Guía práctica para la demolición de los Steelers

¿Su franquicia son los Steelers y ya está harto de ser favorito para la Super Bowl? ¿Desea tener una campaña perdedora y poder elegir así en los puestos más altos del draft? ¿Añora aquellos lejanos años en los que su equipo era el hazmerreír de la liga? No se preocupe más. Desde Spanish Bowl le explicaremos en unos cómodos y fáciles pasos cómo conseguir lo que tanto ansía.

 

Paso 1: No se refuerce adecuadamente en el draft.

Empezaremos por algo sencillo. Sobre todo, porque lleva varios años haciéndolo. Si necesita un linebacker, draftee otra cosa, un safety por ejemplo. No se moleste en cubrir las carencias de los Steelers, sino en obtener jugadores que puedan dar espectáculo. Olvídese de viejos arquetipos como reforzar las trincheras o rememorar la “cortina de acero”. Sea fiel a la recién instaurada costumbre de draftear cada año un wide-receiver, haga más falta o no.

 

No tenga prisa por cubrir la carencia de un offensive-tackle reserva. ¡Quién se va a fijar en la línea ofensiva, ponga a cualquiera, sólo con que sea lo bastante gordo! Y si alguien le reclama que la defensa no se ha reforzado adecuadamente por la baja de Shazier, siempre habrá por allí algún Bostic disponible para disimular.

 

 

Paso 2: Ponga la segunda etiqueta de franquicia a un jugador ya disgustado por la primera.

Una vez conseguido el objetivo de no mejorar el equipo, la siguiente misión es tratar de empeorarlo. Para ello, nada mejor que hacer enfadar al principal motor ofensivo de los Steelers. Le’Veon Bell ya había expresado el año anterior, de palabra y con hechos, su disconformidad con la aplicación sobre él de la designación de “jugador franquicia”. Terreno abonado por tanto para lograr enfurecerlo. En vez de acceder a su pretensión de un contrato a largo plazo, vuelva a asignarle esta etiqueta. Es un plan perfecto, sin fisuras, ¿qué podría salir mal?

 

Además, lo bueno del plan es que siempre podrá alegar problemas económicos para no plegarse a sus demandas salariales. Bell es mucho más que un simple corredor. Es incluso más que el mejor runningback de la liga. Es un arma ofensiva definitiva. Eficaz en todas las facetas del juego. Imprescindible para el despliegue atacante acerero. Su reclamación financiera podría ser desproporcionada, pero en absoluto parecía ilógica.

 

La sensatez hubiera recomendado haber llegado a un acuerdo antes del verano; y de resultar realmente imposible, explorar entonces la posibilidad de traspasarlo, algo que a estas alturas parece ya prácticamente inviable. Sin embargo, no nos desviemos de nuestro propósito de entorpecer la temporada. El plan es cerrarnos a negociar, lo que por cierto nos genera un ahorro semanal de más de 800.000$, y ya vendrá el jugador si pretende mantener su elevado estilo de vida. Cuanto más tarde y difícil de remontar la campaña, tanto mejor para nuestro oscuro fin.

 

 

Paso 3: Haga enfadar a su quarterback titular, Ben Roethlisberger

Tras muchos años de tiranteces, la relación entre Roethlisberger y el OC Haley se había convertido en una tensa tregua. Un matrimonio mal avenido que aguantaba unido por los hijos. Ya está bien, hay que agitar ese avispero. Mejor que Haley siga su camino lejos de los Steelers, y pongamos un nuevo coordinador ofensivo que remueva los cimientos del ataque. Quizá la situación no sea de franca disputa como antaño, pero está claro que hemos acertado, viendo la falta de sintonía entre Big Ben y Randy Fichtner.

 

No obstante, nada tan efectivo para enfadar a un QB como buscarle un sustituto en una ronda alta del draft. Aunque hubo que dar picks a cambio, subir por Rudolph fue un absoluto acierto, viendo la reacción de Ben por su elección. Sus posteriores declaraciones afirmando que no le enseñaría nada, sólo corroboran el éxito de nuestro astuto plan desestabilizador. En su afán por demostrar que aún le quedan varios años más en el ataque, se esforzará en pasar tanto como le sea posible, desequilibrando de esta manera la ofensiva, lo que resulta genial para lo que perseguimos.

