Jubilados, pero no olvidados

Amanece en la Plaza Mayor de la NFL. Con los primeros rayos de luz, la agitada glorieta comienza su actividad. Madres apresuradas arrastran a sus hijos llorosos y aún adormecidos hacia el colegio. Ejecutivos trajeados, siempre ajetreados, aceleran sus pasos entre furtivas miradas al reloj. Una joven enfundada en chándal de diseño, de camino de ida o de vuelta del gimnasio, recoge pesarosa los excrementos de su perro mientras el desahogado cánido menea su cola y ladra de satisfacción. Unos obreros recogen con pereza sus herramientas del camión, entre risas, humo de cigarrillos y comentarios sobre el trasero de la chica anterior. El “18” descarga su primera oleada de pasajeros mientras bosteza su conductor y una pareja se despide con un beso en las escaleras del autobús. El ecosistema natural del concurrido parque poco a poco recupera su normalidad habitual.

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Hunter Henry, el karma y el abuelo

Decía siempre mi abuelo que si las cosas podían ir mal, irían y si podían ir peor , pues empeorarían. Yo creía que era falso ya que a la gente le pasan cosas buenas. Él me comentaba que efectivamente tenía razón pero nunca terminaban de ir del todo bien. Todo día soleado termina por apagarse y todo cielo azul termina por nublarse. Todo esto tiene una simple justificación. El Universo tiende al desorden y el caos. Si encima le echas leña a este fuego, te queda una hoguera de dimensiones inmensas. Y así estamos…

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