la práctica activa del football cuando una lesión de cuello amenazaba con dejarle paralítico. Su trayectoria, siempre guardando las espaldas de los Seahawks, es leyenda. Tan inolvidables quedarán para los aficionados sus saltos sobre la línea de scrimmage para bloquear field-goals, como para las costillas de los desafortunados corredores contrarios sus tremendos golpes.

 

Ed Hochuli, Jeff Triplette, Gene Steratore

Bajo la sombra de un frondoso eucalipto, comparten banco Ed Hochuli, Jeff Triplette y Gene Steratore. Normalmente, los árbitros suelen ser figuras que pasan desapercibidas en los partidos, pero esta definición no casa con este trío. Pocos “cebras” tendrán su carisma y serán tan recordados por los aficionados, tanto para lo bueno como para lo malo.

 

Del abogado Hochuli, más que de sus dos Super Bowl arbitradas, recordaremos su manera de anunciar las penalizaciones pitadas. Largas explicaciones para que cualquiera pudiera comprenderlas, que no siempre compartirlas. Pero sobre todo, nunca se nos olvidará su musculatura. Temíamos que de un momento a otro le estallase la camiseta como consecuencia de sus bíceps desproporcionados.

 

Del coronel retirado Triplette siempre recordaré su curioso acento. Más de allá de jugadas polémicas, me quedo con aquel día que fue incapaz de explicar la penalización víctima de un incontenible ataque de risa. Resulta curioso que dos cagadas suyas originasen cambios en el arbitraje. Un error de interpretación empujó definitivamente a la revisión centralizada de las imágenes. Casi sacarle el ojo a un jugador motivó que a partir de entonces, los árbitros lanzan sus pañuelos hacia arriba en vez de adelante.

 

Steratore, tras sus gafas de sol, observa las discusiones de sus compañeros. Su sonrisa torcida y aires de estrella del rock nos recuerdan que estamos ante un árbitro especial. Sólo alguien muy grande se atrevería a medir el primer down con una tarjeta de cartón. La ovación con que fue recibido en Baltimore tras acabar la huelga de colegiados eclipsa cualquier controversia por el famoso “no-catch” de Dez Bryant. La CBS sabe que se lleva una joya mediática con su contratación.

 

Epílogo

Lentamente cae la noche sobre la plaza. El viento barre aburrido las hojas caídas. Apenas quedan ya transeúntes, la algarabía de los niños hace tiempo que se apagó. Se iluminan mortecinas las pocas farolas supervivientes de la última manifestación estudiantil y nunca reparadas. El corro de jóvenes raperos se dispersa. ¿Nuestros protagonistas? Ellos hace tiempo que se fueron, poco después de los desganados obreros. A su edad, trasnochar se paga cada vez más caro.

Sin embargo, en el aire pesado de la plaza queda su imborrable recuerdo. La NFL es ídolo cruel que reclama continua sangre fresca en sacrificio a su gloria, apartando de su lado viejas leyendas. En este sentido, 2017 ha sido especialmente doloroso para los aficionados por la grandeza de los retirados. A los aquí citados hay que añadir algunos más: Martellus Bennett, David Harris,… y tantos otros. Nuestra competición favorita no será lo mismo sin ellos. Descansen en paz, se lo han ganado. Nosotros, no les olvidaremos.

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