 

 

Paso 4: Ignore repetidamente a su receptor estrella, Antonio Brown

Cuando un jugador llega a la concentración veraniega de los Steelers en helicóptero, ya nos da pistas de ser un jugador especial. Si además es un ex-participante del concurso “dancing with the stars”, ya tenemos la confirmación definitiva de su autoafirmación como estrella. A todo esto sumamos un ego tal vez, digo tal vez, un poco por encima de lo normal, como demuestra el hecho de que sus cinco hijos (no todos de la misma mujer) tienen nombres que, como el suyo empiezan por “A”: Antonio Jr., Autonomy (sí, no culpéis al corrector ortográfico, se llama así), Ali, Apollo, y su hija Antanyiah.

 

Con estos antecedentes es, sin duda alguna, la figura ideal que con cualquier ligera ofensa, perturbe la tranquilidad del club. Y no hay mayor desprecio, en especial para alguien como él, que el de no hacer aprecio. Derivar el protagonismo ofensivo en otros jugadores, relegando su aportación y por tanto, menoscabando su relevancia en el equipo, y por consiguiente, en el planeta football. Sus salidas de tono sugiriendo veladamente un traspaso, sus enfrentamientos con la comunidad periodística vía redes sociales, confirman que hemos dado en el blanco. La justificación de la reducción del número de pases destinados a él, en base al conocimiento que de sus virtudes tienen los rivales, y que por tanto sea más productivo distribuir los lanzamientos hacia otros receptores, conforma la excusa ideal para mantenerle en un estado de irritación constante, imprescindible para nuestros fines de desmoronar la plantilla.

 

Para alguien con una personalidad tan arrolladora, hacerle compartir focos de atención con JuJu Smith-Schuster, Washington o incluso Switzer, es un golpe mortal para su moral, y por tanto, perfecto para nuestros intereses. No obstante, si con todo esto no llega para arruinar su temporada, hay algo que nunca falla: hagámosle portada del Madden.

 

 

Paso 5: Deje que el vestuario se le vaya de las manos

El control es nuestro enemigo. Para ello, nos viene muy bien tener un entrenador como Tomlin, cuya etapa al frente del equipo ha estado caracterizada por cierto desgobierno. Su excesiva permisividad ante escaladas verbales, la indisciplina continuada, o no tener claro si interpretar o no el himno, y dónde hacerlo, son un magnífico precedente para nuestras intenciones.

 

Pero de nada sirve este despropósito si no se traslada al terreno de juego. En este sentido, es altamente recomendable el incremento de las penalizaciones. Son lo mejor tanto para cortar prometedores drives ofensivos, como para permitir avanzar al contrario. Sobre todo, aquellas faltas provocadas por descoordinación entre los técnicos, como las múltiples señalizadas por 12 jugadores en el campo.

 

Ahondando en este tema, resulta fundamental la ineptitud de los entrenadores para desarrollar pass-rushers competentes, o una secundaria fiable. Pero no sólo hay que cargar a Keith Butler, el DC, con este peso. También al citado Fichtner hay que agradecer que del primer drive ofensivo de los cuatro partidos que llevamos hasta el momento, teóricamente los que más se entrenan, tres hayan acabado en sendos 3 y fuera, y el cuarto en turnover.

 

En definitiva, sin una aportación global de todos los estamentos, desde la directiva a los jugadores, pasando por los entrenadores, hubiera sido imposible pensar siquiera en la demolición de una franquicia tan histórica como los Steelers.

 

 

NOTA FINAL DEL AUTOR: Doy por sentado que el avezado lector habrá detectado que todo el artículo está tratado con ironía, con el único objetivo de presentar las causas que en mi opinión han originado la crisis de los Steelers, sin ningún ánimo de molestar a sus aficionados.

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